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Un historiador de Zaragoza sostiene que España creó 188 campos de concentración en los primeros años del franquismo

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Entre los años 1936 y 1942 se contabilizaron 188 campos de concentración en España, en los que estuvieron medio millón de personas. Así lo ha asegurado en los Cursos de Verano de Donostia, el profesor de la UNED de Zaragoza, Javier Rodrigo. Se basa en documentos que desaparecieron en los años 60.

Javier Rodrigo acaba de participar en los el curso de verano de la UPV/EHU. Su intervención tuvo lugar el pasado lunes, dentro de las jornadas dedicadas a la Guerra Civil tituladas: “Experiencia, Memoria y Olvido”.   En su ponencia –“La guerra inacabada. La represión en el primer franquismo”- Rodrigo explicó que los 188 campos de concentración surgieron porque “mientras se fusilaba a más de 2.000 prisioneros de guerra en la plaza de toros de Badajoz, el 14 de agosto del 36, se dieron cuenta de que no era rentable mantener tantos prisioneros y, por lo tanto, tomaron la decisión de ‘reutilizarlos’”   El historiador explicó además que los citados campos se denominaron así erróneamente ya que históricamente se parecen más a campos de internamiento. Rodrigo aseguró que eran campos donde “se internaba a prisioneros de guerra para clasificarlos, reeducarlos, ponerlos a disposición del ejército nacional y utilizarlos como mano de obra”.   De los 188 recintos, 104 fueron campos estables –añadió- mientras que el resto resultaron ser provisionales y estuvieron en todas las zonas del frente de guerra, como por ejemplo, Mungia, Orduña o Deusto, en el País Vasco.   Lo más curioso del caso es que el ponente realizó estas afirmaciones basándose, dijo, en los estudios realizados por Francisco Espinosa pues los documentos que hablaban de los campos “desaparecieron en los años 60”. Espinosa ha basado sus trabajos en entrevistas con responsables de distintos cuarteles. “Hubo muchos jóvenes que tuvieron como destino en su servicio militar, quemar papeles o calentar los cuarteles con documentación de la guerra civil”.   Otros datos sobre esta cuestión facilitados por Javier Rodrigo:   -- Las autoridades franquistas se dieron cuenta de que la guerra iba a ser mucho más larga de lo que habían pensado y por lo tanto llegaron a la deducción de que “tan importante era un soldado en la retaguardia como un preso de guerra trabajando en la retaguardia”   -- Por los campos de internamiento pasaron medio millón de personas, de los que se calcula que un 10 por ciento murieron. En este porcentaje –explica el ponente- sólo se pueden calcular los registrados como tal, es decir muertos por enfermedades “comunes” y no los directamente ejecutados o “evadidos”.   -- En abril del 37 se creó la Inspección de los “campos de concentración de prisioneros” con varias funciones: ordenar a los prisioneros mediante avales facilitados por la falange local, la guardia civil o los párrocos y rehabilitarlos.   -- Rodrigo distingue estos campos de lo que fueron las cárceles de guerra. “Se interrelacionaron porque si el detenido tenía un expediente muy negativo para los franquistas, pasaba a un tribunal militar y era encarcelado con un informe jurídico detrás. Los demás se sometían a un limbo legal porque no estaban regulados bajo ninguna legislación. El campo no era un lugar de condena sino de internamiento preventivo. Un lugar físico con la tasa de violencia que implica incomunicación pero dentro de ese limbo legal. Por medio no había una condena de detenido sino un internamiento preventivo”.   -- Rodrigo, advirtió en su exposición que la actual Ley sobre la Memoria Histórica “desde el punto de vista de las reparaciones, es una ley totalmente alicorta” y criticó los argumentos del Partido Popular cuando denuncia “que se están reabriendo heridas”.