Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Política

La clave de la ruptura del Tripartito en Barcelona está en dos desplantes de Jordi Hereu a ERC en plena precampaña con el Castillo de Montjuic y el ‘bicing’

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Las encuestas vaticinaban un ascenso de uno o dos concejales para ERC. Pero con el recuento llegó el desencanto y el deseo de ajustar las cuentas: Jordi Hereu se había apropiado de la transferencia del Castillo de Montjuic y de la propuesta del bicing en Barcelona. Ahora, Esquerra apoyará la investidura del socialista, pero lo dejará caminar en minoría el resto de legislatura como castigo.

Según ha podido saber El Confidencial Digital, los líderes de Esquerra consideran que Jordi Hereu no respetó las reglas de juego establecidas para sellar su alianza en el Ayuntamiento de Barcelona. En Esquerra no recibieron bien que el socialista decidiera atribuirse un papel protagonista para sacar adelante “temas” con claro sello republicano.

Este capítulo de agravios aparece claramente encabezado por la visita del ahora alcalde en funciones a Moncloa en plena precampaña, “para que Zapatero le confirmara la transferencia de la titularidad del Castillo de Montjuïc al Ayuntamiento de Barcelona”. En ese momento, en el Congreso se tramitaba una ley para transferir el Castillo a iniciativa del tripartito. Y Hereu decidió caminar en solitario y apuntarse ese tanto de cara a la galería y a su electorado. “Un tanto –recuerdan las mismas fuentes- que había sido una de las demandas del Grupo parlamentario de Esquerra en el Congreso para apoyar la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero”.

Esta jugada se completó con otro golpe de efecto en Barcelona. Jordi Hereu presentó el ‘bicing’, un sistema municipal de alquiler de bicicletas para la ciudad, aprovechando que Jordi Portabella estaba de viaje oficial en Asia. Y Portabella había sido el cerebro de esta iniciativa que llevaba barruntando desde que fuera el presidente de la comisión municipal de la bicicleta y el peatón en el anterior gobierno.

Tras las elecciones, Jordi Portabella sopesó las ventajas de marcar distancias con su aliado en el consistorio tras ocho años de apoyo. Portabella perdió 40.000 votos y un concejal el 27-M con lo que empataba con los ICV, aunque este último vencía en número de votos. De reeditarse el tripartito, la primera tenencia de alcalde sería para ICV y Portabella iba a perder terreno. Y así fue cómo un día después de las elecciones, consultó con la ejecutiva del partido una posible ruptura que respaldó la decisión casi por unanimidad.

El análisis “postelectoral” les permitió concluir que los votantes no les habían renovado su apoyo porque los “percibían como un partido apalancado en el poder, un ejecutivo que había perdido sus objetivos”. Esto se debe, analizan estas fuentes, a que Hereu en los últimos meses se había atribuido como propias “decisiones de gobierno” en áreas controladas por Esquerra e Iniciativa.

Ahora, la duda que queda por despejar es si los resultados serán aprovechado por los sectores críticos para impulsar un cambio en el liderazgo del partido. No parece que este sea el cariz final que tomará la situación. Portabella, aseguran estas fuentes, seguirá controlando el grupo municipal del ayuntamiento de Barcelona, la federación del partido en la ciudad y, posiblemente, será el cabeza de lista para el Senado, un tema que se da por cerrado.

“Así tendrá más proyección mediática e influencia para recuperar el terreno perdido en Barcelona las próximas elecciones”, se apunta.