Piel rosácea.
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Consejos para reducir los síntomas de la piel rosácea

La rosácea es una enfermedad crónica que afecta a la zona central del rostro

Con el cambio de estaciones muchas personas comienzan a ver cómo se incrementan los síntomas visibles de la rosácea.

La rosácea es una enfermedad crónica que afecta a la zona central del rostro provocando síntomas cutáneos incómodos y antiestéticos.

Los síntomas de esta afección pueden llegar a ser graves:

  • Rojeces faciales ocasionales o permanentes.
  • Telangiectasias: pequeños vasos sanguíneos o capilares que se dilatan y se hacen visibles a través de la piel.
  • Pápulas y pústulas: lesiones similares a las del acné.
  • Alta reactividad y sensibilidad de la piel.
  • Ardor.
  • Picores.
  • Edemas.

Lamentablemente, no existe un tratamiento que la cura. Por eso debe ser diagnosticada por un especialista que evalúe su magnitud y recomiende un tratamiento específico.

No obstante, quienes la sufren también pueden actuar autónomamente y obtener buenos resultados a la hora de contenerla, evitarla o hacerla menos agresiva cuando se manifiesta en el rostro.

Algunos consejos:

El uso de cremas es siempre recomendable.

En este sentido la línea de cremas Rosacure ofrece diferentes opciones según el momento en que se encuentre la piel de la cara si el brote se encuentra en fase aguda o incipiente.

Las cremas para la rosácea ayudan a combatir las incomodidades de los síntomas y los efectos, sobre todo sociales, de una piel aparentemente en carne viva. Por eso su uso está muy extendido entre las personas que la sufren.

Además, la limpieza de cutis diaria (con agua templada y limpiadores suaves sin alcoholes), es parte fundamental en su tratamiento.

La hidratación de la piel es otro factor importante.

Conviene evitar, por tanto, la deshidratación, esto es: tomar alcohol, café o beber poca agua porque, además de conseguir que la piel se mantenga fresca externamente, nunca deberemos descuidar nuestros propios procesos biológicos. Escuchar a nuestro propio cuerpo es una tarea que ayuda a entender qué es lo que realmente necesitamos sin necesidad de bordear los problemas.

En este sentido conviene controlar la alimentación, evitando en la medida de lo posible grasas y picantes, también ayudará en su control.

El estado psicológico, naturalmente, también tiene efectos.

La rosácea suele ser más común en personas con estrés, ansiedad, que se exponen excesivamente al sol o que llevan una vida descontrolada en cuanto a actividades tóxicas.

En definitiva, además de mantener la alimentación y el estado de ánimo estables, lo que más mantiene a raya a la rosácea es evitar ser agresivos con la piel, es decir, abandonar el uso de exfoliantes o peelings químicos y procurar la limpieza de la cara, al menos, dos veces al día con limpiadores suaves y cremas hidratantes que te ayuden a mejorar la circulación de la piel, calmen la sensación de ardor y alivien el calor y la irritación.

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