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Rafa Nadal, Lydia Valentín o Michael Jordan: catedráticos del deporte y libros de ciencia

La final de Wimbledon 2008 entre Nadal y Federer es el mejor partido de la historia del tenis para aprender de ciencia y tecnología.
photo_camera La final de Wimbledon 2008 entre Nadal y Federer es el mejor partido de la historia del tenis para aprender de ciencia y tecnología.

Michael Jordan es un libro abierto de Psicología. Carolina Marín arrasa en bádminton con inteligencia artificial. Pep Guardiola es máster en matemáticas con el tiki-taka y en estadísticas del penalti. Lydia Valentín es un ejemplo poderoso de éxito deportivo con ciencia lejos de la tentación del dopaje. De la biomecánica de Ruth Beitia a la hidrodinámica de Phelps, pasando por la aerodinámica de Indurain. El divulgador científico José Manuel López Nicolás reivindica la ciencia como el mejor aliado para el deporte ético sin miedo a los límites en La ciencia de los campeones.

La ciencia corre por el tartán, salta vallas, mete penaltis, nada con sincronía, juega al bádminton, hace halterofilia y esculpe a campeones como Rafa Nadal. Está en el ring, en la cancha, en el terreno de juego, en la piscina, en el hipódromo y es la reina de la pista… de tenis.

El divulgador científico José Manuel López Nicolás acaba de colocar en la línea de salida de las librerías La ciencia de los campeones, una obra para todos los públicos en la que expone en una vitrina asequible los mejores ejemplos de un trio con podio: deporte, ciencia y ética.

Ahora que la pandemia ha vuelto a poner en prime time la divulgación científica, este catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia la pone más a mano con una de las pasiones dominantes más extendidas y más practicadas: el deporte. Y entre sus páginas, sus datos, sus nombres propios y sus historias nos viene a decir que mucho más que las televisiones, mucho más que el merchandising, mucho más que los fuegos artificiales, el esfuerzo, la superación y la ciencia son el tridente del verdadero espectáculo de la belleza del deporte.

En este libro editado por Planeta las proezas del mítico ciclista Miguel Indurain sirven para explicar la aerodinámica del descenso y “la ciencia de la pájara”; los bañadores de las olímpicas de natación sincronizada ayudan a asombrarse ante los secretos de la tecnología textil y la evolución de la ciencia en el apartado de la ropa deportiva; los logros deportivos de Michael Jordan y los mates del All Star explican algunos renglones de la física, y los tiros libres se exponen como “el mejor ejemplo” de la ciencia de precisión. Este es el tono del libro nacido entre la Eurocopa y Tokio 2021 con el que López Nicolás espera también “despertar vocaciones científicas entre los más jóvenes” utilizando el atractivo del deporte.

De esta revisión de ciencia basada en el deporte, su autor destaca que la realidad con más presente y futuro en medio de la simbiosis entre ambas disciplinas es “que cada vez más los grandes deportistas incorporan a científicos e investigadores a su preparación para tomar las mejores decisiones. El deporte sin la ciencia detrás ya no se entiende”.

“Cada vez más los grandes deportistas incorporan a científicos e investigadores a su preparación para tomar las mejores decisiones. El deporte sin la ciencia detrás ya no se entiende”

 

            -¿Eso hará que se estiren los límites?

            -Por supuesto, como ha ocurrido a lo largo de toda la historia. Las marcas y los récords mundiales de hoy nadie se los podía imaginar hace unos años. El progreso tecnológico y científico será uno de los grandes motivos de esa constante superación de los límites a la que aspira el deporte.

            -¿Y no hay riesgo de tecnificarlo todo y deshumanizar el deporte?

            -El progreso funciona así. Y eso no hace que se pierda un ápice del romanticismo del deporte. Desde el punto de vista de la ciencia, lo que está pasando detrás de cada jugada de un partido de fútbol o de tenis, o de cada esprint ciclista da muchísimo placer y sigue siendo épica humana.

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El eterno 23 y Wimbledon 2008

Desde el laboratorio del disfrute y la precisión, López Nicolás cree que el mejor deportista de la historia ha sido Michael Jordan, “no solo por sus éxitos, sino también por el afán de superación, porque lo que consiguió él durante varias etapas de su vida y la tremenda superioridad con respecto al resto de competidores yo no los he conocido nunca”. Para el investigador, Jordan es también una referencia de la ciencia de los campeones, porque, “además de la disciplina física, manifestaba una disciplina científica muy presente en todos sus lanzamientos, en todos sus mates, en todas sus acrobacias, aunque había una materia en la que era tremendamente superior a los demás: la psicología, una herramienta de particular relevancia en el deporte. Psicológicamente Jordan era el mejor del mundo, sin duda”.

Defiende el autor que “el mejor partido de tenis de la historia es la final de Wimbledon entre Nadal y Federer de 2008”: aquel intenso encuentro de más de cuatro horas donde, además de la elegancia de los contrincantes y del poderío deportivo, allí se juntaron “la química, la física, la óptica, la neurociencia, la geología, el big data…”. Habla de “la física de los golpes de Nadal, de la nanotecnología de las raquetas de los dos jugadores, de la botánica y de la tecnología del césped, además de la psicología para aguantar con entereza un partido a cinco sets y tantas variantes en el marcador, hasta que finalmente Nadal pudo imponerse. Ahora mismo, el deporte de élite y el amateur no se entiende sin el progreso científico”.

            -¿En un entrenamiento de Rafa Nadal se tienen en cuenta todos estos condicionantes científicos?

            -Seguro. Eso no significa que Nadal deba saber de todas esas disciplinas, pero sí que cada vez los deportistas cuentan con científicos cerca que les ayudan a sacar el máximo potencial de sus capacidades deportivas. Acertar con el mejor golpe implica saber de física y detrás de la elección de la raqueta más oportuna están la química de los materiales y la nanotecnología. Todo eso ya lo tenemos en cuenta los ciudadanos de a pie cuando practicamos deporte, sin necesidad de estar en la alta competición. Cuando salimos a correr valoramos la mejor zapatilla y la camiseta que mejor transpira”.  

Dice López Nicolás que “el fútbol americano es el deporte más tecnológico”. Acota que en la Fórmula 1 es donde más se desarrolla la tecnología de los materiales, “tanto en el coche, como en los cascos y en la ropa de los pilotos”, pero el progreso científico destaca en el fúbtol americano, porque está presente también “en las prendas deportivas, en los cascos de última generación, en las pelotas ovales, pero, sobre todo, en lo que hay alrededor: las retransmisiones, las pantallas, las líneas amarillas… La suma de todo, de lo que ocurre dentro y de lo que ocurre fuera lo convierten en el deporte más tecnológico en estos momentos”.

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Fútbol y matemáticas

Sobre el deporte rey, el divulgador habla de la incidencia de la ciencia en el progreso del fúbtol moderno, “especialmente en la disposición de los jugadores en el campo. Las matemáticas en general, y la geometría y la topografía en particular, ya tienen un papel fundamental. Además, cada vez tienen más influencia la estadística y la probabilidad para el lanzamiento de penaltis, que ya no son una lotería. Hay big data suficiente para afrontarlos con éxito en un índice de probabilidad alto, aunque en la Eurocopa se estén fallando bastantes. Algunos equipos tendrían que prepararlos más”.

Le dedica un capítulo entero al gol de Andrés Iniesta en la final de la Copa del Mundo de Sudáfrica de 2010. Con aquellas imágenes aún grabadas a fuego en el colectivo imaginario nacional, López Nicolás diserta con el jabulani entre las piernas desde la botánica del césped del estadio de Johannesburgo, hasta la química del esférico, haciendo zoom a la psicología del de Fuentealbilla: “En aquel campo de fúbtol había más disciplinas científicas que en el mejor de los laboratorios”.

“En aquel campo de fúbtol de Johannesburgo en el que España ganó el Mundial de Sudáfrica en 2010 había más disciplinas científicas que en el mejor de los laboratorios”

 

“El Barça de las seis copas” de Pep Guardiola también encuentra cancha en este discurso del método, porque el divulgador culé considera que “detrás de aquel estilo de juego del famosos tiki-taka hay muchísimas disciplinas científicas”. Subraya la capacidad de Guardiola para hacerse eco en su juego de las enseñanzas del matemático Voronói, descubridor de unos diagramas “que permiten construir una partición del plano euclídeo y en el caso del fútbol muestra el espacio controlado por cada jugador”, y del matemático Delaunay, que ideó un algoritmo de triangulación que en el fútbol “conecta los jugadores con líneas”. Como explica, “Guardiola disponía a sus jugadores en diagramas de Voronói y los jugadores asignados a cada zona les pasaban el balón a sus compañeros de las áreas vecinas basándose en triangulaciones de Delaunay”. El tiki-taka pasará a los libros de textos. El caso Guardiola ya está, desde 2019, en las revistas científicas de impacto.

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La atleta Lydia Valentín es el ejemplo “de la ciencia exacta del deporte”. Dice el autor que “la gente piensa que la halterofilia es una cuestión solo de fuerza y no, es un deporte muy técnico de enorme precisión y calidad de movimientos”. De la reconocida deportista destaca también su entereza psicológica, porque “ha sido consciente de que sus rivales se estaban dopando, veía cómo lograban los títulos y las medallas, cómo protagonizaban los momentos históricos, e incluso los patrocinios, por la vía fácil, y ella no ha caído en la trampa y sigue trabajando con una ética aplastante”.

Habla también de Carolina Marín, de Ruth Beitia, de Ona Carbonell y de otras mujeres “que han cambiado el rumbo del deporte español. La presencia de la mujer en el deporte, igual que en la ciencia, es fundamental. Tenemos deportistas a un nivel espectacular: medallas de oro olímpicas, campeonas mundiales… Quería aprovechar para hacer un homenaje a las que ya no están, pero dejaron huella, y a las que están en pleno auge de sus carreras”.

            -Con el background de la ciencia, ¿sería usted capaz de hacer predicciones sobre los deportistas de élite españoles y su influencia en el panorama internacional en 2030?

            -No. Esto va muy rápido. Lo único que tengo claro es que algunas de las marcas asentadas hoy se batirán de sobra gracias a la tecnología y la ciencia. No es que tenga una bola de cristal, es que esto es lo que ha ocurrido siempre.

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Anti ciencia y deporte

El dopaje y las pseudociencias están muy presentes en el libro, porque la evidencia científica supura por los poros de sus páginas. Se alerta sobre las modas sin fundamento, como las power balance, las tiritas nasales que supuestamente abrían las vías respiratorias y mejoraban el rendimiento, la placenta de yegua, la orinoterapia o el cupping o ventosaterapia y la ingesta de agua de mar, “que puede ser una pseudociencia con pico de abuso en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio”. Añade: “Desgraciadamente, la pseudociencia o la anti ciencia cada vez está más presente en la sociedad, y también en el deporte. Hay que luchar contra esa tendencia, porque no podemos olvidar que detrás de cada deportista de élite hay miles de admiradores y admiradoras que siguen su estela deportiva y, en muchos casos, su ejemplo personal hasta el punto de la imitación. Hay pseudociencias que no sirven para nada, pero otras pueden llegar a ser peligrosas”.

 

“La anti ciencia cada vez está más presente en la sociedad, y también en el deporte. Hay pseudociencias que no sirven para nada, pero otras pueden llegar a ser peligrosas”

Las historias con aval científico que cuenta La ciencia de los campeones sirven para ilustrar una verdad sin discusión: que la ciencia aplicada al deporte tiene mucho más beneficio que cualquier trampa, incluso las trampas contemporáneas que se disfrazan de progreso, como la estimulación transcraneal o las zapatillas voladoras.

Ciencia presente en la vida cotidiana, en este caso, del deporte. Bienvenidos a un recorrido casual entre los potenciómetros, las ruedas lenticulares, la fibra de carbono, los bañadores hidrocrómicos, las gelatinas fijadoras del cabello, el poliuretano, las uñas de porcelana, la gutapercha… Bienvenidos al disfrute del deporte con más conocimiento de causa.

Con este libro que, previsiblemente, llegará a las gradas y a los terrenos de juego, López Nicolás vuelve a poner la ciencia a pie de asfalto. Un paso más en la divulgación científica que la pandemia ha sentado en nuestros sofás con más asiduidad, aunque él lleva acercándola desde mucho antes de la conquista de las mascarillas. Esta vez el divulgador nos habla en pantalón corto, también, de la deportividad de la ciencia, de su aspiración a llegar a más conocimiento y a más gente, de saltar con longitud, de pasar el relevo, de encender el pebetero de la opinión pública, de remar al unísono, de conquistar podios internacionales, de contar con los medios necesarios para que nadie se quede en la carrera. Deportividad máxima y belleza de un esfuerzo que hace mejor la sociedad con un espíritu casi olímpico, aunque también haya tramposos de bata blanca, “pero son una minoría”. 

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