Defensa

Un capitán de la Escuela de Oficiales de Zaragoza salvó a sus compañeros de sufrir un accidente de autobús: el conductor se desmayó, él cogió el volante y frenó el vehículo

El pasado sábado, un autobús en el que viajaban un grupo de oficiales de la Academia General Militar de Zaragoza, que volvían de unas maniobras, estuvo a punto de sufrir un grave accidente. La rápida y resolutiva reacción de un capitán logró evitar una catástrofe.

Sus compañeros lo ven como a un auténtico héroe. De no ser por su actuación, las consecuencias del accidente podrían haber sido catastróficas. Finalmente todo quedó en un susto y en la sorpresa de la Guardia Civil que les atendió, que consideró el desenlace como un “milagro”.

Ocurrió el pasado sábado 28 de septiembre. Un autobús viajaba con destino a la Academia General Militar de Zaragoza con un grupo de alumnos de la escuela de oficiales en su interior. Procedían de una zona de los Pirineos, donde habían estado unos días realizando unas maniobras y ejercicios.

En un momento del viaje, el conductor que iba a los mandos del conductor sufrió un desvanecimiento y perdió el conocimiento durante unos minutos. Los ocupantes fueron conscientes de que algo no iba bien cuando vieron que el vehículo comenzó a dar bandazos de un lado a otro de la vía, chocando con los guarda raíles instalados a uno y otro lado de la carretera.

Mientras el autobús estaba fuera de control, uno de los oficiales cayó por la escalera trasera del vehículo, golpeándose y provocándose una lesión que finalmente se confirmó sin gravedad.

Fue un capitán del Ejército de Tierra quien logró solucionar el incidente: saltó de su asiento, en la parte delantera del autobús, y corrió por el pasillo hasta llegar al puesto de conductor. Tomó con firmeza el volante para estabilizar el vehículo, y finalmente logró detenerlo.

Minutos después, la Guardia Civil hizo acto de presencia en el lugar del suceso para levantar las correspondientes diligencias. Durante la evaluación de los hechos, los agentes allí desplazados les confesaron estar “sorprendidos” por  los escasos daños sufridos por el vehículo y por sus ocupantes. “Ha sido un auténtico milagro” les confesaron. Se habían llevado por delante más de cien metros de ‘quitamiedos’ y ni siquiera habían pinchado una rueda.

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