Defensa

Defensa desarrolla un sistema para detectar misiles contra aviones comerciales

El INTA ha expresado su preocupación por la gran diseminación de lanzadores portátiles ‘Manpads’ capaces de derribar aeronaves, como intentó ETA contra Aznar

Un terrorista del Daesh con un lanzamisiles en Siria.
photo_cameraUn terrorista del Daesh con un lanzamisiles en Siria.

Un terrorista o un insurgente con un sistema de defensa aérea portátil (‘Manpads’, por las siglas en inglés de “man-portable air-defense system”) al hombro, y un avión comercial que despega o aterriza de un aeropuerto.

Ese es el escenario que preocupa a expertos militares del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), el organismo público dependiente del Ministerio de Defensa que se dedica a la investigación científica y al desarrollo de sistemas y prototipos en el ámbito de la aeronáutica, el espacio, la hidrodinámica, la seguridad y la defensa.

Confidencial Digital ha podido saber que esa preocupación se ha traducido en un proyecto de investigación en el que el INTA, con un equipo liderado por un teniente coronel del Ejército del Aire, está desarrollando un “sistema de alerta de misiles con baja tasa de falsas alarmas para su aplicación en aeronaves civiles”.

Descontrol de lanzamisiles ‘Manpads’

Todo responde, según explican desde el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, a la preocupación expresada por expertos militares de este organismo. Estos expertos han alertado del peligro que supone la amenaza terrorista de misiles ‘Manpads’, debido a que “en los últimos años se ha producido una gran diseminación muy poco controlada de estos artefactos, lo que puede representar una seria amenaza para la aviación civil en zonas de conflicto o con amenaza terrorista”.

Los sistemas de misiles tierra-aire lanzados mediante un sistema operado por una sola persona, que sólo tiene que colocarlo en el hombro, apuntar y disparar, llevan décadas poniendo en peligro tanto el tráfico aéreo civil como los vuelos de aviones y helicópteros militares.

Tanto en escenarios de conflictos bélicos como en lugares con actividad de grupos terroristas, se han producido derribos de aeronaves con estos lanzadores de misiles. En España, terroristas de ETA trataron hasta en tres ocasiones de derribar con un sistema lanzamisiles Sam-7 el avión que transportaba a José María Aznar, cuando era presidente, al aterrizar o despegar en los aeropuertos de Foronda y Hondarribia.

Detecta la radiación infrarroja

Ante este amenaza, se puso en marcha un proyecto de investigación en el que toman parte el INTA, por parte de Defensa, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (que financia gran parte de la investigación), y una empresa privada, EME, que es quien lo lidera.

Desde el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial explican a ECD que por su parte se ha implicado en el proyecto el Departamento de Optoelectrónica y Misilística de la Subdirección General de Sistemas Terrestres. Al frente de este departamento se encuentra el teniente coronel del Ejército del Aire e ingeniero aeronáutico Jesús Sánchez García.

¿En qué consiste el sistema en desarrollo? Aunque todavía no se ha culminado, y sus responsables no aportan muchos detalles, en principio se trataría de implementar en un avión un sistema que con métodos de inteligencia artificial puede detectar la radiación infrarroja en varias bandas que emite un misil.

De esta forma, los pilotos del avión podrían recibir con tiempo suficiente la alerta de que se dirige hacia ellos un proyectil, y así tendrían la oportunidad de realizar alguna maniobra para evitar el impacto.

Fuentes del INTA destacan que, además de en la investigación en sí, el papel de este organismo de Defensa es clave para poder probar los prototipos del sistema con misiles reales y embarcado sobre aeronaves reales del propio instituto.

El calendario previsto es que los primeros prototipos estén listos antes de que termine este 2019, para poder realizar los vuelos de prueba durante 2020.

Soberanía en la protección de aeronaves

Defensa se ha implicado en este proyecto, que en principio sólo irá enfocado a aeronaves civiles, porque considera que “supone un elemento estratégico para un país que busque soberanía en la protección de las aeronaves ya sean civiles o militares, pues aparte del sistema hardware sensor es un sistema muy dependiente del entrenamiento y aprendizaje que cada usuario implemente de forma continua en el sistema”.

Además, en el INTA remarcan que “la dependencia de potencias extranjeras en esta tecnología crítica supone una dependencia tecnológica de muy alto coste y muy poco control sobre la tecnología aplicada, en algo que puede afectar muy gravemente a la seguridad”.

El sistema alertador de misiles en el que se está trabajando está pensado por el momento para su aplicación civil, “puesto que desde el ámbito militar, donde también se necesitan estos sistemas de protección, no se ha considerado por el momento como una opción posible el desarrollo de esta tecnología nacional, implementándose alertadores de empresas extranjeras”. Esa dependencia extranjera, como se ha señalado, es la que se quiere evitar en aeronaves civiles.

Una vez esté listo el sistema alertador, sería posible comenzar en el INTA con el entrenamiento de personal que tuviera que utilizarlo, para sacarle provecho en operaciones reales.

Financiación del Ministerio de Ciencia

Por ahora el proyecto lo lidera EME, una empresa privada, que será quien se encargue de buscar el retorno económico y la explotación comercial del sistema, una vez que esté listo, y para ello lo ofrecerá a posibles usuarios; por ejemplo, aerolíneas que puedan estar interesadas en implementarlo en sus aviones comerciales, así como los propios fabricantes de aviones.

El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial tiene esa participación destacada, a través del Departamento de Optoelectrónica y Misilística de la Subdirección General de Sistemas Terrestres que está trabajando en el proyecto.

Un tercer impulsor de la investigación es el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. A través de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación y de la Agencia Estatal de Investigación, aprobó en 2017 la concesión de ayudas correspondientes a la convocatoria RETOS-Colaboración del Programa Estatal de Investigación, Desarrollo e Innovación Orientada a los Retos de la Sociedad, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016.

Uno de esos proyectos RETOS es este dedicado a contar en España con un sistema de alerta de misiles con baja tasa de falsas alarmas para su aplicación en aeronaves civiles.

Del Sahel a Venezuela

Más allá del intento de atentado de ETA contra Aznar ya mencionado, en los últimos años los lanzadores portátiles de misiles tierra-aire han provocado alertas en distintos contextos, y de ahí puede proceder la preocupación de los expertos militares del INTA.

En 2012, El País se hizo eco de los informes de varios países europeos que alertaban de que grupos yihadistas extendidos por África, como Al Qaeda en el Magreb Islámico (en Malí) y Boko Haram (en Nigeria), habían tenido acceso a parte del arsenal de lanzamisiles portátiles de fabricación rusa SA-7 y SA-24 que tenía que ejército libio.

Con la caída del régimen de Gadafi, militares y mercenarios libios habían tomado el control de parte de los 20.000 lanzamisiles y lanzagranadas de este tipo, y se tenían datos de que algunos habían sido vendidos a esos grupos yihadistas antes citados.

Al otro lado del Atlántico, en Venezuela, el régimen de Nicolás Maduro presume de haber repartido miles de unidades del Sistema Misilístico Antiaéreo Portátil “IGLA-S” entre los simpatizantes chavistas que integran las Milicias Bolivarianas.

La exhibición de esos lanzamisiles podría tener como objetivo disuadir a Estados Unidos o a otras potencias extranjeras de intervenir militarmente en Venezuela ante la crisis del país caribeño.

Además, y junto a otros conflictos en los que se han utilizado (Vietnam, Líbano, Angola, Irak), destaca el caso de Afganistán en los años 80. Estados Unidos suministró lanzamisiles SA-7 y Stinger a los muyahidines, que con ellos consiguieron derribar un buen número de helicópteros y algunos aviones soviéticos.

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