Denuncias de los lectores

El acoso, arma de gestión del mando en el Ejército

Piquete de Honores del Ejército de Tierra.
photo_cameraPiquete de Honores del Ejército de Tierra.

En pleno debate sobre la falta de comunicación en la cadena de Mando en las fuerzas Armadas puesta en evidencia por el Cocinero Chicote y junto a la ausencia de derechos civiles dentro del ambiente militar, emerge como herramienta de gestión del Mando el Acoso Laboral que sufren los militares desde el corneta al general.

Se mastica la actitud por parte de los responsables del Ministerio en promover protocolos de actuación para aislar al margen del derecho a todo militar al que se le etiquete de “no ser de los nuestros”.

Aislados en sus cuarteles estos militares “etiquetados” son abandonados, haciéndoles cumplir estrictos horarios para no recibir órdenes ni realizar tareas, acosados, a su propia suerte abandonados, quitándose sus jefes directos de en medio.

Las denuncias que presenten en sedes militares y judiciales serán archivadas o sencillamante extrapapeladas, para evitar ser oficialmente conocedores sus jefes de Unidad, y eludir así el investigar la creciente serie de casos por ese motivo que se están dando en las diferentes unidades, centros y organismos.

El jefe del Ejército de Tierra mediante la Instrucción Técnica 07-19 (IT) del Ejército de Tierra, ya ha creado el espacio de la duda sobre su propia gestión de este monstruoso agujero en la línea de flotación del Ejército: la disciplina socavada por el abuso de autoridad.

Ya han pasado más de treinta años del nuevo código de Justicia Militar y de los comentarios del jurista castrense Rodrigues Villasante: “el abuso de autoridad no denunciado es la cifra negra de los delitos militares en España”.

El documento del Jefe del Estado Mayor y de forma clara, inequívoca y específica excluye la consideración de acoso cuando este se da entre militares.

A modo de ventilador difumina el más grave delito contra la disciplina en algo que podría ser debido a las diferentes sensibilidades, pareceres y posibilidades de acudir a otras jurisdicciones en las que se deberían juzgar los diferentes casos, ya que en esta ocasión son civiles y militares en sus relaciones laborales los que se ven afectados.

Hablamos  aquí de que se contemplen los abusos como actos desde un punto de vista disciplinario, el propio Régimen Disciplinario en su preámbulo contempla que otro militar puede acosar laboralmente diciendo “…implican acoso tanto sexual y por razón de sexo como profesional…”.

Estamos denunciando la intencionalidad de crear protocolos sólo donde sí que hay intereses políticos, que ayuden a detectar y castigar estos acosos, por la oportunidad de imagen para los jefes en sus aspiraciones a merecer ascensos y carrera.

Lo que observamos en la realidad es que  las víctimas sí denuncian la situación suelen acabar con un expediente de falta de aptitudes psicofísicas que finalmente les expulsa del ejército. Se acallan desde altos estamentos cuantos partes son presentados por las víctimas y si alguno en su lucha llega más lejos presentando denuncia ante el Tribunal Militar Central éste suele abrir diligencias y sobreseer a la vez, sin dar ocasión a la victima de ver la cara del propio juez al que haya correspondido el caso.

Hemos tenido acceso a un caso en el que tras denunciar el acosado a su coronel por abuso de mando “mantener ocioso a un comandante sin asignarle tareas de trabajo, y cuando éste le pedía cometidos su coronel le ordenó transcribir un poema de Calderón de la Barca al ordenador o le pide corregir el catálogo de dichos de su pueblo porque tiene muchas faltas de ortografía” dicho tribunal abre diligencias previas y archiva en un mismo acto en base a la falta de “intencionalidad espuria del coronel si bien pudiera ser objeto de leves faltas” que nunca serían sancionadas.

El abuso de autoridad en las Fuerzas Armadas alcanza a todos por igual siendo desde el recluta al coronel importunados cuando se desea que hagan algo que por ley no están obligados a admitir, y sí denunciar.

La falta de regulación en este sentido y certificada por el mismo General que da cobertura a unos sí y a otros no, es lo que dispara las alarmas, ya que el actual responsable del Mando de Personal del Ejército de Tierra el General Teodoro Baños, cierra la puerta doblemente a sus subordinados, ya que esta asociación ha conocido la contestación emitida por el sr Baños a uno de sus hombres cuando le solicitaba precisamente que le informara del Protocolo de actuación en estos casos del Ejército de Tierra, contestando ese mando “…no existe un protocolo de actuación frente al acoso laboral para los militares…”

El general Baños se apoya en las malas prácticas que ya dejará sentadas su predecesor el general Mena Aguado como Mando de Personal: ser el único con poderes absolutos para dirimir las cuestiones de personal quitándole esas competencias a los Mandos Regionales. De este modo la Autoridad del Maper (Mando de Personal) se convierte en el Gran Hermano del Ejército Pretoriano en que se han convertido las Fuerzas Armadas Españolas.

Los Servicios Jurídicos de las Fuerzas Armadas contaminan con “triquiñuelas” los informes que emiten para facilitar la inacción del ET en estos casos y continua dejando a sus subordinados sin la protección que debe dar cómo mando jerárquico, dejando de perseguir una falta disciplinaria, y abandonándolos a su suerte instándolos a denunciar ante los tribunales castrenses diciendo “…lo que no obsta para que el interesado, caso de considerarse victima de tal caso de acoso, puede ejercer acciones disciplinarias y penales que tenga por convenientes”. A buen seguro se imagina, como en el caso que mencionábamos, cuál será el resultado final de dicha denuncia.

De esta manera estos mandos obtienen su plácer de “autoridad que no abusa pierde prestigio” y poder seguir actuando con impunidad.

Juan Manuel Molina Valdés  “Investigador Militar Operativo”. Comandante de Artillería. De Militares para la Democracia.

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