Dinero

Los ‘reyes del ladrillo’ resucitan. Fernando Martín (la mayor suspensión de pagos: 5.100 millones) vuelve a la vida social y reaparece Enrique Bañuelos

Fernando Martín, dueño de Martinsa-Fadesa, protagonista de la mayor suspensión de pagos de la historia, ha vuelto a la vida pública: ayer acudió al Foro Nueva Economía. Es el segundo empresario inmobiliario que reaparece tras una sonada caída, porque también ha empezado a dejarse ver Enrique Bañuelos, protagonista del escándalo de Astroc.

Bañuelos, asentado hoy entre Brasil y España, salió de la nada, embarcó en su inversiones hasta a Amancio Ortega, sacó a bolsa su inmobiliaria Astroc a 6,4 euros y llegó a valer la acción 70 euros, pero pinchó como un globo y cayó a menos de 2 euros. Dimitió, colocó la empresa a Rayet, otra inmobiliaria, y él se esfumó. Ahora se le empieza a ver de nuevo por España.

La mayor suspensión: 5.100 millones

Fernando Martín también ha vuelto a los actos públicos, de los que faltaba desde julio de 2008, fecha en que presentó concurso de acreedores por 5.100 millones de euros, acosado por una docena de bancos y cajas, a los que no podía pagar.

También se esfumó como por ensalmo, incluso se sugirió que había abandonado España. No aparecía ni por los palcos del Bernabéu, aunque había sido presidente del Real Madrid.

Sólo se sabía de él por su abogados, que llevaban la suspensión de pagos, y por la querella contra Manuel Jové, el empresario gallego al que compró Fadesa en 2006 y al que acusaba de haberle engañado “en la valoración de activos” y de engordar el precio.

Su vuelta ahora a la exposición pública y a codearse con la crema del sector empresarial y financiero se debe a dos hechos: el levantamiento de la suspensión de pagos en 2011, y que este año comienza a pagar sus deudas a los acreedores bancarios.

Efectivamente, en marzo de 2011 levantó la suspensión de pagos tras el acuerdo con el 73% de sus acreedores, con un plan de pagos diseñado por Caixa Galicia, Caja Madrid, La Caixa y Banco Popular, principales acreedores.

Los bancos le atornillaron de modo que no haría ninguna quita de la deuda pero a cambio le daban 8 años, ampliables a 10, para pagar los 7.000 millones de deuda. Se le fijaba una carencia por todo el año 2011 y pagaría a partir de 2012, cosa que ha empezado a hacer, pero con amortizaciones pequeñas, del 0,25% al 0,50% y cadencia creciente.

El sector inmobiliario sigue hundido pero los empresarios del ladrillo parecen incombustibles, como si no hubiera crisis.

 

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