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Política

La otra crónica del Rey en el Congreso. El embajador chino controla extintores, las acreditaciones ‘caducadas’ de Manuel Marín y los huevos para las Clarisas

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Se celebraban los 30 años de las primeras elecciones democráticas en nuestro país. El día amenazaba lluvia y sorpresas. Y no fallaron las previsiones. El acto tuvo que celebrarse en el interior del Palacio de las Cortes y hubo detalles para no aburrir, como el comisionado llegado de China que se quedó extasiado ante la etiqueta de un extintor del Congreso.

Este jueves el Congreso se vistió de gala. Se conmemoraba el XXX aniversario de las Elecciones de 1977 bajo la presidencia de los Reyes y el Príncipe de Asturias, y con la ausencia de la Princesa Letizia. El acto formal nació marcado por la polémica suscitada semanas atrás, cuando Manuel Marín intentó explicar que el programa incluía un discurso del Rey y algunas palabras del presidente del Gobierno, a lo que se opuso, entre otros, el grupo de IU. Allí estaba –por cierto- el líder de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, guardando cola como el más monárquico de todos. Eso sí, ausencias muy marcadas, como la de los ex presidentes de Gobierno, José María Aznar y Felipe González.

Anécdotas no faltaron. La más recurrente fue la del ex ministro de Defensa, Federico Trillo, que aludió a la falta de previsión del Presidente del Congreso de los Diputados por no haberle llevado aquella misma mañana los preceptivos huevos a las monjas Clarisas. Y la –suponemos preparada- contestación de Manuel Marín alegando que él había cumplido, desembolsando 80 euros para dos docenas de huevos que resultaron inútiles. Por una vez, el hombre del tiempo no falló.

En fin, el tiempo es así”, comentó el político socialista resignado. Sin embargo, algunos de los presentes comentaron con cierto enojo que en su mano sí estaba evitar la fecha que aparecía en algunas acreditaciones oficiales del acto, donde estaba impreso extrañamente el año 2006.

La nota de color llegó de la mano del embajador chino en España, Qiu Xiaoqi, que desfiló por la alfombra roja que había sido colocada con tanta dificultad el día anterior por los operarios, por culpa del viento que se levantó y los numerosos periodistas y políticos que no dejaban de pasar de aquí para allá. Xiaoqi recorrió el largo con la parsimonia de quien domina la situación… y acabó interesándose por las instrucciones del extintor de uno de los pasillos de la Cámara Baja. Como si se tratase de un documento histórico para no perderse.

Los afectados, como siempre, fueron los ciudadanos que la noche anterior descubrieron que sus coches aparcados en las inmediaciones habían sido retirados por las grúas municipales. Por aquello, dicen, de la seguridad. Al día siguiente, tampoco podían cruzar las calles aledañas, debidamente custodiadas por los agentes de la Policía Nacional, que pedían acreditaciones y carnés de prensa hasta a los comensales que se acercaron a los restaurantes cercanos.

Los agentes y los perros fueron los que más trabajaron, ya que los móviles se declararon en huelga tras una masiva concentración de inhibidores de frecuencia. Por eso que llaman la seguridad nacional. Entre bastidores se comentaba la posibilidad de un atentado de la banda terrorista ETA en fecha tan señalada.

Y la frase para la reflexión la pronunció Alfonso Guerra, que lanzó todo un aviso para navegantes de derechas y de izquierdas: “la diferencia de los políticos de antes a los de ahora es que, en aquella época, todos tenían muy claro que era necesario el acuerdo en todo aquello que fuera fundamental”.