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Política

El “affaire” del aristocrático embajador de Londres coincide con una cruzada por “limpiar” de nobles la carrera diplomática

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La reciente polémica del aristócrata y socialista Carlos Miranda, embajador en Londres, por el supuesto “seguimiento” de José María Aznar en el Reino de Unido coincide curiosamente con una “cruzada” por cambiar la carrera diplomática que aboga, según promueve Melitón Cardona, por prescindir de los nobles y apellidos ilustres.

La reciente polémica del aristócrata y socialista Carlos Miranda, embajador en Londres, por el supuesto “seguimiento” de José María Aznar en el Reino de Unido coincide curiosamente con una “cruzada” por cambiar la carrera diplomática que aboga, según promueve Melitón Cardona, por prescindir de los nobles y apellidos ilustres. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha nombrado a Melitón Cardona comisionado para el estudio de la reforma del servicio diplomático. Dentro del propio departamento se habla de una “cruzada” más que de una reforma por el perfil que está tomando este proceso. Cardona se ha despachado ya en diversas ocasiones ante la prensa con unas encendidas declaraciones que abogan, precisamente, por el establecimiento de unas oposiciones para la carrera diplomática diseñadas según el espíritu que acaba de sancionar el último consejo de ministros al tratar las ofertas de empleo público: pruebas de selección basadas en test, admisión de otros funcionarios en el Cuerpo, aceptar personas con experiencia en el extranjero, etc. Además, Melitón Cardona se ha mostrado especialmente crítico con los diplomáticos de noble condición y grandes apellidos, que abundan en Exteriores. Esto está provocando un encendido debate interno que amenaza con derivar en un abierto enfrentamiento al comisionado y a su mentor. En Exteriores se escuchan ya comentarios del siguiente cariz: “No se entiende esta discriminación nobiliaria, como si ellos no hubiesen tenido que pasar la oposición”. “Lo que sorprende de toda esta ‘cruzada’ es que, luego, a la hora de la verdad, les entusiasman los marqueses (como Carlos Miranda, el embajador en Londres), pero siempre que sean de su cuerda”.