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Religión

Peces-Barba calificó en su tesis doctoral de “autoritarios” a los Estados que reducen a la Iglesia al ámbito de lo privado

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En los años setenta, Gregorio Peces-Barba, promotor de la cátedra de laicidad de la Universidad Carlos III de la que es rector, defendió su tesis doctoral sobre el pensador francés, Jacques Maritain. En sintonía con el filósofo y glosando su pensamiento, Peces-Barba sostenía que son los “Estados autoritarios” los que pretenden encerrar a la Iglesia dentro de los templos.

En los años setenta, Gregorio Peces-Barba, promotor de la cátedra de laicidad de la Universidad Carlos III de la que es rector, defendió su tesis doctoral sobre el pensador francés, Jacques Maritain. En sintonía con el filósofo y glosando su pensamiento, Peces-Barba sostenía que son los “Estados autoritarios” los que pretenden encerrar a la Iglesia dentro de los templos. El ex—Presidente de las Cortes, Gregorio Peces-Barba, es rector “perpetuo” de la Universidad Carlos III de Madrid, catedrático de Filosofía del Derecho e impulsor de la Cátedra de Laicidad y Libertades Públicas Fernando de los Ríos de dicho centro. Un político que ha entrado en posiciones de radicalidad contra la Iglesia, a pesar de su pasado “cristiano”, cuando en el PSOE era incluido dentro del grupo de los “vaticanistas”. De hecho, en el trabajo que le mereció hace treinta años el título de doctor y que publicó tiempo después bajo el título “Persona, sociedad y estado”, Peces Barba desgrana la filosofía política de Jean Jacques Maritain, pensador francés al que muchos consideran el ideólogo de los partidos demócrata-cristianos. En esta obra, Peces-Barba analiza, siguiendo el pensamiento de Maritain, cuestiones como las raíces evangélicas de la democracia y los derechos humanos, y cuáles deben ser las relaciones óptimas entre la Iglesia y la sociedad política. En el capítulo dedicado a la cooperación Iglesia-Estado se pueden leer afirmaciones como la siguiente: “Los Estados autoritarios pretenden reducir a la Iglesia a las prácticas litúrgicas dentro de los templos, para evitar esa tarea de desalienación y de toma de conciencia de la dignidad humana que la Iglesia puede realizar en colaboración con el Estado auténticamente democrático”. Igualmente se afirma que el Estado debe defender la libertad de las Iglesias y su inserción en la vida civil porque la colaboración entre Iglesia y sociedad política es una barrera contra la opresión. Aunque ambas realidades son independientes, decía Peces-Barba, el Estado no debe quedar reducido a la inacción en materia moral o religiosa.

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