Denuncias de los lectores

De estupidez e injusticia: el tren de Algeciras

Generalmente van aparejadas pues la estupidez desconoce el estado de las cosas y los intereses de los demás centrándose en el provecho propio como si uno fuera el centro del mundo y esto lleva consiguientemente a la injusticia. Una clara manifestación de lo antes dicho se refleja en un problema que aqueja al Sur de España y con ella a todo el país.

Los gobiernos centrales, regionales y locales han estado ocupados en mil asuntos descuidando lo más importante: La red ferroviaria inexistente en el puerto de Algeciras. Como es bien sabido, éste es uno de los 4 puertos mayores y con más tráfico de Europa junto a Hamburgo en Alemania, Rotterdam en Holanda, Amberes en Bélgica.

En cualquiera de los otros 3 países, que conozco bien, sería inconcebible que no hubiera trenes a las ciudades importantes tanto para personas como para mercancías. Esta falta supone una carga enorme para las carreteras, llenas de camiones con contenedores, transporte mucho más caro y peligroso que si se hiciera en trenes de mercancías, por lo menos en parte.

Mientras que el puerto de Algeciras se ha agigantado en 60 años, teniendo una de las plataformas de desembarco de contenedores mundiales, que llegan aquí, no sólo para nuestro país sino para otros países de Europa, las estructuras ferroviarias han quedado totalmente obsoletas, y ni siquiera las personas pueden viajar directamente a Madrid, no ya en un tren de alta velocidad, sino en cualquier tren, sin hacer transbordos.

Desde Sevilla, Málaga, Granada, Córdoba, se atienden las propias provincias y las limítrofes en trenes de media distancia, a Algeciras hay que viajar desde estas capitales en autobús. Y no digamos ya fuera de Andalucía. Cuántos problemas se ahorrarían nuestros exportadores si pudieran mandar las mercancías a Francia por ferrocarril. Desde hace unas semanas una asociación Andaluciabay20.30 ha formado una plataforma llamándola “Un siglo sin tren” y se reúnen frecuentemente en la Plaza Alta de allí para reclamar de las autoridades el final de tanta estupidez e injusticia, que perjudica al Campo de Gibraltar y a España entera. Esperemos que sean oídos.

Angela M. Morón Ramos

Catedrática de Filología e Historia. Máster en Traductología

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