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Religión

Benedicto XVI favorecerá la misa en latín como una estrategia para unir a los cristianos frente al avance del Islam

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La decisión del Papa ha sido largamente meditada y forma parte de una estrategia que quiere acercar primero y unir después a las Iglesias Católica y Ortodoxa frente al avance que está protagonizando el Islam por la inmigración

El 20 de abril de 2005, Benedicto XVI celebró la primera misa de su Pontificado en la Capilla Sixtina junto a los 114 cardenales que le eligieron como pontífice número 265 de la Iglesia Católica y pronunció la homilía en latín. En agosto, permitió a unos sacerdotes franceses que celebraran la tradicional misa en latín. Son dos detalles de un pensado y meditado plan para intentar la unión de la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas.   Expertos eclesiásticos consultados por El Confidencial Digital aseguran que, con esta decisión, el Santo Padre quiere potenciar una “lengua común” para conseguir el acercamiento a los ortodoxos, uno de los objetivos de su pontificado. La recuperación del latín plantaría cara a un Islam muy activo y beligerante con la Unión Europea y que crece cada día por el fenómeno de la inmigración.   La supresión de la misa en latín (misa tridentina) fue una decisión del Concilio Vaticano II (1962-1965), cuando la Iglesia quiso hacer la liturgia más comprensiva a sus fieles, precisamente cuando se estaba notando una disminución de su asistencia a los actos de culto. Se permitió entonces el oficio en “lenguas vulgares”.   La estrategia de Benedicto XVI pasa también, según los analistas consultados, por atraer al sector más tradicionalista de la Iglesia, los lefebvristas, seguidores del obispo cismático Marcel Lefebvre y excomulgados por Juan Pablo II. Aunque el Santo Padre parece no haber consultado esta decisión con sus cardenales sí que les hizo llegar a mediados de año su interés por acercarse a los tradicionalistas.   El fin último de este plan meditado por el Papa sería, como decimos, la unión del Cristianismo entre Oriente y Occidente para que pueda convivir desde una posición de fuerza con el Islam en Europa, religión que está creciendo de la mano de millones de inmigrantes procedentes del Magreb, África subsahariana y Asia.