Miércoles 07/12/2016. Actualizado 12:04h

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Ecos internacionales del 12-O: Anxo Quintana, la bandera española y el PP argentino; el ‘vacío’ en la embajada en Cuba y ‘Trini’ al mando

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Casi todos los 12 de Octubre tienen su anecdotario porque la celebración del antiguamente llamado Día de la Raza no sólo transcurre en la Castellana sino en todo el mundo. Es, por ejemplo, el día grande de fiesta en las embajadas.

Y ese día grande fue un poco luctuoso para Carlos Alonso Zaldívar, embajador de España en La Habana, diplomático, ingeniero y –todo hay que decirlo- más que simpatizante del comunismo años atrás. El embajador refirió a Madrid su contento por el discurrir magnífico de la fiesta cuando ninguno de los muchos ministros de la dictadura cubana pasó por los salones de la suntuosa embajada de España. A cambio, fue algún viceministro, equivalente más o menos exacto de los secretarios de Estado españoles.   La no asistencia de los ministros es un rasgo negativo destacable, pese a los esfuerzos del embajador por comerciar la fiesta como un éxito. Hay quien sospecha de alguna represalia por el nombramiento de Trinidad Jiménez como secretaria de Estado para Iberoamérica: no en vano, Jiménez hizo en el pasado declaraciones poco o nada amables sobre el régimen castrista y su contraparte Hugo Chávez.   La miga de este asunto tiene que ver con que –al contrario de lo que se ha dicho-, Trinidad Jiménez sólo aceptó su puesto con la condición explícita de encargarse también de puntos calientes como Cuba, Venezuela o Bolivia. Para estos países es una persona menos grata que Bernardino León, dispuesto –como bien sabe el Grupo Risa- a ser bien generoso con aquellos gobiernos.   Por otra parte, el vicepresidente de la Xunta de Galicia, el nacionalista Anxo Quintana, pasó por Buenos Aires como es habitual desde hace muchos años en los políticos gallegos, a reunirse con la nutrida comunidad gallega del país austral.   Según también se ha reseñado en diversos medios, Quintana exigió la retirada de las banderas de España de un acto, de modo que ondearan tan sólo la gallega y la argentina, dando lugar a la queja tanto del PP argentino como del PP gallego, ambos movidos, según Quintana, por la envidia producida en el PP al constatar que el contingente gallego de Argentina no sólo pertenece políticamente a los “populares”.