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Política

El protagonismo del secretario de Estado de Comunicación empieza a exasperar en La Moncloa y en algunos ministerios

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Hay quien ya echa de menos a su predecesor, Miguel Ángel Barroso. Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación, parece haberse convertido en fuente de discordia dentro del propio Gobierno. Se le echa en cara un exceso de protagonismo.

Hay quien ya echa de menos a su predecesor, Miguel Ángel Barroso. Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación, parece haberse convertido en fuente de discordia dentro del propio Gobierno. Se le echa en cara un exceso de protagonismo. Fernando Moraleda tiene enfadados a varios altos cargos del Ejecutivo. Según informaciones recogidas por El Confidencial Digital, consideran que “va excesivamente por libre” y que demuestra —dicen- un “protagonismo antropológico”. A Moraleda se le achaca, por ejemplo, la filtración al diario El País, a mediados de noviembre, de la intención de Rodríguez Zapatero de crear un nuevo “núcleo duro”, de Gobierno y partido, para contrarrestar el desgaste del Ejecutivo reflejado en las encuestas, atribuido a la impopularidad de la reforma del Estatuto de Cataluña. Este “soplo” causó no pocas suspicacias en Moncloa. Otro ejemplo reciente de la “liberalidad” del secretario de Estado fue la rueda de prensa que convocó Moraleda al día siguiente de conocerse el fallo del Tribunal de Defensa de la Competencia contra la OPA de Gas Natural sobre Endesa. En algunos sectores de La Moncloa sentó como un tiro esa intervención, considerada precipitada puesto que el tribunal ni siquiera había remitido su dictamen al Gobierno. Otro de los reproches que se le formulan es que, cuando hay que hacer público algún tema relevante, que afecta a alguna persona de Moncloa que compite con él en protagonismo, suele pedir que sea el ministerio de turno el que se presente ante la prensa explicando el asunto. Pasó hace muy pocos días, con un alto cargo cercano a Zapatero. Desde la secretaría de Estado de Comunicación se hizo la pertinente llamada a un Ministerio, para que desde allí presentaran a la opinión pública unos datos. Desde este Departamento se les respondió con una negativa, pero sugiriendo que el compareciente fuera uno de los asesores del Presidente. Desde la secretaría de Estado se les respondió que eso era precisamente lo que se pretendía evitar. Ahora, cuando en círculos reservados de algún ministerio se pregunta si no hay nadie que monitorice el trabajo de Moraleda, la respuesta suele ser del siguiente tenor: “No. Él no pide permiso a nadie. Va por libre y Zapatero le deja hacer”.