Denuncias de los lectores

Mi puente

El 25 de octubre cumplí 88 años, estoy débil y cada día que pasa me siento más vulnerable, me siento viejo y el peso que llevo encima me está resquebrajando por dentro.

Nadie se ha preocupado por mí durante estos largos años, en los que he visto pasar mucha agua y solo se han acordado de poner un poco de chapa, pintura y una fina capa de brea para eliminar las imperfecciones del suelo.

Así se siente el puente de Gelsa y todos los que a diariamente pasan por él, médicos, profesores, transporte, empresas, vecinos, todos ven como se queja y nadie hace nada por él.

Hoy escribo estas líneas, ayer lo hizo una niña de once años.

Susana Tolosana

MI PUENTE

Y pensar que hoy un pedazo de puente se ha destrozado, cada camión, cada coche, cada bicicleta, cada volada de aire es crucial para el puente, y cada vez, sin darnos cuenta, sin pararnos a pensar en lo de después, se acerca un poco más es momento, ese momento que nadie quiere nombrar pero sabemos que un día va llegar.

Somos conscientes de que nos puede pasar a cualquiera, a mí, a mi profesor, a tu mejor amigo o… a ti, si a ti también, al mismo lector que está presente leyendo mi relato.

Cuando voy en coche cada vez que noto en el asiento el temblor de las piedras que hay en el puente, mis ojos se abren como platos, trago saliva, comienzo a sentir una intensa tensión, mis manos, sin pensarlo, como si de algo automático se tratara pulsan el botón del cinturón y lo desabrochan, abro la ventanilla y apoyo mis manos sobre el pomo de la puerta, tan sólo son apenas 10 segundos, 15 como mucho en los que me pregunto si hoy es el día, si es ese día que nadie quiere nombrar, me pregunto si voy a ser yo y mi familia a los que nos ha tocado esa macabra lotería, llego a la arcada en la que ya no hay agua debajo, empiezo a respirar, 5 segundos más y…. por fin se acaba el horrible momento, expiro como si se me fueran a salir los órganos por la boca, mis manos, ya conscientes de lo que hacen, vuelven a abrochar el cinturón y a cerrar la ventanilla, esta vez nos hemos salvado.

Soy sólo una niña de 11 años pero quiero lanzar una frase, si, una simple oración la peor oración pronunciable que, en realidad no se pronuncia, se siente, se teme y que ojalá nunca la sintáis como nosotros, los que vivimos en Gelsa pensamos, sentimos pero no pronunciamos, es la siguiente:

Nuestro destino depende de la resistencia de un hilo apunto de desgarrarse.

Todavía tengo mucho que pensar, que sentir, que hablar, que escribir ¿Me ayudas?

María Hernando

Barandilla rota del puente.

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