Defensa

Estupor entre militares por las armas enviadas a Ucrania: “Las Ameli se retiraron del Ejército porque fallaban mucho”

“No disparaban muy bien a ráfagas, se encasquillaban y se calentaban”. Fueron sustituidas en 2012. Reino Unido devolvió 600 unidades tras probarlas

Carga de material para Ucrania en un A400M del Ejército del Aire (Foto: Ministerio de Defensa).
photo_camera Carga de material para Ucrania en un A400M del Ejército del Aire (Foto: Ministerio de Defensa).

“Pensaba que íbamos con Ucrania, al ver que enviamos las Ameli, sé que vamos con Rusia”. No se trata de un chiste, ni de un comentario aislado, sino de una opinión que resume la reacción de un buen número de miembros de las Fuerzas Armadas al leer las noticias sobre las armas que España ha aprobado enviar a Ucrania para apoyar la resistencia frente a la invasión rusa.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, dio en una entrevista concedida a Antena 3 algunos detalles del envío de armas ofensivas que Pedro Sánchez había anunciado esa misma mañana en el pleno del Congreso de los Diputados.

Robles reveló que se iba a entregar a Ucrania 1.370 lanzagranadas, 700.000 cartuchos de fusiles y de ametralladoras, y también ametralladoras ligeras.

Aunque oficialmente no se han confirmado los modelos concretos, extraoficialmente se da por hecho que los lanzagranadas son C-90 y Alcotán 100, de uso en el Ejército de Tierra y en la Infantería de Marina.

También se ha apuntado el modelo de ametralladoras ligeras que se estarían cediendo a las fuerzas ucranianas: la Ameli. La mención de esa ametralladora ha provocado un aluvión de comentarios, entre jocosos, abochornados e indignados, entre muchos militares, desde soldados veteranos hasta generales.

Retiradas por lo mucho que fallaban

Que les hemos colado las Ameli, qué par de cojones. El mensaje va a acompañado de una foto del telediario de La 1 de TVE con foto del armamento que España ha decidido a Ucrania.

Confidencial Digital ha podido saber que ese comentario se ha viralizado y circula en numerosos grupos de WhatsApp y chats que comparten militares, principalmente del Ejército de Tierra. Y han sido muchos los que han secundado ese análisis.

Fuentes militares bien situadas confirman a ECD que las ametralladoras Ameli fueron retiradas del servicio hace unos años, por los problemas que dieron mientras se usaron. Cuentan sus propias experiencias, cuando estaban al mando de unidades que tenían la Ameli como arma de dotación.

El problema es que estas ametralladoras “fallaban mucho”. Se terminaron retirando cuando llegaron las AML MG4 de Heckler & Koch. Estas últimas continúan en servicio en el Ejército de Tierra.

 

Sustituidas en 2012

En la web de Tierra aún se puede consultar una nota de marzo de 2012 en la que se contaba que “en el último trimestre de 2012, la Sección de Armamento y Sistemas de Artillería (SASAR), de la Dirección de Sistemas de Armas (DISAR), culminará el proceso de adquisición de la ametralladora ligera MG-4E, diseño de la empresa alemana Heckler & Koch (H&K)”.

En esa noticia se informaba de que “la llegada de la MG-4E desplazará a la Ameli -de la que se adquirieron muy pocas unidades-, aunque no significará el abandono de la MG-42/58 (en sus versiones 1A1, 3 y 3S)”.

Materiales débiles

El proceso de incorporación de la MG4 comenzó en torno a 2008. El asunto se comentó por esas fechas en distintos foros militares, donde se celebró que por fin se fuera a adquirir una ametralladora ligera que fuera a sustituir la Ameli:

-- “Lo que tendrían que hacer con la MG4 es usarlas para quitar a las Ameli del mapa”, “Las Ameli ya las chutaron porque salieron malillas (por no decir algo peor)”...

Un análisis más extenso señalaba que “la AMELI, desde su puesta en servicio, ha resultado ser problemática (sobre todo, poco fiable) con respecto a sus modelos de preserie. El desempeño de múltiples misiones en el extranjero por parte de las FF.AA. españolas, sobre todo en zonas de guerra, cuestionó la operatividad de dicha ametralladora ligera. Finalmente, la situación —ya insostenible— ha obligado a tomar cartas en el asunto”.

Algunos militares apuntaban entonces que “el problema consiste en los materiales del cuerpo de la Ameli, eran materiales de composición débil, y tenía problemas de ráfaga sostenida y otros muchos, los británicos se llevaron algunas para probarlas”.

Reino Unido devolvió 600

Mandos del Ejército de Tierra confirman estos problemas, y añaden un dato: “Reino Unido compró 600” unidades de esta ametralladora, “y las devolvió al poco”, sin pagarlas.

La Ameli fue diseñada por el Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales, CETME, el instituto de investigación armamentística que puso en marcha la dictadura de Franco para superar el aislamiento internacional a España tras la Segunda Guerrra Mundial.

La página de Wikipedia sobre la ametralladora CETME Ameli recoge los problemas que tuvo este modelo:

-- “El Ejército Británico adquirió seiscientas unidades para el Special Air Service, el Special Boat Service y las tropas paracaidistas después de los buenos si no excelentes resultados que dieron sus prototipos, superando las prestaciones de la FN Minimi y la H&K-33E, pero terminó devolviendo los ejemplares de serie antes de que pasara el plazo de evaluación por los deficientes resultados y fallos de funcionamiento, así como por su escasa fiabilidad tras las condiciones de combate de un asalto anfibio o desembarco (barro, arena, agua, etc), fiasco achacado a la poca calidad de los materiales empleados en un intento por reducir costos (su precio era la mitad que el de la Heckler & Koch HK21 alemana)”.

-- “En España tan sólo entraron en servicio unas 300 unidades, la mayoría destinadas a la Brigada Paracaidista y unidades de élite del Ejército de Tierra y de la Guardia Civil, así como la Infantería de Marina, la cual introdujo modificaciones menores tales como añadir refuerzos y soldaduras adicionales para tratar de paliar sus problemas de funcionamiento”.

Con este relato coinciden páginas especializadas en armamento, como El Blog de Tiro Táctico: “Fue un gran diseño, que fracasó por su deficiente calidad en los materiales y la fabricación”.

En otra página, "Armas de fuego", se destaca que por su diseño apuntaba a ser "la mejor ametralladora existente en el mercado en aquellos años (si el SAS quería adquirirlas sería por algo)”, pero la realidad fue muy distinta: “El mal resultado de la ametralladora AMELI, ya fabricada en serie, se debió a la poca calidad de los materiales empleados en un intento por reducir costes (su precio era la mitad que el de la Heckler & Koch HK21 alemana), así nos fue”.

Se atascaba y encasquillaba

ECD ha consultado también con militares que tienen experiencia directa del uso de la Ameli, y que no guardan buen recuerdo de este modelo. “Ameli, ametralladora española ligera, lo único cierto es que era española; de ametralladora no disparaba muy bien a ráfagas (como tiene que tirar) y de ligera tenía más bien poco”, describe un militar.

Destaca también que se calentaba y se encasquillaba de forma habitual. A eso se añadía el óxido que se formaba con el tiempo, y los problemas que daba en los primeros disparos si se le había metido óxido, barro, arena o agua, lo que podía ser especialmente problemático en unidades de Infantería de Marina, que la utilizaban en ejercicios de desembarco anfibio en playas.

“Les reventó el cartucho en la cara”

En los últimos días se han multiplicado los comentarios críticos y sarcásticos sobre el envío de Ameli a Ucrania. No se trata sólo de mensajes de tuiteros críticos con el Gobierno de Pedro Sánchez: en grupos y foros de miembros de las Fuerzas Armadas se repiten estos días las opiniones contra estas ametralladoras:

-- Hay militares que relatan que a compañeros de unidad “les reventó el cartucho en la recámara y casi pierden la vista”.

-- “Los que hemos sido tiradores de Ameli sabemos que es la única ametralladora del mundo de repetición. De 100 cartuchos: dispara 50 y los otros 50 intactos expulsados (se los puedes dar al binomio). ¡Les encantará!”.

-- “Das diez tiros y se encasquillan, el material con el que están fabricadas es penoso”.

-- “La Ameli nos la compraron los SAS británicos y las devolvieron”.

-- “Lo que no quiso UK ni nosotros mismos se manda a Ucrania, chatarra proclive a la interrupción constante, disfrazada de ayuda”.

-- “Se han sacado mierda de las armerías”.

-- “Ya daba interrupciones estando nueva, pues ahora... munición que CETME no ha vuelto a fabricar”.

-- “Así se las quitan de encima. Te deshaces de ellas y te convences de que estás ayudando”.

-- “Lo bueno es que si esos suministros los capturan los rusos tampoco les van a valer”.

-- “Eso más que enviarles ayuda es enviarles una indirecta”.

-- “Está claro que vamos con los rusos”.

En foros, redes sociales y comentarios de medios se repiten estos días las críticas. Hay quienes, con ironía, piden a los ucranianos que no usen las Ameli, sino que las vendan como piezas de coleccionista para comprar armas mejores.

Otros detallan los problemas que tuvieron: se encasquillaban al disparar, se atascaban si les entraba agua o barro, y tenían muy poca precisión si no era a corta distancia. Incluso se rompían en algunos saltos paracaidistas. De ahí que fracasara cualquier opción de exportarla a otros países.

Rebuscando en los polvorines

El mismo día que Sánchez anunció el giro del Gobierno a favor de enviar armas ofensivas, El País reveló que las Fuerzas Armadas estaban “rebuscando en sus polvorines” armamento para ser enviado a Ucrania.

Ese armamento salió desde la base aérea de Los Llanos, en Albacete. Han volado hasta países limítrofes con Ucrania -se apunta que Polonia- en aviones A400M del Ala 31 Ejército del Aire, que tienen su base principal en Zaragoza.

El hecho de que aviones con base en Zaragoza volaran hasta Albacete para recoger las armas también ha suscitado comentarios. Los primeros envíos de material defensivo (chalecos antibala, cascos, equipos médicos...) partieron desde Torrejón de Ardoz.

Hay quien apuntaba que podía ser una forma de exhibir el compromiso de España con Ucrania ante militares extranjeros que se encuentran en la base de Los Llanos para participar en la edición del Tactical Leadership Programme (TLP), un curso para pilotos de aviones de combate.

Otros señalan otra posible explicación: las armas donadas a Ucrania podrían estar almacenadas en el polvorín que el Ejército de Tierra tiene en Chinchilla (provincia de Albacete), a 20 kilómetros de la base de Los Llanos.

Los CETME L para los kurdos

No es la primera vez que el envío de armas españolas a un conflicto armado provoca cierta polémica entre los militares. Confidencial Digital ya contó un episodio parecido en 2014, con motivo de la guerra en Siria.

En esas fechas, la OTAN estudiaba armar a las milicias kurdas que se enfrentaban a la vez al régimen de Bachar Al Assad y a los yihadistas del Daesh y otros grupos islamistas radicales.

Desde España se ofreció el envío de 25.000 fusiles, del modelo CETME L. La idea provocó entonces, como ahora las Ameli, el estupor de muchos militares: esos fusiles se habían retirado por balas atascadas, problemas de puntería y otros fallos.

Por eso se encontraban miles de unidades, algunas sin estrenar, en polvorines y almacenes militares de toda España.

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