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¿Quién manda de verdad en el PSOE?

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Los resultados de las elecciones generales del 20 de diciembre han dejado la decisión de quién gobernará España en los próximos cuatro años en manos del PSOE. Los socialistas se encuentran en la disyuntiva de elegir entre la espada de permitir un ejecutivo del PP en una “gran coalición constitucionalista” con Ciudadanos y la pared de llegar a la Moncloa con Podemos y los nacionalistas. Las posiciones de Pedro Sánchez y de los barones territoriales divergen y de ahí ha surgido una pregunta: ¿Quién manda de verdad dentro del Partido Socialista?

Pedro Sánchez, con los presidentes autonómicos del PSOE. Pedro Sánchez, con los presidentes autonómicos del PSOE.

El mes que ha transcurrido desde el 20-D ha permitido contemplar el desarrollo de una pugna, de un pulso a veces soterrado pero también público, entre el secretario general del PSOE y el Comité Federal. Este es el máximo órgano del partido entre congresos y en él se sientan los líderes territoriales y representantes de las distintas federaciones de toda España.

Una semana después de las elecciones, el Comité Federal se reunió en la sede madrileña de la calle Ferraz y aprobó una resolución casi unánime en la que se fijó la estrategia postelectoral. “Si Rajoy y el PP fracasan en su intento de formar Gobierno, el PSOE actuará como primer partido del cambio en aras del interés general y con sentido común y responsabilidad”, acordaron los más de cien dirigentes socialistas que componen este órgano, que también establecieron como líneas rojas que los partidos con los que podría acordar renunciaran a “la autodeterminación, el separatismo y las consultas” sobre la independencia de alguna parte de España.

Días antes, la andaluza Susana Díaz había remarcado públicamente que “la política de pactos se decide en el Comité Federal”. Díaz está considerada como la “baronesa” con más peso interno dentro del partido, y sus palabras a lo largo de estas semanas han insistido en que los socialistas no pueden pactar con formaciones que defiendan la celebración de referendos de secesión, en clara referencia a Podemos.

Todo se aceleró el pasado viernes 22 de enero. Pablo Iglesias compareció tras su audiencia con el rey Felipe en Zarzuela y anunció por sorpresa su oferta al PSOE: proponía un gobierno de coalición de socialistas, Podemos e Izquierda Unida en el que Pedro Sánchez sería presidente, pero el mismo Iglesias se postulaba como vicepresidente y pedía ministerios clave como Exteriores, Defensa e Interior para Podemos.

De inmediato Pedro Sánchez recogió el guante y quedó en hablar con Pablo Iglesias. Algunos barones regionales mostraron su inquietud y se fijó la fecha del Comité Federal para el sábado 30 de enero, pero se fueron cruzando declaraciones contradictorias.

César Luena, secretario de Organización y ‘número dos’ dijo que “no es necesario” que este órgano ratifique un hipotético pacto al que llegue Pedro Sánchez para ser investido presidente del Gobierno. El motivo es que el Comité Federal ya había aprobado las directrices de la negociación, por lo que no se requería un control posterior.

Esto provocó revuelo dentro del partido, por lo que horas después el secretario general salió a rectificar a su mano derecha y se comprometió a someter a decisión de su partido el contenido de los acuerdos que llegue a alcanzar.

Secretario general vs. Comité Federal

Se trata de la pugna “eterna” que existe dentro del PSOE, un partido que se define como federal y en el que sus líderes autonómicos tienen tanta influencia interna: si las decisiones las debe tomar el secretario general, que además ha sido elegido en primarias -o, en todo caso, su Comisión Ejecutiva- o el Comité Federal, un órgano muy amplio pero que se reúne con poca frecuencia.

Los estatutos del Partido Socialista definen las competencias tanto del Comité Federal como de la Comisión Ejecutiva Federal (CEF) y del secretario general:

-- “Es competencia del Comité Federal determinar la política de alianzas del Partido y dirimir las discrepancias entre las Federaciones y la CEF en esta materia”, establece el artículo 36 de los estatutos del PSOE.

-- Para la Ejecutiva reserva “las relaciones con otros grupos políticos y sociales españoles”

-- El papel del secretario general está menos definido y es más general: “Coordina la política y estrategia del Partido. Es el portavoz cualificado de la Comisión Ejecutiva Federal. Ostenta la representación política del Partido. Coordina los trabajos de la Comisión Ejecutiva Federal”.

-- Por encima se encuentra la figura del presidente del partido, que ahora es Micaela Navarro: andaluza, un signo más del poder que esta federación tiene entre los socialistas. Su papel, sobre todo en momentos de división como este, es mediar

Aunque en los últimos tiempos todos los partidos pretenden dar mayor imagen de democracia interna, al mismo tiempo se reclaman liderazgos fuertes. Además, en el PSOE y en el caso de Pedro Sánchez chocan dos argumentos contrapuestos.

El apoyo de los militantes o el de los barones

Por un lado, el actual secretario general llegó al cargo por primera vez gracias al voto directo de los militantes: no fue elegido en un congreso por delegados de las agrupaciones, sino en primarias en las que los afiliados pudieron elegir entre Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias.

Al mismo tiempo, no hay que olvidar que en buena medida Sánchez ganó esas primarias gracias al apoyo de los barones, y sobre todo de Susana Díaz. Si Eduardo Madina fue el candidato del Rubalcaba y de la dirección federal de Ferraz que había en 2014, barones de las federaciones más importantes como Díaz (Andalucía), Ximo Puig (Comunidad Valenciana), Tomás Gómez (Madrid) y Javier Lambán (Aragón) lanzaron y respaldaron a Pedro Sánchez.

Eso ha provocado que en parte se haya visto a Pedro Sánchez como un líder “hipotecado” por los líderes territoriales. Aún así, en los últimos tiempos Susana Díaz ha pasado de ser la principal valedora de Sánchez a su crítica y rival interna más importante: no han sido pocas las veces en las que la presidenta de la Junta de Andalucía se ha desmarcado públicamente del secretario general e incluso le ha desautorizado.

La amenaza de que Susana Díaz de el salto a Madrid y trate de hacerse con el liderazgo nacional del PSOE ha pendido durante todo el mandato de Pedro Sánchez. A ello hay que sumarle su poder interno.

La “baronesa” andaluza dirige la federación más grande, con más militantes y delegados; tiene numerosos representantes andaluces y afines en el Comité Federal, que decidirá los pactos; 22 de los 90 diputados del Congreso son andaluces, es decir, el 25% del total de representantes que tendría que apoyar la investidura de Pedro Sánchez.

Por otro lado, Díaz sigue teniendo como aliados a otros muchos barones regionales, aunque éstos se muestran más predispuestos a pactar con Podemos ya que ellos mismos (Puig en Valencia, García-Page en Castilla-La Mancha, Lambán en Aragón...) gobiernan en sus comunidades gracias al partido de Pablo Iglesias. A ello hay que añadir que la líder del PSOE de Andalucía cuenta con las simpatías de muchos grandes empresarios, que la ven como una mujer con un gran sentido de Estado.

Un poder repartido

En la semana previa al Comité Federal, Pedro Sánchez se ha trabajado el apoyo de los dirigentes territorialesEl Confidencial Digital ya contó que el secretario general estaba en contacto permanente con los líderes autonómicos del partido para testar su opinión.

Por su lado, el presidente de Asturias ha tratado de tender puentes entre las posturas más enfrentadas para evitar una “guerra civil” en el PSOE a las puertas de una negociación decisiva para el partido. Javier Fernández ha tratado de hacer de pacificador, sobre todo respecto a Susana Díaz y a “históricos” con peso en el partido como el ex presidente Felipe González y José Bono.

Las próximas semanas y meses demostrarán quién manda en el PSOE. Desde el partido que se ha ofrecido a los socialistas para gobernar España se ha lanzado la duda: “Tengo la impresión de que mandas poco, en tu partido mandan otros”, le soltó Pablo Iglesias a Pedro Sánchez en el debate preelectoral a cuatro, mientras que al anunciar su propuesta de gobierno de coalición el líder de Podemos remarcó que ahora el candidato del PSOE “tiene la oportunidad de demostrar quién manda en el PSOE”.

De lo que caben pocas dudas es que Pedro Sánchez necesitará el apoyo de los barones para cerrar los acuerdos para llegar a la Moncloa. El poder en el PSOE sigue estando repartido entre los dirigentes terroriales que se reúnen precisamente en el Comité Federal, y entre los que destaca Andalucía y actualmente Susana Díaz. Cualquier decisión de calado como es esta necesitará el respaldo de la federación andaluza, o si no una práctica unanimidad del resto de barones del Partido Socialista.

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