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Cómo está Felipe de Borbón, al cumplir los cuarenta años

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El heredero del Trono celebra este 30 de enero su cumpleaños número 40. Una fecha redonda, que sin embargo no tendrá demasiado ruido externo.

En La Zarzuela, el cumpleaños del Príncipe Felipe ha venido marcado por la tensión entre dos posibilidades contrarias. La primera, la tradición de la familia de que tales fechas no tengan especiales celebraciones hacia fuera. Los Borbón de España no se caracterizan por los festejos ampulosos, más propios de otras Cortes.

Además, la cercanía del 70 cumpleaños de don Juan Carlos, y el gran eco que tuvo, aconsejaban no organizar nada que “compitiera” con esa conmemoración tan singular.

La otra línea de estudio tiene que ver con que no parecía lógico que no se hiciera absolutamente nada, tratándose de un aniversario tan redondo. Además, en La Zarzuela habían recibido multitud de solicitudes. La prueba es que los 40 años del Príncipe han merecido programas especiales en Antena 3, en Telemadrid; suplementos casi monográficos, como en El Mundo; páginas especiales, como en Hola, El País, La Voz de Galicia…

El documental de televisión

La decisión final ha sido: no habrá celebración como tal, pero sí se intentará algún gesto de presencia ante los españoles. En cuanto a los actos, en La Zarzuela dudan incluso de que el Príncipe vaya a reunirse el día 30, como se ha publicado, con sus amigos más íntimos para celebrarlo.

Y la “presencia” ante los españoles se ha solventado con la elaboración de un trabajo periodístico a cargo de Efe Televisión, que ha sido puesto a disposición de todas las cadenas. Alguna, como Televisión Española, confeccionó con ese material un programa monográfico.

Ese documental “oficial” ha tenido como novedad, un enfoque distinto. Ha presentado al Príncipe y su familia como un grupo de personas cercano, próximo, casi normal. Se les ha visto en “su casa”, en la intimidad del hogar, que muy pocas veces ha podido verse, y en escenas familiares inéditas.

¿Cómo se siente el Príncipe?

Lo que se ha contemplado, ha tenido un impacto popular evidente. Las escenas de la familia en el jardín de cada, con la Infanta Leonor en su triciclo y la pequeña Sofía en el cochecito, y después los cuatro en torno a una mesa y leyendo cuentos, ha incrementado la buena imagen de todos ellos. Así se ha percibido, al menos, en La Zarzuela.

¿Cómo se siente, a los 40 años, el Príncipe? El día que anunció su compromiso con Letizia Ortiz, ante los ojos de la opinión pública apareció un Felipe de Borbón “nuevo”, no conocido al menos por quienes no estaban en su círculo familiar y de amistades más cercanas.

Se visualizó un Príncipe maduro, alegre, seguro de sí, tranquilo y feliz. Ya era así, pero no se había visto. Y esas cualidades se han implementado desde entonces, con la boda, el nacimiento de la Infanta Leonor y ahora con la venida del mundo de la Infanta Sofía.

Un Príncipe seguro

Felipe de Borbón es un príncipe seguro. Le da más aplomo, para empezar, la tranquilidad de saber que ha cumplido ya, y por partida doble, el primer deber de todo heredero: asegurar la descendencia. Esa tarea está cubierta.

Es un Príncipe seguro porque tiene detrás una completísima formación. Académica primero, incluyendo un difícil master en asuntos internacionales. De ejercicio después. El “rodaje” que está realizando, presidiendo actos y seminarios, pronunciando discursos, escuchando, visitando, resulta impagable.

Se siente también seguro porque conoce sus capacidades y por su propio carácter. Es trabajador, responsable, esforzado, cercano.

Y seguro porque, por si fuera poco, ha tenido y tiene un maestro imponente, un tutor que se ha encargado de desvelarle los secretos del cargo, con lecciones prácticas como aquella noche del 23-F cuando pudo contemplar a su padre desmontando un golpe de Estado. Esa clase práctica la han cursado muy escasas personas.

Tándem con Letizia Ortiz

Cuando dio a conocer su voluntad de casarse con la periodista Letizia Ortiz, un argumento que ofreció para que saliera adelante fue que se fiaran de él y de la elección que hacía. Pidió un voto de confianza y los hechos le han dado la razón. Las cosas están saliendo bastante bien.

En la seguridad que muestra hoy don Felipe tiene parte importante precisamente la compañía y la complicidad de su esposa. Se puede decir que ambos forman un tándem, un equipo. Que recuerda mucho al que formaron don Juan Carlos y doña Sofía antes de convertirse en príncipes, es decir, “cuando no eran nadie”, en palabras de doña Sofía.

Algunos insisten en la influencia de la Princesa sobre su marido. Quienes están en su entorno más próximo minimizan tal circunstancia. Al menos en lo que se refiere a la proyección pública de don Felipe, a sus actividades, a su plan de trabajo y a sus planteamientos. Porque estaban marcados desde muchos antes, desde 1996, cuando terminó el máster en los Estados Unidos. Y no han variado.

Un nuevo escenario en España

A Felipe de Borbón le han dolido mucho, le han indignado, episodios como la caricatura de la revista El Jueves. Y con razón.

Un suceso así es reflejo del nuevo escenario que se adivina para la Monarquía. Hasta hace pocos años, mereció una protección singular, por lo mismo que este país acababa de estrenar democracia, todavía faltaba que madurara, y la Corona era un factor destacado de estabilidad. Por eso se la mantuvo al resguardo.

Han pasado los años, parece que el sistema político es más fuerte, y que, por así decirlo, la criatura puede ya salir a la intemperie. Algunas barreras han desaparecido. Y, además, el republicanismo, hasta hace poco casi en la catacumba, ha salido a la luz, con la novedad de que hay partidos republicanos que incluso gobiernan, como sucede en Cataluña con Esquerra, que es además apoyo parlamentario al Gobierno en Madrid.

La sucesión

Precisamente ese distinto clima ha llevado a algunos a plantearse dos incógnitas. ¿Llegará algún día a reinar Felipe de Borbón? ¿Si alcanza al Trono, se mantendrá en él? Que llegará al Trono, hoy por hoy no tiene la menor duda. Y su continuidad no ofrecerá dificultad, si los comportamientos son los adecuados y se atienda a la ejemplaridad básica que se debe reclamar.

En el caso de Felipe de Borbón, por el concepto que tiene de la Corona y por su propio carácter, no habrá problemas.

El 9 de enero, en la cena de homenaje a don Juan Carlos, el Príncipe pronunció un singular discurso, escrito por él mismo, en la soledad de su condición de hijo y heredero. Y como tal habló. De modo inusual, utilizó un tono cercano, familiar, casi de intimidad, al referir detalles personales de su padre, desde la facilidad para romper esquemas hasta ese andar suyo ahora más lento, pasando por la confidencia de que en casa le llaman “patrón”.

Pero, además, visualizó la sujeción del heredero a quien es cabeza de la Dinastía, de quien destacó que mantiene las fuerzas íntegras para seguir manejando el timón de España. Esa intervención ha servido para frenar comentarios sobre la inminencia (alguno hasta ha proclamado la necesidad) de una abdicación de don Juan Carlos. Su hijo dejó claro que el “patrón” sigue con pleno vigor y se mantiene al frente de la nave.

Asuntos pendientes

De todas formas, ésta va a ser la década definitiva. En estos diez años tendrán que clarificarse las cosas, porque no hay que imaginar un Felipe de Borbón sesentón y todavía esperando que le den el relevo. Y su padre le pasará los trastos en las mejores condiciones. Entre otras cosas, porque la culminación definitiva de la exitosa peripecia que ha vivido don Juan Carlos, su paso a la historia, reclama una tranquila y sólida sucesión.

Mientras llega ese horizonte de la sucesión, hay algunos asuntos pendientes que quizá sería el momento de abordar. Para Felipe de Borbón y para quien un día le suceda. Uno de los vacíos es que la figura, estatus y papel del Príncipe están sin regular, y puede ser conveniente ponerse a ello.

Hablábamos de una posible abdicación. Si se decidiera, tal coyuntura no es, ni mucho menos inmediata, porque tampoco está regulado el procedimiento. Dice el artículo 57.5 de la Constitución que las abdicaciones y renuncias “se resolverán por una Ley Orgánica”. Esa ley no existe. Desde que se decida ponerla en marcha, se tardarán, como poco, dos o tres años. Pero es que el asunto no está ni planteado.