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Holanda reaviva el debate sobre el “suicidio asistido” en menores: en España se aplica la eutanasia pasiva en recién nacidos

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La eutanasia pasiva en recién nacidos con muy mal pronóstico se aplica en España, aunque no se prevé que a corto plazo se vaya a crear una regulación que legitime la eutanasia activa en menores. Algo que sí se está intentando en Holanda con el polémico protocolo de Groningen.

La eutanasia pasiva en recién nacidos con muy mal pronóstico se aplica en España, aunque no se prevé que a corto plazo se vaya a crear una regulación que legitime la eutanasia activa en menores. Algo que sí se está intentando en Holanda con el polémico protocolo de Groningen. Según han revelado a El Confidencial Digital diversos expertos en Pediatría, en hospitales españoles se están dando casos de bebés prematuros y recién nacidos con muy mal pronóstico a los que se les deja de aplicar una medicación que podría alargar unas vidas con secuelas irreversibles. Esta práctica es conocida como eutanasia pasiva. En España también se emplean los llamados “tratamientos paliativos”, que consisten en el uso de sedantes y analgésicos que alivian el dolor, pero pueden ocasionar el fallecimiento indirecto del paciente. La eutanasia pasiva sólo se aplica en recién nacidos o niños prematuros con muy mal pronóstico, por ejemplo, en bebés que sufren fuertes daños neurológicos, como una hemorragia cerebral, o que tienen graves problemas cardiacos o un intestino muy pequeño. En algunos de estos supuestos, se podría aplicar una medicación para alargar la vida de esos menores, pero los fármacos no evitarían las graves secuelas propias de cada enfermedad. Según aseguran fuentes pediátricas, ante esta situación hay médicos que, con el consentimiento de los padres, deciden no “poner los medios necesarios” y no suministrar medicación. En estos casos, el papel de los padres resulta determinante, pues son ellos los que deciden si se debe o no aplicar la eutanasia pasiva, tras valorar los criterios médicos. Los datos que maneja ECD revelan que según avanza la edad de los niños, los familiares se muestran más contrarios a dejar al paciente a suerte de la naturaleza, es decir, a no aplicar la medicación necesaria para prolongar su vida. Las Unidades de Cuidados Intensivos de algunos hospitales infantiles están poniendo en marcha algunos programas para acompañar a las familias de menores que fallecen. Esos programas de ayuda consisten en seguir un protocolo de llamadas periódicas y un seguimiento psicológico a los familiares. Pese a que en España existen casos de eutanasia pasiva, desde entornos médicos se insiste en que la creación de una legislación que permita la eutanasia en menores “todavía está muy lejos”. Sin embargo, en los últimos meses, el debate sobre la eutanasia en niños ha cobrado un nuevo impulso en España tras un artículo publicado en la revista de divulgación médica The New England Journal. Esa revista norteamericana recogió, el pasado mes de junio, un trabajo firmado por dos doctores holandeses de la Universidad de Groningen, Eduard Vegahen y Pete Sauer, autores del protocolo de que lleva el nombre de este centro universitario. En su artículo, Vegahen y Sauer explicaban los distintos pasos para llevar a cabo la eutanasia en menores con el consentimiento de los padres. Hay que recordar que en Holanda se aprobó la eutanasia en adultos en 2002. Ahora, en el controvertido protocolo de Groningen se establecen una serie de requerimientos necesarios para que el “suicidio asistido” se aplique también en menores. El pediatra español José Manuel Moreno Villares ha analizado en varios artículos las ideas del protocolo holandés. Según ha explicado este médico a ECD, el planteamiento de los estudiosos de Groningen peca de “simplismo”. A juicio de Moreno, Vegahen y Sauer “consideran el sufrimiento como el mayor de los males posibles” y no tienen en cuenta que el tratamiento del dolor es un deber “ineludible” de cualquier médico. Además, en el protocolo no se habla de otras alternativas, como los cuidados paliativos. Por otra parte, explica Moreno, hay un problema ético que tiene su origen en “la categorización de la vida”, esto es, en decidir qué vidas tienen sentido, sin esperar a que el menor sea un adulto con capacidad de decisión. En ese sentido, uno de los casos más polémicos es la aplicación de la eutanasia en recién nacidos con espina bífida, pues lo que algunos consideran como una ayuda al sufrimiento, otros lo ven como una fuerte discriminación.