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Cursos

Educación y empleo, los grandes retos en la era COVID-19

El descenso del 30% en 2019 de las matriculaciones en carreras tecnológicas

A pocas semanas del regreso a las aulas no existe un plan de acción común a todas las comunidades, y la recuperación económica del país, con más de un millón de empleos perdidos por la crisis del coronavirus, sigue siendo un enigma, evidenciando la necesidad de un cambio de modelo educativo y económico en España.

2020, el año de la encrucijada

El inicio del nuevo curso escolar está a la vuelta de la esquina -entre el 4 y el 15 de septiembre, dependiendo de la comunidad autónoma- y los gobiernos territoriales aún debaten cómo articular de forma segura el retorno de los alumnos a las clases, ante un previsible repunte de casos de coronavirus. Dado que primará el principio de presencialidad, tal y como señaló en su día la ministra de Educación, Isabel Celaá, y a falta de un plan de acción común, las distintas administraciones plantean medidas como la obligatoriedad de las mascarillas, la realización de pruebas a los docentes con carácter previo, la segregación en grupos o, en el peor de los casos, volver a la educación a distancia.

En medio de esta maraña de iniciativas, las asociaciones de padres y madres reclaman una mayor intervención del Gobierno Central, que a través de un comunicado del Ministerio de Educación ha reiterado que la gestión educativa es competencia de cada comunidad. El departamento encabezado por Celaá destaca en el mismo que “las comunidades están siguiendo las recomendaciones elaboradas por los Ministerios de Sanidad y Educación”.

No obstante, ni las medidas planteadas, ni las buenas palabras, logran aplacar la incertidumbre de los alumnos y sus progenitores, que se enfrentan al curso más difícil de sus vidas.

Más allá de la educación, el Gobierno tiene otra gran asignatura pendiente: la recuperación del empleo, después de que el coronavirus dejase a más de un millón de personas sin trabajo. Y eso solo es el principio. Con la contracción de la compra de viviendas, la campaña de verano a medio gas y el cierre del ocio nocturno, siendo este un país que basa una parte importante de su economía en el turismo y la construcción, las previsiones para fin de año son poco halagüeñas. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), a finales de 2020 el desempleo habrá crecido en España hasta el 20,8%, y la crisis a nivel global será la más grande desde la Gran Depresión de los años 30.

Por supuesto, las recetas económicas para paliar los efectos de la crisis del coronavirus son muchas y de lo más variado, tantas como economistas den su opinión, pero será nuestra capacidad de respuesta a las incógnitas que plantean la educación y el empleo la que determinará el mayor o menor éxito de España para salir de esta encrucijada.

Suspenso en tecnología

Más allá de medidas puntuales como los ERTE y los aplazamientos de pagos de impuestos, muchas voces claman un cambio de modelo; un nuevo paradigma en el que la economía de nuestro país apueste de forma decidida por la tecnología y la innovación en sectores de alto valor añadido, con el objetivo de convertir a España en un estado capaz de competir con las economías más avanzadas. De hecho, si algo ha puesto de relevancia la pandemia de la COVID-19, con una implantación “forzosa” del teletrabajo, es la necesidad de tener hechos los deberes en el área tecnológica.

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Sin embargo, esta es una materia en la que España todavía suspende. Y no es ninguna sorpresa, sino que se viene anticipando desde hace tiempo, y tiene parte de su origen en nuestro sistema educativo. El informe ‘La contribución socioeconómica del Sistema Universitario Español’ ya alertaba el año pasado del descenso del 30% que habían sufrido las matriculaciones en carreras tecnológicas (actualmente solo un 24% de los estudiantes se decantan por esta formación), con el consiguiente peligro que podría suponer para España convertirse en un país tecnológicamente dependiente.

La falta de orientación que reciben, el desconocimiento y la dificultad académica que atribuyen a este tipo de estudios son algunas de las causas por las que los jóvenes se decantan por otras materias. “Los estudiantes no encuentran en el modelo educativo actual los estímulos que necesitan para fomentar su vocación hacia la tecnología, y decidirse a optar por una carrera en este área”, explica Juan Riva, emprendedor, experto digital y fundador de IMMUNE Technology Institute, hub de formación y talento STEM ubicado en el número 89 del Paseo de la Castellana, en Madrid. 

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En su opinión, el modelo educativo “debe adaptarse al momento actual y replantear la forma de enseñar y aprender”. Las generaciones que se incorporan a los estudios ahora están en general muy enfocadas en el corto plazo, “por lo que, frente a la escucha pasiva que ha marcado la educación en el siglo pasado, la transmisión del conocimiento no tiene que recaer únicamente en el profesor, debe cambiar a una comunicación bidireccional y participativa”, para que el aprendizaje sea constante y duradero. Esta metodología que defiende es la que se aplica en IMMUNE en el grado Computer Entrepreneurship Bachelor (CEB), programa dirigido a jóvenes interesados en el desarrollo de software y la creación de aplicaciones que quieran ampliar sus estudios de grado universitario. El grado, desarrollado en colaboración con miembros del cuerpo de académicos de Georgetown, busca identificar a los 50 mejores estudiantes, futuribles líderes del sector tecnológico. Su duración es de tres años y combina el aprendizaje de código, software, Inteligencia Artificial, Blockchain, arquitectura de sistemas o ciberseguridad con ciencias empresariales y humanas. Respecto a la tutorización, el acompañamiento es gestionado por un grupo de “Miyagis”, mentores profesionales que se alejan de la figura clásica de profesor y se convierten en coaches que asesoran y guían en todo momento al alumnado.

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Con el objetivo de motivar, el CEB marca objetivos semanales a los alumnos hasta superar las 2.000 horas trabajando con código y utilizando lenguajes de programación. Su organización atiende a seis niveles de progresiva dificultad con numerosos casos prácticos, que los alumnos deberán resolver apoyándose en la filosofía peer-to-peer (P2P); es decir, en colaboración con el resto de estudiantes. La formación académica se complementa con nueve meses de prácticas en distintas empresas de referencia en un entorno 100% real, lo que sin duda proporciona a sus alumnos una fuerte ventaja competitiva de cara a su futura incorporación al mercado laboral.

No obstante, el interés por las nuevas tecnologías y las carreras STEM es algo que se debe fomentar desde edades más tempranas, si el objetivo es paliar el déficit actual de perfiles profesionales tecnológicos. Por ello, IMMUNE tiene varias propuestas para los más jóvenes. Por un lado, el programa de actividades extraescolares Young Immuners, dirigido a jóvenes a partir de 10 años, que constituye un excelente punto de partida al acercar a los estudiantes a la tecnología de forma práctica y amigable.

Hacia un modelo económico sostenible

En lo que al ámbito laboral respecta, la cosa tampoco está mucho mejor: según un estudio de Randstad, solo el 21% de las empresas imparten formación en TIC entre sus empleados. Paradójicamente, la demanda de perfiles tecnológicos es cada vez mayor. De hecho, en los últimos meses ha habido más de 2.300 ofertas de trabajo para especialistas en Python y la las peticiones de especialistas en Inteligencia Artificial, con habilidades específicas como Machine Learning o Data Science, crecieron un 76% en un año, según el último informe sobre profesiones emergentes de LinkedIn.

En este sentido, la Comisión Europea ya advirtió en 2019 que este año quedarían desiertos 500.000 puestos de trabajo en Europa por la ausencia de perfiles especializados en nuevas tecnologías. Y más atrás, en 2018, las estadísticas de la Encuesta de Población Activa pusieron en relieve las dificultades existentes para cubrir el 42% de las posiciones para desarrollador de software.

Y ninguna pandemia había acelerado entonces la transformación digital.

De cara a la nueva realidad, donde la economía post COVID-19 estará marcada por una fuerte digitalización de las empresas, IMMUNE incluye en su propuesta formativa a los profesionales, con masters en Data Science y en Ciberseguridad. Estos planes de formación tienen una duración de entre 4 y 5 meses, dependiendo del programa, y están dirigidos a trabajadores que quieran aumentar sus conocimientos tecnológicos, especializándose en áreas con una alta empleabilidad y mejorando así sus expectativas profesionales y salariales. Para conocerlas de primera mano, IMMUNE colabora con gigantes como Google, SAP, Havas o Twitter y aplica un modelo de estudio basado en casos reales, con contenidos que evolucionan con el mercado, y también tiene en cuenta valores como la ética y el progreso social.

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Además, IMMUNE Technology Institute está concebido como un organismo vivo de conocimiento, donde las ideas y la tecnología son el motor de crecimiento. Por eso, de forma paralela a su oferta formativa, desarrolla eventos y ciclos de conferencias abiertos al público en general, como las IMMUNE TALKS, los IMMUNE DIALOGUES y los OPEN DAYS, en los que reúne a perfiles altamente cualificados, expertos, emprendedores y profesionales en tecnología con el objetivo de promover el acercamiento a esta materia, reducir la brecha de género en el sector y contribuir a divulgar el conocimiento en áreas como la ciberseguridad, la inteligencia artificial, o la ciencia de datos. Durante el mes de septiembre, IMMUNE pondrá también en marcha una serie de competiciones (hackathones), que buscan retar los conocimientos en tecnología de sus participantes, al tiempo que les ayudan a entrar en contacto con empresas líder que buscan ampliar su plantilla identificando a los mejores talentos del sector. Sin duda, una oportunidad que aprovechar en este año que nos cambió para siempre.

 

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