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¿Por qué sigue vivo el Belén en la tradición española?

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A tan sólo unos días de Navidad, a muchos les asalta la duda: ¿debemos seguir guardándole su sitio en el portal a la mula y al buey? Benedicto XVI ha asegurado que no había animales en el nacimiento de Jesús, pero belenistas de toda España tienen claro que no van a retirar esas figuras. Analizamos las razones por las que montar el Belén sigue siendo una de las costumbres más entrañables de los españoles.

La tradición manda que el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, en los hogares españoles se empiece a colocar el Belén navideño. No sólo se ven representaciones del Nacimiento en casas particulares: iglesias, escaparates, centros cívicos o colegios también ofrecen sus propios belenes, vivientes o artesanales. Pero, ¿qué figuras tienen que figurar en estas representaciones?

Según los expertos consultados por El Confidencial Digital, la tríada que forman la Virgen María, San José y el Niño es "lo único intocable" a la hora de hacer una representación belenística. En palabras del doctor en Sociología Alejandro Navas, de la Universidad de Navarra, "el Tercer Misterio, el del Nacimiento de Jesús, es el núcleo básico e invariable de un belén"; el resto de elementos "dan de sí todo lo que imagine el arte popular" en cuanto a escenas, materiales y colorido.

Ese "abanico de posibilidades" para hacer una representación es precisamente uno de los motivos por los que la tradición belenista en España "está en uno de sus mejores momentos", según el profesor Navas. Muchas veces los belenes se enriquecen con aportaciones muy distintivas de cada zona, "desde vestidos y oficios de la región a personajes propios, como el caganer catalán", añade.

Un ritual con profundas raíces

Estamos ante una costumbre muy arraigada que "cada vez tiene más adeptos y asociaciones dedicadas a promocionarla". Es el caso de la entidad que preside Íñigo Bastida, la Asociación Española de Belenistas, que habla incluso de un "turismo de belenes cada vez mayor" y con un gran potencial económico.

Bastida indica que las zonas con mayor profusión y calidad de representaciones son Andalucía –en especial, Cádiz–, Navarra, Madrid y Cataluña, donde se concentra casi toda la industria artística del sector.

Algo que sí preocupa a los entendidos es la desaparición paulatina de los artesanos dedicados a diseñar pieza por pieza los belenes. Tradicionalmente, España ha sido cuna de los mejores manufactureros, algo que también se aprecia en los altos precios que pueden alcanzar las figuras clásicas. Según Bastida, en trabajos de barro, se suele calcular el precio respecto al tamaño: cada efigie suele pagarse a "un precio medio de 10 euros por centímetro".

Sí habrá una mula y un buey

En su último libro, 'La infancia de Jesús', el Papa Benedicto XVI asevera que en la Biblia no se detalla que hubiera animales en el pesebre en el nacimiento de Jesús. En concreto, el Pontífice cita los evangelios de Lucas y Mateo, en los que efectivamente no hay mención a los rumiantes, pero esa puntualización no ha sido recibida como una "orden estricta" por la cristiandad, sino como una "sugerencia".

De hecho, los especialistas aducen que "muchas de las escenas que se recrean en un belén no son un reflejo exacto del Evangelio". Como ejemplos, Bastida cita la Anunciación a los pastores, la llegada de los Reyes Magos o la matanza de los Santos Inocentes, que se pueden observar en muchos belenes.

En concreto, la presencia de animales en el portal se extrae de los evangelios apócrifos y de lo escrito por el profeta Isaías: "Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne" (Is 1,3).

Breve historia de los belenes

La iconografía sobre la natividad de Cristo es una tradición transversal, presente en todas las clases sociales desde que San Francisco de Asís hiciese una primera representación viviente, en 1223.

Con la expansión del movimiento franciscano y –en el caso español– la influencia de Carlos VII de Nápoles, y esta costumbre se instauró rápidamente en gran parte de América y Europa. La excepción está en los países anglosajones y nórdicos, más afines con los árboles de Navidad.

En definitiva, ¿hay que retirar del portal a la mula y al buey? La opinión mayoritaria es que no. El modelo tradicional del portal navideño está a salvo. Y por muchos años.

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