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EN PAUSE con Arturo Méndiz, productor de Timecode

“Al cine español le sobra audacia, IVA y politización, y le faltan buenos guiones y más visibilidad”

Arturo Méndiz es el rey del corto español contemporáneo. Lleva dos Goyas, y hoy podría hacer triplete. Es el productor de Timecode, la única referencia cinematográfica española nominada este año para los Oscars.

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En la noche de los Goya, el rey Arturo es el Oscar. Con Timecode como finalista en la gala del cine español, el equipo de Méndiz hace ahora las Américas. Pero la vida de un productor de cine, y más aún de cortometrajes, es como un monstruo que viene a verme cada tarde de ira. Hizo Caminos al andar, pero después abandonó las grises vigas para disfrutar del séptimo arte. Joven. Apasionado. Ilusionante. Apóstol del cine humano que nos hace mejores. Sus cortos tienen ya dos Goya, y puede parir trillizos si la Academia le anota en el sobre del tesoro. En breve dará el salto al largo con Cuerdas. Evidentemente no será un salto al vacío, porque es el alumno más aventajado en el aula de la cantera del cine español. El corto made in Spain pisa fuerte, y él es, posiblemente, el del dorsal número 1.

Después de dos Goya, Méndiz y su equipo de Timecode se van a por los Oscars. Después de dos Goya, Méndiz y su equipo de Timecode se van a por los Oscars. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

Un artículo de...

Álvaro Sánchez León / @asanleo

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Todas las estrellas del cine español están hoy como locas. Vestidos. Trajes. Fotocol. Pintura. Pelos. Pajaritas. Discursos. Por si acaso. Prudencia. Mi cara buena de saber ganar. Mi cara buena de saber perder. El sueño. El premio. Otra oportunidad. Es la gran noche del cine patrio, y las estrellas deslumbran más que su propia realidad.

Todos los figurones de la gran pantalla están hoy de aquí para allá, trajinando con su imagen. Todas, menos muchas que hacen brillar sus trabajos pero no dan la cara, porque están detrás de la cámara haciendo posible el milagro del cine.

En uno de esos rincones discretos se encuentra Arturo Méndiz, un apasionado del cine con el cinturón apretado, pero que lleva dos premios Goya al Mejor Cortometraje de Ficción, y su último trabajo en concurso, Timecode, ha sido seleccionado también para los Oscars 2017. Su lema en la vida es “Espero que haya valido la pena”. Cinematográficamente, ese reto va viento en popa.

Jovial, curtido, con proyectos, audaz, entre El padrino y las novelas de Henning Mankell, pero siempre con una dosis oportuna de humor. Inteligente.

En una fiesta del cine español en la que los cortos ocupan el final de las nominaciones siendo los más aventajados de la clase, aprovechamos los Goya para poner en primer plano a un productor con talento, con pasado, con presente, y con futuro, que el 26 de febrero estará donde de verdad brillan las estrellas del cine.

Méndiz suda. Méndiz trabaja. Méndiz crece. Y gusta.

Este rey Arturo no tiene página en Wikipedia. Y, sin embargo, él y lo que hay detrás de los cortometrajes hechos a mano en este país son muy Marca España. 

Wanda Café Optimista. Un lugar lleno de connotaciones. A pie del caballo de la plaza de Gregorio Marañón. Entre palomitas americanas, Méndiz de frente.

Traveling, fundido en blanco y grabando.

Otro cortometraje español en los Oscars. En esta ocasión, el suyo. Después de dos Goya, ya está usted haciendo las Américas…

Sí, aunque mi objetivo nunca ha sido ganar premios. Mi objetivo es trabajar en algo que merezca la pena y vivir de eso. Siempre he dicho que cambiaba todos los premios recibidos por la posibilidad de hacer un solo largometraje que me diera la posibilidad de trabajar con cierta regularidad y superar los agobios en los que viven tantos productores. Pero bueno, tengo que reconocer que con la nominación al Oscar todo ha cambiado. Esto es muy grande. 

Entre 5.000 cortos, Timecode es de los cinco mejores. ¿Alguna clave de la receta?

Haber presentado algo que no se había hecho nunca con sensibilidad y con sentido del humor. Y por supuesto, un poco de suerte en todo el proceso… 

Otros cortometrajes españoles llegaron antes a los premios gordos del cine mundial. Por allí han pasado ya Juan Carlos Fresnadillo, Nacho Vigalondo, Javier Fesser, Borja Cobeaga y Esteban Crespo. De momento, ninguno de los cinco se ha llevado el oro…

Es cierto, pero es cuestión de tiempo, porque en España hay talento de sobra. Ojalá el largometraje español tuviera el mismo prestigio que el corto, donde somos una potencia mundial indiscutible.

Timecode lleva ya una Palma de Oro de Cannes en su pechera. Es posible que esta noche se lleve un Goya. Si cae el Oscar, ¿habrá un punto de inflexión importante en su carrera, o seguir, seguir y seguir?

Seguir, seguir y seguir. Es probable que en el caso del director sea diferente, pero un productor no puede vivir de rentas. Por muchos premios que hayas obtenido, a un productor normalmente se le piden otras cosas.

Juanjo Giménez, su director, define Timecode como "una historia de amor llena de pantallas, miradas y danzas". ¿Cómo la define su productor?

Como una historia que muestra lo maravilloso que es advertir que hay alguien como tú en un mundo hostil. En este sentido, y aunque sean tan diferentes, Timecode tiene muchos puntos en común con Graffiti, otro de los cortos nominados al Premio Goya de este año.

Usted es Ingeniero de Caminos, pero se dio cuenta de que nunca se emocionaría con una viga. Fue en una clase de Hormigón armado y pretensado... Y entonces acabó la carrera y se decidió a hacer Comunicación Audiovisual. ¿Lo de Caminos era por si acaso?

Está claro que lo de Caminos fue un error. A los 18 años, dudé durante meses entre hacer Comunicación Audiovisual o Ingeniería de Caminos. Y al final opté por Caminos. Y quizá sí, tal vez fue una especie de “por si acaso”. Luego, la vida te enseña que merece la pena arriesgar, que errar es humano, pero permanecer en el error es de necios. Yo tuve la suerte de darme cuenta a tiempo de que con Caminos no iba a ninguna parte, y arriesgué. Entendí que, si no lo hacía, nunca sabría si era capaz o no, y que llegaría un día en el que me arrepentiría de no haberlo intentado. Y, gracias a Dios, lo intenté.

La charleta de los padres que quieren que sus hijos estudien cosas “útiles”, y no sueñen tiene también su corto…

Es tremendo. Me he encontrado mucha gente y muchos padres preocupados por el futuro de sus hijos, como si se fueran a morir de hambre en el mundo del audiovisual. Y es posible que sea cierto, en algunos casos; pero en la vida hay cosas más importantes que el dinero. Mis padres se quedaron a cuadros cuando les dije que me quería dedicar al cine al acabar Caminos. Pero ni se les pasó por la cabeza intentar que abandonara ese proyecto. Se quedaron algo inquietos, eso sí... Y, de hecho, todavía no han abandonado del todo esa inquietud…

De momento, digamos que no le ha ido mal. 200 premios. Dos Goya. Una nominación a los Oscars. ¿Su carrera cinematográfica está más que afianzada?

No. Cualquiera en este sector sabe que de cortos no se vive. Y con documentales –llevo cuatro- es también muy difícil. Está claro que últimamente he producido una serie de cortos que han funcionado muy bien, que hay un antes y un después... No es suficiente. Cada año son muchos los productores que acaban abandonando la profesión, a pesar de haber producido varios largometrajes durante años. Es tremendo lo que cuesta levantar un proyecto, por pequeño que sea. Una película más bien pequeña en seguida cuesta un millón de euros. Y habiendo tan poco dinero y tantos proyectos, no es fácil conseguir que una televisión o una institución pública se fíen de ti.

Nos hizo callar en el bus con La historia de siempre. Nos hizo reír y sufrir al cincuenta por ciento en El barco pirata. Nos hizo sudar conciencia social en El corredor. ¿Qué busca usted con el cine?

Historias humanas. Historias que puedan ayudar a la gente de alguna manera, historias que muestren la grandeza y las miserias de las personas. Con personajes que sean como tú, como yo, como los demás. Que al ver la película puedas decir: eso que le está pasando a ese tío es verdad, yo lo he visto en mi cuñado, en una amiga, en un compañero de trabajo o en quien sea. Y eso me vale para comedias, dramas, thrillers.... Lo que sí que me parece importante es que nos descubra algo. El cine clásico me parece maravilloso en ese sentido. Comedias como Luna nueva, La fiera de mi niña, Historias de Filadelfia... Te ríes sin parar, pero en medio de situaciones imposibles hay mucha verdad en esos personajes. Y, por supuesto, en Casablanca, Eva al desnudo, El padrino...


Por ir entrando en los Goya:

            ¿Rodar un largo es como si un monstruo viniera a verle?

Para mí sería más bien como si se me apareciera un ángel.

            ¿Quién es su hombre de las mil caras con el que contaría para casi cualquier producción?

No es uno, son muchos. Contaría con varios de los directores con los que ya he trabajado, pero también con muchos de los actores y técnicos que he tenido en los cortometrajes que he producido.

            ¿Si el cine no nos hace humanos, Que Dios nos perdone?

Desde luego, porque sería un pecado.

            ¿Hacer cine español para ganar dinero es como una Tarde para la ira?

Más bien es un error garrafal. Aunque no a cualquier precio, hay que intentar ganar dinero, por supuesto. Y en contadas excepciones tal vez se consiga. Pero el que crea que haciendo cine se va a forrar, se ha confundido de sector.

Almodóvar ha vuelto con Julieta. El español más nominado por Hollywood. ¿Aquí hemos dejado de tomarle en serio? ¿Le hemos perdido el respeto por razones ajenas al cine?

No creo que le hayamos perdido el respeto, y mucho menos por cuestiones ajenas al cine, pero sí es un caso muy curioso. Almodóvar es uno de los poquísimos directores españoles que son más reconocidos fuera de España que dentro. Tal vez el único. Sin ir más lejos, acaban de escogerle como presidente del Jurado del Festival de Cannes. Y, sin embargo, aquí no acaba de triunfar de verdad. Ni en taquilla, ni con la crítica, ni en la profesión. A pesar de haber hecho muchísimas más películas, un director como Fernando León tiene tantos Goya como él. Por lo que sea, en España Almodóvar no tiene el encanto que sí tiene fuera.

2016 fue también el año de La reina de España. Una película de otro oscarizado español, Fernando Trueba, que ha sido objeto de polémica por motivos extra cinematográficos. ¿Qué parámetros dictan, de verdad, qué cine es bueno, y qué cine debe ser arrojado a la hoguera?

¡Qué difícil...! Desde luego, no me parece que podamos guiarnos únicamente por la taquilla. Un buen libro de poesía puede ser una obra maestra y tener muy pocos lectores. Creo que una buena película tiene que estar ligada a la verdad. Una verdad que, cuando se descubre, emociona.

Usted es fan de la ficción. De hecho, en octubre presentó el cortometraje Marcianos de Marte. ¿Bayona es un director a su alcance, o con Jurassic World 2 hizo las maletas para siempre?

No, Bayona es alguien cercano y que cree de verdad en el cine español. En el Festival de San Sebastián de 2014 quiso acompañarnos en la puesta de largo de la Asociación de la Industria del Cortometraje, que entonces presidía yo y que sólo contaba con unos pocos productores y distribuidores de cortos. Cuando le pedimos que estuviera presente en el acto, no lo dudó, y ahí estuvo. Alguien así no hace las maletas para no volver.

Raúl Arévalo fue rey mago en su El barco pirata. Ahora le han llegado los Reyes con 11 nominaciones en los Goya, incluidas las de Mejor Dirección Novel y Mejor Guion. Y es su ópera prima. Este Arévalo va en serio…

Es impresionante lo que ha hecho. Cualquiera que aspira a ser director trata de aprender el oficio a base de cortos, televisión, videoclips, publicidad... Raúl no tenía experiencia en dirección, y sin embargo ha sacado adelante una película como Tarde para la ira, que te puede gustar más o menos, pero que es innegable que detrás tiene un gran director. No es normal. A lo mejor alguien se lo podía imaginar, pero yo desde luego no. Y me alegro sinceramente por él. Hace cinco años, en la fiesta que hay tras la gala de los Goya, fue uno de los primeros en felicitarnos tras ganar con El barco pirata.

En El barco pirata también aparece Antonio de la Torre, un versátil con cara de malo. ¿Es el mejor actor, con diferencia?

Bueno, quizá con diferencia, no, porque en España hay otros actores muy, muy buenos. Pero tal vez sí sea el mejor actor en estos momentos. En cualquier caso, es uno de los mejores; no porque lo diga yo, sino porque lo dice la propia Academia, que año tras año le nomina como mejor actor.

De las cinco películas mejores películas de los Goya, sólo dos (Tardes para la ira y Que Dios nos perdone) comparten nominación el Mejor Guion. ¿Siguen faltando buenos guiones en el cine español?

Pienso que sí, y es una pena, porque es la base sobre lo que se asienta todo. Es verdad que son también el eslabón de la cadena peor pagado, porque muchas veces entran en un momento en que el productor no tiene dinero. Pero, así como hemos mejorado mucho en cuestiones técnicas y en el nivel de los directores -y algunos de ellos se van fuera-, me parece que debemos mejorar el nivel de los guiones.

Pero historias parece que sobran, al menos las redes sociales son una mina…

Es cierto. Yo mismo lo he pensado más de una vez. El problema es que, luego, a esas historias hay que darles forma de largometraje, y ahí empiezan los problemas. Puntos de partida interesantes hay muchísimos; lo complicado es que, después de ese punto de partida, la historia te atrape cada vez más hasta el final, hora y media más tarde.

Al rey de los cortos españoles: ¿le gustan los anuncios de El Gordo de Navidad?

Unos más que otros.

¿Y qué me cuenta del Hijos del entendimiento, de Campofrío?

Personalmente, prefiero Esa extraña conexión, la campaña del Atlético de Madrid ambientada en la Guerra Civil.

¿El día que la publicidad tenga más directores de cine explotará la burbuja de los mismos temas, las mismas citas publicitarias y casi las mismas melodías?

No necesariamente. De hecho, ya hay bastantes anuncios dirigidos por directores de cine. Y no todos son capaces de hacer algo que llame positivamente la atención.

Actrices. Muchas. Jóvenes. Versátiles. Nombres nuevos en cada edición de los Goya. ¿Las mujeres del cine español van por delante?

No estoy tan seguro. En España, lo mismo que en Estados Unidos, la carrera de una gran actriz empieza muy pronto, sube muy rápido pero -salvo excepciones- también decae pronto. La carrera de un actor muchas veces no es tan explosiva, pero suele tener mucho más recorrido.


Quién pega más en un corto-Méndiz:

            ¿Penélope Cruz o Rossy de Palma?

Penélope Cruz.

            ¿Borja Cobeaga o Rodrigo Sorogoyen?

Rodrigo Sorogoyen.

            ¿Paco León o Eduard Fernández?

Eduard Fernández.

¿Disfrutaría con el reparto de Ocho Apellidos Vascos en un corto de ficción de humor de su cosecha?

Por supuesto, ¿quién no?

¿Cuánto queda para que los cortos de Méndiz se conviertan en largo?

Si nada se tuerce, en algo menos de un año rodaremos Cuerdas, protagonizada por Michelle Jenner y Miguel Ángel Jenner. Será la ópera prima de José Luis Montesinos, a quien he producido varios cortometrajes, como La historia de siempre o El corredor. Tenemos ya una parte de la financiación y, aunque es pronto para darle luz verde, todos tenemos mucha ilusión por este proyecto.

¿Y será drama, o comedia?

Será un thriller con mucho drama y nada de comedia.

¿Qué es un drama permanente para el cine español?

La mala imagen que tiene entre los propios españoles.

¿Hay hueco para comedias francesas en nuestro cine?

Y tanto. ¿Quién no ha visto Intocable? ¿O La cena de los idiotas? ¿O Bienvenidos al Norte? ¿O Amelie? A España llegan muchas comedias francesas; son casi un género en sí mismo. Y, a la hora de posicionarse en la cartelera española, esa es justamente su mejor carta de presentación: el hecho de ser “una nueva comedia francesa”.

Me refería a si hay hueco para que en España se haga ese estilo de comedia cinematográfica, que ya se ve que triunfan. Más humor inteligente y menos humor histérico…

Sí hay hueco, pero la realidad es que no se hacen. De momento, lo que hacemos, sobre todo, es participar en la coproducción de comedias argentinas.

¿Soñador o corredor?

Me gustaría pensar que soy las dos cosas, pero desgraciadamente creo que soy más bien un corredor. Y es una pena, porque la energía se escapa picando tanta piedra que luego apenas hay tiempo para soñar y pensar cómo hacer algo para mejorar este mundo que nos rodea.

¿Meterse en la aventura del cine es sólo apto para realistas?

Meterse en la aventura del cine es casi siempre una locura. Y precisamente por eso creo que es bueno tener una gran dosis de realismo.

¿Qué le sobra y qué le falta al cine que se produce en España?

¿Le sobra IVA?

Desde luego. Mejor no hablar...

¿Le sobra politización?

Siempre le ha sobrado politización.

¿Le falta audacia?

Yo creo que no.

¿Le falta visibilidad?

Sin duda.

¿Le falta apretarse el cinturón, como todos, sin hacerse el mártir?

Hay que ser realistas: el cine español vive permanentemente con el cinturón apretado. Muy apretado.

Una palabra de sus competidores de esta noche al Mejor Cortometraje de Ficción:

            Para Bla, bla, bla:

Me sorprendió y me encantó su tratamiento de las personas con síndrome de Down. Al acabar de verlo, tuve la sensación de que sabía algo que antes desconocía.

            Para En la azotea:

No conocía a su director, Damià, y pienso que ha hecho un trabajo muy serio. La cantera de nuestro cine sigue creciendo.

            Para su competidor más directo: Graffiti

Es impresionante lo que han conseguido. Supongo que aquí se cumple aquello de que  “lo hicieron, porque no sabían que era imposible”.

            Para La invitación:

Rodar con tantos niños tiene mucho mérito. Y admiro a los que son capaces de dirigirlos y salir, como en este caso, airosos.

Su equipo celebró la nominación al Oscar en un bar de Barcelona. Representa muy bien eso las características de su equipo: jóvenes, sobradamente preparados, y acostumbradamente austeros…

Ja, ja, ja... Pues sí, creo que sí. Aunque sobre todo jóvenes de espíritu, porque algunos no acaban de salir de la escuela precisamente. Yo no pude estar ese día en el bar, porque estaba en Suiza buscando coproductor para Cuerdas. Y me dio una rabia enorme no poder celebrarlo con todos. Tuve que seguir las nominaciones casi a escondidas, a través del móvil, en medio de una comida en un bar lleno de productores suizos y españoles. Cuando salió la nominación y lo comenté a los que tenían al lado, fue muy bonito, porque espontáneamente todos empezaron a aplaudir. Fue una alegría compartida, pero no con el equipo.

¿Barcelona es la capital del cine español?

¡Qué va! ¿Hay alguien que lo haya dicho?

¿Habrá documental de Los chicos de Timecode han venido a por su Oscar?

Buf... Bastante tenemos ya con conseguir el dinero para hacer una campaña digna de promoción del corto en Estados Unidos.

¿Y otros documentales en cartera? He oído que la Talidomida está en su punto de mira…

Lo estuvo, pero no hubo manera de que las televisiones públicas se interesaran por el proyecto. Y es una pena, porque son un colectivo al que la vida ha tratado con dureza, y a los que la sociedad y sus gobernantes han dejado de lado.

Ahora estoy desarrollando un proyecto sobre la experiencia personal de un amigo mío. Su hijo nació con múltiples problemas de corazón y tuvo que estar en la UCI cerca de cuatro meses. En ese hospital infantil descubrió un mundo de niños y bebés enfermos, de padres que luchan a muerte por sus hijos, de médicos y enfermeras haciendo lo imposible por salvarlos... Un mundo de fe, de días de desaliento y de noches sin dormir. De esperanza y de sufrimiento. En definitiva, se encontró con un mundo de seres humanos que él no conocía y que nosotros, en general, desconocemos.

Timecode. Dos guardias de seguridad en un garaje, y el amor. ¿Falta normalidad en las historias de nuestro cine? ¿Sobran extremos?

Tal vez. Una historia humana no necesita elementos complicados o artificiosos, pero sí requiere ingenio y sensibilidad para sacarla adelante con un punto de vista nuevo, original, diferente.

De su joven historia cinematográfica, ¿qué lección de trabajo saca para los centenares de futuros cineastas que se curran hoy ser algo contra viento y marea?

Que hay que preguntar siempre a los que tienen más experiencia.

¿Los últimos de Filipinas de nuestro cine han dejado vía ancha, o han sido un poco rey tuertos?

Yo diría que han sido más bien reyes tuertos. Estamos dejando atrás una generación de productores con modelos de financiación que sólo podían funcionar a base de triquiñuelas. Hacían películas, sin duda, pero bajo unas leyes perversas, que prácticamente les obligaba a mentir y a no preocuparse apenas por el comportamiento de la película en taquilla. Lo importante era hacer la película y que los papeles estuvieran más o menos en regla. Hoy todo ha cambiado mucho. Las subvenciones públicas tienen menos peso, y los productores son gente audaz, mejor preparada y viajan mucho más. Eso sí, con los mismos problemas de siempre o incluso más. Eso no ha cambiado especialmente.

¿Qué se lee en su puerta abierta hacia el futuro?

Fe e ilusión.


REBOBINANDO

El productor de cortometrajes es el gran mártir del cine español. Por productor. Y por los cortos. Pero si la cosa funciona, como es el caso de Arturo Méndiz, el sacrificio y la ilusión compensan las ganas de hacer un buen trabajo y seguir subiendo el ochomil del séptimo arte, que es poesía hecha de prosa dura y seca. No es oro todo lo que reluce después en sus pantallas.

La historia de Méndiz es una imagen gráfica de que el cine español tiene talento, tiene cantera y tiene calidad. Al empeño y al coraje para seguir adelante se suman el reconocimiento y la constatación de que España es potencia mundial en la industria del corto. Cambio.

Más allá de los de siempre, el mundo de los cortometrajes prepara directores y productores a la altura de una cultura como la nuestra, siempre comprometida con la sociedad, pero más humana y menos política en la medida en que madura la simbiosis entre arte y responsabilidad social en un mundo de masas.

Más allá del logro del equipo de Timecode, si los Academy Awards que relucen más que el sol premian por primera vez un cortometraje español, a lo mejor ha llegado el momento de romper el maleficio de la Cenicienta del cine y darle alas a todos esos currantes que hacen cortos a pesar de las calabazas.

Y, aunque ese momento cenital no llegue, igual la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y los miembros que la conforman, incluidos los que este fin de semana se llevan todos los flashes del tirón, deben tomar la decisión de premiar a los más listos de la clase con un empujón de visibilidad, de atención y admiración. Desde hace un par de años algo ha cambiado. Para bien. Pero ese soplo debe llegar, aún, a los medios y a la opinión pública.

Veremos. Es posible que haya llegado ya la ocasión propicia de que la alfombra roja no se corte con los cortos. Metraje de excelencia tienen. Más locomotoras, más carbón y menos arte desparramado en el andén, porque el tren se va.

Suena bocina. Primer plano de rueda en marcha. Vapor. Méndiz de espaldas. Créditos. En castellano. Y en inglés.


El caso Méndiz está sirviendo para que el cine español ponga a los cortos en su sitio: en primera fila. El caso Méndiz está sirviendo para que el cine español ponga a los cortos en su sitio: en primera fila. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

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