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Rosa Regás rectifica y retira sus obras completas de la tienda de la Biblioteca Nacional; “buenas vibraciones” con la nueva gerente

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La Biblioteca Nacional no atraviesa un buen momento. A los malos resultados de gestión reconocidos por el Ministerio de Cultura, se añaden las críticas internas por los “caprichos personales” reclamados por su directora, la escritora Rosa Regás. Pero no todo es negativo: hay buenas vibraciones con la nueva gerente.

El pasado martes 10 de octubre, El Confidencial Digital explicaba cómo desde hacía un tiempo, en las vitrinas de la tienda que la BNE ofrece a los visitantes, se encontraban a la venta las obras completas de la directora del organismo, Rosa Regás. Al día siguiente de que se publicara esta noticia, la dirección rectificaba y decidía retirarlas, según constatan los trabajadores de la BNE consultados por este medio.   Las mismas fuentes aseguran que, tras el dictamen negativo del Instituto de Patrimonio Histórico al traslado de una estatua de Menéndez y Pelayo al jardín de la Institución, un empeño particular de Regás, está ha reducido aún más su presencia en las dependencias de la Biblioteca. Ella sigue pensando que existe una “conjura” contra su gestión.   Informaciones recogidas por ECD en el entono de la BNE apuntan también a un cambio de actitud por parte de la directora general, convencida de que ha perdido el apoyo del Ministerio de Cultura. Ésta tesis queda avalada por la información aparecida ayer en ABC. Este diario se hacía eco de la respuesta del departamento que dirige Carmen Calvo a una pregunta parlamentaria del PP, que deja en pésimo lugar a la gestión de la Biblioteca.   En concreto la respuesta de Cultura reconoce múltiples carencias en el organismo autónomo: “en realidad –se puede leer en la respuesta parlamentaria-, la BNE desarrolla actualmente un conjunto complejo de procesos escasamente integrados, lo que genera continuas incidencias e impide ofrecer un servicio a los usuarios eficaz y rápido y que, sin embargo, consume muchos recursos humanos”.   Mientras aumentan las voces que apuntan a un relevo próximo al frente de la institución, los trabajadores se encuentran molestos ahora por el progresivo incremento de subcontratas a las que recurre el organismo. Un ejemplo: en 2005 se gastaron partidas importantes del presupuesto en conceptos como la catalogación. ¿Por qué no se encargan de esto los propios trabajadores de la Biblioteca?, se preguntan los afectados.   En el capítulo de aciertos de Rosa Regás está el nombramiento de María Teresa Díez como nueva gerente de la BNE. Los trabajadores se encuentran satisfechos de que se haya recurrido por fin a una funcionaria de carrera, competente, y de quien afirman que “sabe lo que hace”.