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Religión

Desde la llegada de Benedicto XVI, el Vaticano ha extremado la reserva informativa: no se filtra nada

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La llegada de Benedicto XVI a la sede de Pedro ha provocado un efecto colateral que los periodistas de Roma destacan: se ha producido un auténtico cierre informativo.

La llegada de Benedicto XVI a la sede de Pedro ha provocado un efecto colateral que los periodistas de Roma destacan: se ha producido un auténtico cierre informativo. Según los informadores acreditados ante la Santa Sede, desde que el entonces cardenal Rátzinger fue elegido Papa, los usos informativos han cambiado bastante, y en estos momentos la información es muy reducida. No solamente para los profesionales, sino también incluso para los propios cardenales. Ejemplos de ese silencio férreo son la reforma del Curia vaticana, de la que se ha hablado mucho, que es segura, pero de la que se conoce muy poco. Y lo mismo en cuanto a un próximo consistorio para la designación de nuevos cardenales, en el que —por cierto- se da como seguro el nombramiento de un arzobispo español. Una muestra de esa cautela informativa se ha comprobado con la encíclica, “Deus Charitas Est”. En contra de prácticas anteriores, cuando se entregaba el texto a los medios con bastante antelación, para que los pudieran estudiar y preparar la publicación, esta vez se pasó a los periodistas sólo tres horas antes de la presentación oficial. Al mismo tiempo, en determinados medios han empezado a publicarse informaciones “menos controladas”. Por ejemplo, Times ha apuntado que el Papa nombrará cardenal a un pastor anglicano, de 80 años, que se convirtió al catolicismo. Y en esa revista se ha podido leer la “noticia” de que la Santa Sede puede estudiar una “recuperación” de la figura del traidor Judas.