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IGNACIO LÓPEZ-GOÑI es catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra y divulgador científico. Acaba de publicar ‘Preparados para la próxima pandemia’, un libro a medio camino entre el documental, el examen de conciencia, las recetas aprendidas y un bocinazo de ciencia que exige a los políticos que dejen de ser un fraude y muten en líderes pluripotenciales.

Ignacio López-Goñi: “Se nos viene encima una auténtica posguerra”

Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología, enciende la ciencia sobre un fondo negro oscuro casi luto.
photo_camera Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología, enciende la ciencia sobre un fondo negro oscuro casi luto.
Catedrático y divulgador. El mix existe y tiene eco. El hombre que te explica un virus con un ferrero roché es uno de los tertulianos de la ciencia más influyentes de España. En plena resaca entre olas, acaba de publicar Preparados para la próxima pandemia: un jarro de agua fría para quien espere una navidad sin posguerra. Entre las aulas y el ágora digital mira de frente este guernica: una sanidad en las raspas, bolsillos tiesos, jaquecas de incertidumbre, muertes congeladas de soledad y peleítas de banderas de gobiernos adolescentes. Tiene más miedo a la gestión política que a este coronavirus. Está convencido de que la vacuna llegará antes que el pacto político, “por desgracia”. Apuesta por sobreactuar antes que enterrar. Aplaude a Asturias y a Galicia por ser las más rápidas. Si la ciencia fuera una mujer, él la pinta con los ojos extenuados, la mirada cansada, y atada al respirador de la vocación profesional de su gente que lo alimenta casi todo. Cenicienta en el laboratorio. Pepe Gotera y Otilio y desconchones al microscopio. Paciente: ciencia española. Diagnóstico: “agonizante en la UCI con unas ganas de vivir bestiales”. Su vaso medio lleno: “las pandemias tienen un principio y un fin”. Aunque la incompetencia política sea crónica.

Entre dudas, miedos, mentiras, sustos, test, temores, incertidumbres, memes y ruedas de prensa, stop y ciencia. Hace dos semanas llegó a las librerías Preparados para la próxima pandemia y hemos apagado las luces de Navidad antes del Puente de la Almudena.

Firma de impacto: Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra y divulgador científico. Un vector de credibilidad en las aulas, y también en las redes sociales, ese rápido de agua clara y mierda cruda donde nos bandeamos todos cogiendo por los pelos un flotador pinchado sin miedo a pisotearnos para que sobreviva nuestra razón. Hay nenúfares. Hay marcas de uñas desolladas contra rocas. Y también algunos mojones con cara de bulo que flopean a su aire como pirañas de arcilla que lo pringan todo.

Flash back. A caballo entre la dictadura y la democracia. Tonos melocotón. Con ocho, nueve, diez años, López-Goñi sale del colegio para ver en la tele al virus que le trajo a la ciencia. Félix Rodríguez de la Fuente está en el campo entre abejarucos y ha pescado una vocación científica joven en una esquina de Pamplona. El hombre -y la tierra- que está detrás de @microBIOblog decide ser veterinario, hasta que un día descubre que para asistir el parto de una vaca debe calzarse un guante hasta el hombro y le hace una cobra a su destino. Coloca su apuesta al rojo vivo en los animales más pequeños.

En la facultad de Biología de la Universidad de Navarra encuentra el amor bio. Un buen profesor -Ignacio Moriyón- le atrapa con pedagogía en las redes telescópicas de la Microbiología. En aquel paraíso de bacterias, López-Goñi avanza de la mano de su microorganismo preferido: la brucella. Para arriba. Para abajo. Tesis. Postdoc.

Hace ahora casi una década, cuando sobrevolábamos la gripe aviar, una pregunta sin pretensiones le rompe la burbuja: ¿Qué me cuentas de ese virus? Entonces, el científico se dio cuenta de que había perdido visión por el ojo de la ciencia reduciendo la sabiduría a unos cocobacilos que ni siquiera generan esporas… Ese día, a esa hora, López-Goñi decidió leer cada semana artículos científicos que trascendieran la brucella y contarlos en plata al vulgo en un blog. Se hizo divulgador contando cuentos reales de microorganismos. Y aquí sigue, con la mecha encendida, dando luz a un mundo confinado que sabe que cree en la ciencia, pero no sabe por dónde le entran los goles.

Suena la banda sonora del mítico programa del eterno naturalista.

Como en un paseo por los volcanes vivos de una pandemia interminable. Como detrás de un sanfermín de cuernos sin alma. En modo-ciencia, hablamos con un hijo desconocido de Rodríguez de la Fuente cogiendo al toro -bicho, país, amenaza- por las solapas de un libro.

Preparados para la próxima pandemia. En medio de la segunda ola, usted ya avisa de que hemos entrado en bucle…

No sabemos si hemos entrado en un bucle, como tampoco sabíamos hace unos meses si habría segunda ola. El SARS acabó desapareciendo y el MERS se quedó sin ser pandémico, pero otras epidemias de gripe han sido un constante tsunami con olas más fuertes que la primera. Eso sí: vemos que la segunda ola se ha levantado antes de lo que esperábamos.

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La dedicatoria de su libro, reza: “Por las familias que no pudieron despedirse de sus seres queridos con un último adiós. Nunca más”. ¿Se podrían haber evitado esas sepulturas congeladas y esas mortajas de tremenda soledad?

Posiblemente no. Personalmente, hasta el 6 de marzo, después de leer una entrevista a un epidemiólogo británico, pensé que esto no iba a ser para tanto. La dedicatoria tiene que ver con que lo más terrible y duro de esta pandemia es esa gente que ha muerto sola y esas personas que no se han podido despedir o lo han tenido que hacer por teléfono… Es la cara más dramática de lo que hemos vivido hasta ahora.

“Un virus diez mil veces más pequeño que un milímetro ha sido capaz de cambiar el mundo”. ¿Nuestra sociedad ha mutado con el coronavirus? ¿Estamos ante un cambio coyuntural o ante una especie de reset?

Hay cosas que no podrán ser iguales nunca más, pero no sé cuáles. La COVID-19 pasará a la historia como el gran confinamiento o la gran pandemia de 2020, y traerá sus consecuencias. De todas las pandemias hemos salido más pobres y con mayor desigualdad social, y esta no va a ser menos. Hay quien dice que la recuperación será rapidísima, pero lo cierto es que no lo sabemos.

“De todas las pandemias hemos salido más pobres y con mayor desigualdad social, y esta no va a ser menos. Solo la ciencia, el conocimiento y la cooperación nos sacarán de esto”

 

Dice usted que la solución para esta pandemia y las que vengan está en la ciencia y en la cooperación. ¿Hay motivos para saber que esa lección la hemos aprendido?

Me gustaría que aprendiésemos que solo la ciencia, el conocimiento y la cooperación, a todos los niveles, nos sacarán de esto. Nos ha quedado claro que las pandemias son globales, como hemos visto desde el año 2000 con brotes epidémicos importantes y constantes: la gripe A, el ébola, el zica, el SARS, este coronavirus… Cuando los problemas son globales, las soluciones deben abordarse en clave de humanidad.  

¿Qué ha aprendido usted como científico y como divulgador?

La pandemia me está sirviendo para reflexionar más sobre cómo funciona y cómo comunicamos la ciencia. Al principio pensé que la cantidad de información que estábamos recibiendo sobre este coronavirus era una noticia buenísima, porque estábamos aprendiendo más de esta enfermedad de lo que hemos aprendido de otras patologías durante lustros.  Al final resulta que el exceso de información se ha vuelto en nuestra contra. En estos momentos hay más de 70.000 artículos científicos sobre la cuestión y es imposible digerir esa cantidad de información. Y entre esos artículos hay también auténticos bulos, auténticas mentiras, auténticas basuras, que, además, se retroalimentan, dando lugar a fake news. Igual en ese mar de publicaciones está la solución, pero no somos capaces de encontrarla ante semejante súper producción.

¿Qué ha aprendido como profesor?

La importancia de la formación. A mis alumnos les digo que son unos privilegiados: no es el momento de quedarse dormidos. No es el momento de la fiesta o del botellón. Es el momento del conocimiento y estáis en la Universidad, el mejor sitio para empaparos de ciencia.

¿Y qué ha aprendido como padre?

Que, al final, la familia es donde nos refugiamos. Nunca es tarde para volver al nido.

“Ya hay más de 70.000 artículos científicos sobre la pandemia y es imposible digerir esa cantidad de información. Igual en ese mar de publicaciones está la solución, pero no somos capaces de encontrarla ante semejante súper producción”

 

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Hablaba antes de que la sobreinformación científica ya es desinformación. ¿Cómo hacemos para que a la ciencia no le suceda lo que ya padecen los medios de comunicación desde hace años?

Las consecuencias de esta pandemia cambiarán a la larga el sistema de comunicación de la ciencia. Tú tienes que pagar por publicar, y tienes que pagar por leer el artículo. Además, la propia carrera profesional científica se mide por el número de tus artículos y el lugar de su publicación. Eso, llevado al límite, acaba pervirtiendo el sistema. En la ciencia hay gente muy buena, pero también existen pufos. En una situación como la actual, esa convivencia equidistante que no criba ha generado un caldo de desinformación tremendo. Probablemente habrá que darle una vuelta al sistema de publicación científica y a la famosa revisión por pares, porque se ve que es un mecanismo que está corrompido.

¿Las redes sociales han ayudado o están entorpeciendo el camino hacia el final de la pandemia?

En principio las redes sociales permiten una comunicación global y rápida, pero en este punto han estorbado. Es la primera vez que vivimos una pandemia en tiempo real, con una cantidad de información bestial y, encima, con las redes sociales. Como publicó Science hace unos años, las noticias científicas falsas se retuitean y se diseminan muchísimo más rápido que las informaciones verdaderas. Como hoy todo el mundo sabe de todo y cualquiera puede escribir y publicar lo que le dé la gana, nos encontramos con una sobreinformación sin filtro que se nos atraganta. Pienso que los bulos, el negacionismo, y las fake news han sido perjudiciales para luchar contra la pandemia. Y esos bulos no proceden siempre de gente ignorante. Ahí tenemos al famoso grupo de los Médicos por la verdad, todos ellos licenciados en Medicina, y usando las redes para decir barbaridades.

¿Las navidades de 2020 serán de posguerra?

Sí. Me da mucha pena decirlo. Y no solo las navidades… Nos quedan meses muy duros, por eso me da más miedo la gestión política que el propio virus. Hay gente a la que no le gusta que usemos términos bélicos, pero es que estoy convencido de que vivimos una guerra contra un enemigo invisible que nos lleva la delantera, que va ganando y que campa a sus anchas por todo el planeta. Independientemente del número de bajas que haya, dejará una economía y una sociedad absolutamente tocadas. Ante esta situación, deberíamos exigir a los dirigentes -en España, y en todo el mundo- una visión más amplia para hacer frente a la pandemia. En nuestro país urge un gran pacto de Estado sanitario y económico, y quizás ese acuerdo deba tener dimensiones europeas, porque ver como cada país de Europa va a su bola ha sido muy decepcionante. No nos damos cuenta de que se nos viene encima una auténtica posguerra y eso es lo más dramático.

“Nos quedan meses muy duros, por eso me da más miedo la gestión política que el propio virus. Vivimos una guerra contra un enemigo invisible que nos lleva la delantera, que va ganando y que campa a sus anchas por todo el planeta”

Es probable que muchos ciudadanos piensen que cualquier vacuna contra este coronavirus es más viable que un pacto político de esas dimensiones…

La vacuna tampoco es la varita mágica como a veces nos quieren hacer pensar. Esto no se acabará con la primera vacuna. Mi optimismo es moderado en este asunto. Lo bueno es que tenemos muchos prototipos de vacuna y se están ensayando muchas estrategias novedosas. Todas las posibilidades están sobre la mesa con una inversión y una cooperación inéditas. Estoy convencido de que saldrán vacunas buenas, pero no en enero. Probablemente las veamos a lo largo de 2021 y 2022. Seguramente la primera vacuna no sea la mejor, mientras que otras que van más retrasadas en su desarrollo terminen siendo mucho más efectivas. Las vacunas son necesarias, pero hay que velar por la seguridad. Aunque se vaya más rápido, necesitarán pasar todos los controles establecidos.

En cualquier caso, parece que antes del pacto político necesario se dará con la tecla científica, lo cual no deja de ser llamativo.

Si en una situación tan dramática como esta los políticos han sido incapaces de ponerse de acuerdo, no sé qué más tiene que pasar. Coincido en que las vacunas llegarán antes, desgraciadamente. Ojalá me equivoque.

Después de ocho meses largos, el Gobierno no admite ningún comité de expertos conocido. ¿A qué personas de prestigio pondría usted en un órgano técnico que tome decisiones objetivas al que hemos echado en falta durante toda la pandemia?

No sabría darle una lista de expertos, pero los hay. De todas formas, todavía está fresco lo que vivimos a finales de septiembre con la dimisión del microbiólogo Emilio Bouza. Es un profesional de reconocido prestigio que fue designado portavoz del Grupo Covid-19 de la Comunidad de Madrid y duró 48 horas, porque vio que todo estaba absolutamente politizado. Ese es el error. Lo ideal habría sido que el Gobierno designara un grupo de expertos multidisciplinares e independientes, no para asesorar al Ejecutivo, sino a la sociedad. Lo ideal habría sido contar con un grupo de científicos de prestigio que, con datos, nos dijera cuál es la situación y qué harían ellos. Con esa información, que debería ser pública y transparente, ya el Gobierno decidiría qué hacer. Las decisiones políticas las toman los políticos, no la ciencia, otra cosa es que sus decisiones estén basadas en la evidencia científica, que sería lo deseable. En Estados Unidos, el prestigioso epidemiólogo Anthony Fauci, principal responsable científico en la lucha contra el coronavirus, más de una vez se ha echado las manos a la cabeza cuando habla Trump. Él asesora, y el presidente decide. Allá el político. Al final, las medidas políticas que se toman, sin son restrictivas, como lo están siendo, tienes que explicarlas muy bien. Si los ciudadanos no entienden por qué deben quedarse en casa o por qué hay que cerrar lo bares, se genera muchísima incertidumbre y decrece el apoyo social. Con medidas lógicas, técnicas y bien explicadas es mucho más fácil que la gente se adhiera.

“Lo ideal habría sido que el Gobierno designara un grupo de expertos multidisciplinares e independientes, no para asesorar al Ejecutivo, sino para ofrecer a la sociedad información pública y transparente”

Sabiendo lo que ya sabemos, si volviéramos a enero de 2020 y usted fuera el ministro de Sanidad, ¿cuál sería su agenda?

A posteriori todo es más fácil… Yo me rodearía de la gente que realmente sabe, independientemente de su ideología, para que mis decisiones sean técnicas y, sobre todo, transparentes, porque creo que es la manera de hacer que se cumplan con más facilidad. Eso nos habría ayudado a tomar decisiones más consensuadas y con más rapidez.

¿El Ministerio de Sanidad ha pecado de paternalismo y oscurantismo?

No me cabe duda de que en el Ministerio de Sanidad han intentado hacerlo lo mejor posible, pero, efectivamente, ha faltado transparencia. Estamos en un Estado descentralizado y aquí el Ministerio de Sanidad tiene unas competencias mínimas. Eso no ha ayudado en absoluto. Ni siquiera durante el estado de alarma ha funcionado el afán centralizador. Si tienes un país descentralizado, tu esfuerzo debe encaminarse a que esté coordinado. Son dos cosas distintas. Sin coordinación nos encontramos con el caos total de estos momentos. Miras arriba y te preguntas quién pilota, porque la impresión es que no hay nadie al mando.

¿Ha quedado claro estos días que el Sistema Nacional de Salud es un ente de razón que, en realidad, no existe?

Probablemente. Ha faltado liderazgo ante un problema que requiere medidas rápidas, contundentes y globales. Hemos pasado de un estado de alarma totalmente centralizado a lo que sucedió en verano: una especie de sálvese quien pueda dejando todas las responsabilidades a las autonomías, y ni siquiera las autonomías deciden, como hemos visto estos días con Asturias, que ha pedido aplicar el confinamiento domiciliario y Sanidad ha dicho que no puede. ¿En qué quedamos? Las carencias del propio sistema han quedado de manifiesto.  

¿Fernando Simón debería irse a descansar?

[Pausa larga] Después de una pausa larga, diría que Fernando Simón está amortizado. Me da pena, porque es un buen profesional y una buena persona. En otras circunstancias, como en la crisis del ébola, lo hizo muy bien. Pero esta pandemia le ha superado y su puesto se ha politizado excesivamente. Él no ha sabido mantener la independencia ideal. Es verdad que le ha tocado vivir en primera línea una situación muy difícil, porque esto ha sido muy grave.

“Fernando Simón está amortizado. Me da pena, porque es un buen profesional y una buena persona, pero esta pandemia le ha superado y su puesto se ha politizado excesivamente”

¿Cuál es la responsabilidad de la calle en esta segunda ola?

La responsabilidad es de los ciudadanos, y también de las administraciones. Aquí se comenta que en Madrid la culpa es de Ayuso, y en Navarra, de la población. No. Tenemos la culpa todos. Parte de la ciudadanía ha hecho dejación de sus responsabilidades, pero también porque el mensaje que nos dieron en agosto fue: señores, esto se ha acabado, salgan a la calle, hemos vencido al virus… Veníamos de tres meses de confinamiento muy duros que para la mayoría de los españoles ha sido lo más parecido a una guerra, y si te animan al ocio, a las vacaciones y al turismo, quizás las autoridades tengan que admitir su equivocación. Además, durante ese periódico de desescalada se tendría que haber ido apuntalando el sistema sanitario, que ya está otra vez agotado, y se tendría que haber montado un sistema de rastreo muchísimo más potente. En una pandemia es mejor sobreactuar que quedarse cortos, aunque después lleguen las críticas por las medidas desproporcionadas. En una pandemia, quedarse cortos cuesta vidas humanas. Habría sido mejor tener rastreadores mano sobre mano… Insisto: esta segunda ola no es culpa de los jóvenes, del ocio nocturno o de la hostelería. Sí, ha habido excesos, pero la irresponsabilidad de las autoridades es evidente.

¿Qué ejemplos positivos hemos visto hasta ahora en el mapa autonómico en la lucha contra el virus?

Asturias lo está haciendo muy bien, curiosamente, porque han adaptado con acierto la normativa general a su situación particular. El Gobierno de Asturias ha sobreactuado, teniendo muy en cuenta las recomendaciones de sus especialistas en Salud Pública, y les ha salido bien. Entre otras cosas por eso la región tuvo muchos visitantes durante el verano y han resistido con buena nota. Otra cosa es que la segunda ola que afecta a toda Europa esté teniendo más repercusión. Galicia también lo ha hecho muy bien. Las dos comunidades actuaron con más celeridad.

“En una pandemia es mejor sobreactuar, porque quedarse cortos cuesta vidas humanas”

¿Cómo se ha seguido desde Navarra la batalla Gobierno-Madrid?

La batalla del Gobierno y la Comunidad de Madrid ha sido una pelea desesperante y decepcionante, porque veíamos todos que el virus seguía avanzando mientras los políticos de turno discutían por auténticas chorradas, con perdón. Aquella pugna ha sido la triste estampa de dos gobiernos jugando a las banderitas que no miraban de frente la gravedad del problema.

FOTO PARA DEIA  Foto entrevista a  Ignacio Lopez Goñi , microbiologo. Universidad de Navarra

Hablemos de Cenicienta: ningún dirigente político ha apostado de verdad por la Atención Primaria, el primer nivel asistencial, el más pegado al ciudadano… Es difícil entender esa miopía.

En la gestión de esta pandemia hemos puesto el foco en las UCI y en los respiradores, y no hemos pensando en el personal. La sanidad no son solo camas. Y el foco de la respuesta sanitaria lo tendríamos que haber puesto mucho antes: en la Medicina Preventiva y en la Atención Primaria. Ahí es donde debimos intentar parar el golpe. Si pones todos tus esfuerzos en frenar la pandemia en las UCI, que es lo que estamos haciendo, te encuentras este colapso absoluto del sistema sanitario. El problema es que el cuello de botella frente a la pandemia es el propio sistema sanitario. Apoyarse de verdad en la Atención Primaria es un clamor en la sanidad española desde hace muchos años, pero nadie ha hecho ni puñetero caso, porque queda más bonito decir que inviertes en grandes terapias contra el cáncer o en cirugías de alto standing.

Si ante una pandemia no se logra que la Medicina de Familia sea comunitaria, entonces…

Entonces ya nunca… La Medicina de Familia es una especialidad que nunca se ha valorado de verdad, y lo estamos pagando.

Entonces, ¿el mejor sistema sanitario del mundo, en realidad, era un sistema oportunista, centrado en la eficacia, épico, tecnológico, y distante de la vida ordinaria del país?

Sí. La gran ventaja con respecto a otros países es que nuestra sanidad es universal. Todos podemos ir al médico, y si estás enfermo, te tratan. Todos tenemos acceso a terapias y a tecnologías espectaculares. Somos muy punteros en lo avanzado, pero tenemos las carencias en la base, como ocurre en la ciencia.

 

“Hemos puesto el foco en las UCI y en los respiradores, y lo tendríamos que haber puesto en la Medicina Preventiva y en la Atención Primaria. Si pones todos tus esfuerzos en frenar la pandemia en las UCI te encuentras este colapso del sistema sanitario”

¿La sanidad pública es menos universal cuando el ciudadano debe pagarse la PCR?

Sí.

Otra hermana pobre en esta crisis ha sido la ciencia. ¿Alguien ha mimado la única fuente de esperanzas contra la pandemia en la que creen los ciudadanos?

Los nuevos Presupuestos dicen que se va a invertir muchísimo en ciencia… Ojalá sea así. Lo cierto es que la ciencia ha estado estrangulada durante años, también la ciencia básica, que acaba descubriendo cosas de lo más disruptivas donde se encuentran tantas soluciones. En España nunca hemos apostado por apoyar la ciencia. Ahora nos enorgullecemos de los candidatos a vacunas humanas contra este coronavirus, que está muy bien, pero algunos directores de los laboratorios donde se preparan ya están jubilados. Son personas de una calidad científica especial -Luis Enjuanes es, quizás, el que más sabe de coronavirus en todo el mundo-, pero ya estaban retirados y están de nuevo en el tajo por amor. Si miramos esos equipos científicos, veremos que más de la mitad no tenían, hasta ahora, contratos fijos, aunque lleven cerca de veinte años trabajando en la ciencia. Ante ese panorama, en normal que se te caiga el alma a los pies.

No podemos competir contra la vacuna de Oxford, con sus millones de inversión, sus cientos de investigadores, una empresa potente detrás… Aquí funcionamos con ideas muy buenas, pero como Pepe Gotera y Otilio. En los últimos diez años la ciencia española ha caído y eso no se recupera de la noche a la mañana. Hay muchísimos científicos que se han ido fuera y no van a volver sin unas condiciones realmente atractivas. Aquí hemos invertido en hostelería, turismo y ocio, y hemos dejado la ciencia a mínimos y, encima, ahogada de burocracia. Ahora mismo, o te apasiona enormemente la ciencia y te mueve la vocación, o te planteas firmemente dedicarte a esto, porque, además, no está reconocido.

“No podemos competir contra la vacuna de Oxford. Aquí funcionamos con ideas muy buenas, pero como Pepe Gotera y Otilio. La ciencia española es un enfermo agonizante en la UCI, pero con unas ganas de vivir bestiales”

Hagamos un retrato robot de la ciencia española.

            ¿Cómo tiene los ojos?

            Extenuados.

            ¿Cómo es su mirada?

            Es una mirada cansada, pero también con un hilo de esperanza, porque el científico nunca pierde la esperanza.

            ¿Cómo tiene el pelo?

            Ya no tiene pelo. Es una ciencia casi jubilada.

            ¿A qué huele?

            A sudor.

            ¿Cómo respira?

            Con el oxígeno de la fuerza de voluntad de los propios científicos.

            ¿De qué se alimenta?

            De las migajas presupuestarias oficiales y, a veces entra un poquito de ayuda de la industria, pero sale adelante por el do de pecho de la vocación científica.

            Además de la marginación política, ¿la ciencia española tiene alguna otra dolencia crónica?

            La sociedad no ha reconocido a la ciencia desde la época de Ramón y Cajal. Un ejemplo lo tenemos en Francis Mojica, casi Premio Nobel y ni siquiera Princesa de Asturias…

“La sociedad no ha reconocido a la ciencia desde la época de Ramón y Cajal. Un ejemplo lo tenemos en Francis Mojica, casi premio Nobel y ni siquiera Premio Princesa de Asturias”

 

            ¿Alguna enfermedad rara en el panorama científico desde que se desató este coronavirus?

            Ahora todos somos virólogos y epidemiólogos que sabemos lo que había que hacer…

            ¿Su diagnóstico de la ciencia española?

            Un enfermo en la UCI, agonizante, con unas ganas de vivir bestiales.

¿Tratamiento?

Al final todo se soluciona con contratos, proyectos, inversión pública, inversión privada, una Ley de Mecenazgo adecuada… En definitiva: un apoyo real en forma de pacto de Estado para sacar adelante a este paciente como sea.

¿Recomendaciones para el cuidado de la paciente-Ciencia por parte de toda la población?

Si el político no le da importancia a la ciencia, es porque no hay una demanda social: ni da, ni quita votos… Ojalá la sociedad se dé cuenta de que los problemas los resuelven la ciencia y el conocimiento. Invertir en ciencia y conocimiento es apostar por nuestro futuro. Las pandemias como esta volverán.

Se anuncian presupuestos más generosos para Ciencia. ¿El incremento suena a tirita o a bisturí?

No he leído todo sobre ese anuncio de incremento presupuestario, pero yo ya soy un poquito escéptico…

Si la actuación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) frente a la pandemia fuera un examen sobre su cátedra, hágame una evaluación en voz alta.

La OMS es pura diplomacia vaticana. Tiene que quedar bien con todo el mundo, porque no es una organización totalmente independiente. Se debe a quien la financia. Es un estamento excesivamente lento, burocrático y muy poco ejecutivo.

“La OMS es pura diplomacia vaticana. Tiene que quedar bien con todo el mundo, porque es una organización que se debe a quien la financia. Es excesivamente lenta, burocrática y muy poco ejecutiva”

¿Puede acabar la COVID-19 siendo una enfermedad crónica?

Más que una enfermedad crónica, puede ser una enfermedad que nos visite los inviernos. Es posible que el virus pierda fuerza, se vaya adaptando al nuevo hospedador, que somos nosotros, y al final quede como un virus respiratorio que vuelve de vez en cuando y que producirá una mortalidad socialmente aceptable. Aunque suene duro, es lo mismo que sucede con la gripe. Esa sería la mejor noticia.

De todas formas, ¿ahora lo más realista es ponerse a preparar una tercera ola?

Sí. Creo que tendremos un 2021 con terceras, cuartas y quintas olas, quizás con menos incidencia y menos mortalidad.

Es decir: la mascarilla, se queda.

En 2021, sí. Es importante que le bajen el IVA, porque las vamos a usar mucho todavía.

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¿Afectará esta pandemia a la preparación de los profesionales sanitarios del futuro?

Creo que, a partir de ahora, le daremos más importancia a la Medicina Preventiva y al diagnóstico precoz en la formación sanitaria. Ojalá se impulse la estrategia One Health, que es la colaboración entre la sanidad humana, la sanidad animal, y la sanidad ambiental. Estamos ante una oportunidad para que los médicos aprendan a trabajar en clave salud global. Tenemos que cambiar la visión de la salud como algo exclusivamente humano, porque más del 60% de las infecciones provienen de animales, y también nos afecta la globalización y la salud del planeta.

¿Predice usted más o menos vocaciones sanitarias a partir de ahora?

En la Universidad de Navarra ha habido más matrículas de nuevo ingreso este curso.

¿Más o menos vocaciones científicas?

Seguramente más. Hoy todo el mundo sabe qué es una PCR, algo que no habíamos oído jamás… Vemos que en el discurso público se habla con naturalidad de virus, antígenos, genomas, secuenciación… Son términos que están en los titulares. Ojalá todo eso impregne de interés por la ciencia.

¿Por qué en pleno siglo XXI, hechos al uso de las apps, ‘Radar Covid’ está siendo un fracaso?

Es un misterio desconcertante para mí. El Ministerio de Sanidad convocó a varios divulgadores científicos para explicarnos la app e hiciéramos promoción. Me ha sorprendido que no ha habido campañas sociales por parte de Sanidad, porque parece que no se lo creen ni ellos. No he visto una apuesta publicitaria a la medida de la app. Así, ¿cómo va a funcionar? Y era una herramienta que podría haber ayudado, porque era segura y tenía sus ventajas. Casi por primera vez en la historia se habían puesto de acuerdo Apple y Google para compartirla en abierto. Teóricamente era un gran avance para el rastreo, pero no sé por qué no se ha apostado seriamente por ella. No lo puedo entender.

¿Tiene sentido que la sanidad española siga sin una especialidad propia para Enfermedades Infecciosas con el panorama que nos pinta?

No. Ninguno. También falta la de Genética Clínica… Son carencias evidentes.

Dígame una razón para ser optimistas, aunque estemos en noviembre.

Todas las pandemias tienen un principio y un fin. No hay pandemia que cien años dure. Todo esto acabará poco a poco. Creo que podemos ser moderadamente optimistas con las vacunas, con que los clínicos saben ahora mucho más, con que mejorará la supervivencia… Mi pesimismo se centra en la gestión, porque el fin de este drama será mucho más complicado sin líderes.

REBOBINANDO

El 31 de diciembre de 2019, las uvas de la ira: China alerta a la OMS de un brote de neumonía severa atípica de origen desconocido. Primera fecha de defunción ad casum: 12 de enero de 2020. 

El 31 de enero de este annus horribilis, el Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III confirma el primer caso de coronavirus avistado en territorio nacional: un turista alemán en La Gomera se queda sin vacaciones.

Pasan los casos, las hipótesis, los dimes, los diretes, y Occidente entero mira cómo pasan las raíces de la pandemia por la ventanilla del tren. El 6 de marzo López-Goñi toma conciencia de que el virus no entiende de fronteras y que alguien le ha dado al condensador de fluzo hiperventilando el futuro.  Pasan el 8M, el decreto de alarma, el confinamiento, la spartan race de los sanitarios, los aplausos, el salimos mejores, el sálvese quien pueda, las mascarillas en la hamaca, el verano a medio gas, la España de los rebrotes, el otoño caliente. Con ustedes: la segunda ola. Hola.

Mientras los sanitarios sobreviven, los medios cuentan el día a día y los ciudadanos hacemos memoria de lo que queremos, la ciencia toma nota, pone el microscopio, analiza, reflexiona, dialoga, plantea, mira en perspectiva, testea los datos, piensa en voz alta y propone. Eso hace Ignacio López-Goñi en este libro recién nacido. Mirar hacia adelante sin quitar el pie del presente. Avanzar alertando de los baches del camino. Desentrañar el pasado imperfecto para resetear un presente continuo. Poner voz a una ciencia canina que cabalga en medio de una política que gira, perdida, egocéntrica, como un molino de viento sin grano.

Un hombre acostumbrado a evitar los adjetivos en sus textos científicos habla de una guerra y de una hecatombe “peor que el peor de los ataques terroristas”. Ojalá sus conclusiones sirvan de pre vacuna de conciencia para quienes oyen virus e imaginan votos, para quienes oyen virus y gritan copas, y para quienes oyen virus y confinan sus ganas de vivir en el búnker oscuro de unas esperanzas sin Navidad. 

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