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LUIS ENRÍQUEZ lleva diez años al frente de Vocento, la casa madre de ‘ABC’. Una década entre ajustes en un panorama mediático de influencia y ganancias menguantes. CEO con alma de nuevo periodismo formado en el ring de Unidad Editorial. Un referente para contemplar el horizonte en este momento mix de primavera, otoño e invierno de una prensa española que hiperventila cada verano desde 2008.

Luis Enríquez: “ABC es monárquico, pero no ciego”

Luis Enríquez. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.
photo_camera Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Cirujano reconstructivo. Sastre. Luis Enríquez lleva veinte años tomando las medidas a la prensa, primero en Unidad Editorial, y desde 2011, en Vocento. Vocero de la esperanza en el negocio mediático. Alquimista de ideas y talento en busca de la fórmula del antienvejecimiento del papel. Boxeador. Romántico del periodismo de Tom Wolfe y Gay Talese. Entre Camba y Rosa Belmonte. Entre Ruano y Hughes. Amigo, compadre, fan y nostálgico de David Gistau. La corona del despacho de arriba de ABC ve a la cabecera centenaria en el mejor momento de su historia diaria. Vivió la fusión de Unidad Editorial y Recoletos, y tiene hambre de sinergias en este contexto del sector de novedades que florecen y clásicos que se otoñan. Proyecta su etapa en negro sobre blanco como una película de periodistas de Sorkin, y todavía confía en un giro de guion. Porte serio y transparente. Con cintura para cantar en público y para pedir perdón. Con canas de meter los bajos a las cuentas de resultado y soñar en planes b. Un “loco” del periodismo con más miedo a la autocensura y a la cobardía que al revés del poder que no entiende los medios. Y si le cierran el grifo por contar verdades, dice, ya imaginará él otros pozos. Alas para que las plumas cuenten. Espaldas para apechugar con los números rojos.

En el verano de 2020, Vocento dejó a Juan Ignacio Luca de Tena por Josefa Valcárcel. Mudanza de unos metros físicos. Tres décadas embaladas. Un nuevo aquí-está-usted en el Barrio Salvador oteando con esperanzas el futuro de un mar de letras, información, clics, derechos, democracia, incertidumbres, exclusivas, publicidad, literatura, futuro, pedigrí, horizontes, retos, agujeros, marca España y tradición.

Mirando la pandemia por el retrovisor, sabiendo muy bien cómo está el paño del negocio de los medios y poniendo medios para el remedio anda Luis Enríquez. Es el CEO de Vocento y, probablemente, el fontanero ejecutivo más experimentado en los bajantes del sector periodístico español de los últimos veinte años.   

Entre sastre y cirujano. Es la calculadora de escribir. Sumas y restas en la sexta planta de esta casa de puestas de largo del periodismo de los Cavias y los Mingotes. Con el virus de la pandemia aferrado a la tráquea empresarial y social, este CEO quiere ser un ventilador para que respire el gremio, empezando por su selección nacional, que ha tenido que pespuntarse los bolsillos sobre el terreno de juego de esta crisis nueva de un sector en crisis desde hace trece otoños grises.

Ascensor descendiente. Planta cero. En un aula disfrazada de sala de estar y sin rastros de las fajas de consejero delegado, el tambor de la máquina de contar se desliza con naturalidad. Dialogamos en plata con un púgil curtido. Rec

Dos décadas en los medios. La última, en la cumbre de Vocento. ¿La experiencia?

Sufrida… Desde el año 2000 hemos tenido momentos de crecimiento publicitario magnífico, exceptuando la crisis de las puntocom, porque el desarrollo fue muy bueno hasta 2007. A partir de ahí, la práctica totalidad de mi vida profesional en medios me la he pasado ajustando, conservando márgenes, restringiendo y reduciendo costes, con lo cual… dificilito. Durante estos años hemos tratado de imaginar sistemas viables de negocio para un sector que, de pronto, perdió la referencia de su entorno de rentabilidad. Dar con la tecla de ese descubrimiento es complicado, aquí y en todo el mundo. 

Llegó usted desde el mundo del cine. De momento: ¿thriller, película romántica, road movie, cinta de terror o una película indie?

Esto sería una película de periodistas escrita por Aaron Sorkin

¿Ve con sus propios ojos que la influencia de los medios está menguando?

 

Sí, claro que sí.

¿Qué culpa tiene la coyuntura económica y qué responsabilidad tienen los desajustes del periodismo en este decalaje?

Los medios estamos consintiendo o favoreciendo dinámicas que alejan a los lectores, como la falta de ambición por contar historias propias, entrar en campos polémicos y jugarnos el tipo. Cuando el lector percibe que una propuesta no es verdadera, se distancia, y en esas estamos. A medida que avanzan los años y se incorporan las nuevas generaciones, se observa que aumenta la desidia por la lectura. Eso no se nos puede achacar, porque no creo que los periódicos de hoy estén peor escritos que antes. En Vocento tenemos columnistas excelsos, pero los nuevos lectores demandan podcasts y vídeos, mejor cortos, si es posible, y piezas visuales. Es difícil encontrar audiencias que valoren el placer de leer una crónica de 28 páginas de Gay Talese.

 

“Los medios consentimos o favorecemos dinámicas que alejan a los lectores, como la falta de ambición por contar historias propias, entrar en campos polémicos y jugarnos el tipo”

 

El otro día escuché reggaeton en la terraza del Café Gijón. Supongo que es un síntoma de un cambio transversal.

Sí, pero también a mi padre le parecía que AC/DC era ruido cuando yo era joven… Ante los cambios sociales, trato de acordarme de cómo era yo cuando tenía 18 años.

Dice que se dedica al periodismo “no por casualidad, sino porque me vuelve loco”. ¿Se puede ser un romántico del periodismo en 2021?

Es ahora cuando se puede y se debe ser un romántico del periodismo. En este momento de reinvención que convive con una cierta pérdida de influencia es cuando merece la pena apostar por los valores de esta profesión, este servicio, este arte.  

Las cuentas de Vocento han sufrido con la pandemia: pérdidas de más de 21 millones de euros. Usted mismo se ha recortado un tercio sus atribuciones. ¿Me hace un análisis de contexto para hacernos cargo de lo que significan estos números para la situación de la compañía?

Cuando irrumpió la pandemia no teníamos ni idea de lo que iba a pasar. Antes que en la cuenta de resultados, primero pensamos en desalojar este edificio, mandar a la gente a su casa, y asegurarnos de que todo el mundo estaba bien conectado para teletrabajar. Cuando salvaguardamos las redacciones y se asentaron las nuevas dinámicas de personal, hicimos un ejercicio de stress test: cogimos a la compañía e hicimos una serie de evaluaciones de sensibilidad viendo cuál iba a ser el entorno de pérdida de publicidad que se podía esperar, y cuál sería la respuesta de la compañía en condición de costes.

En marzo de 2020 fuimos los primeros en hacer un ERTE de reducción de sueldo y jornada. Lo hicimos por dos meses, poque no queríamos utilizar más tiempo del que fuera estrictamente necesario. En aquel momento, todo el planteamiento del Gobierno sobre el estado de alarma estaba temporalmente acotado. En mayo comprendimos que no era suficiente, y prorrogamos los ERTE dos meses más. Al principio dejamos fuera a las redacciones y a los departamentos de apoyo a la información -sistemas, producción, distribución…-, porque entendíamos que eran más necesarios que nunca y no podíamos pedir esfuerzos de desempeño extraordinario afectando a la retribución. La segunda etapa de los ERTE se extendió a toda la compañía. Con el control de costes que hicimos protegimos la caja. Ya casi no tenemos deuda, y eso es muy importante. En 2021 recuperaremos los márgenes de 2019. No está mal, aunque habremos perdido dos años en la evolución de nuestro plan estratégico por culpa de la pandemia.

Luis Enríquez. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

¿El paréntesis de la pandemia ya está superado?

El año ha sido muy bueno con respecto a lo que teníamos presupuestado hasta junio. Toda la ventaja que teníamos nos la hemos comido en el verano, que ha sido bastante malo. Nos jugamos el año en los últimos tres meses.

“En este momento de reinvención que convive con una cierta pérdida de influencia es cuando merece la pena apostar por los valores del periodismo”

¿Remonta la publicidad?

En estas cifras, la crisis de la publicidad tiene todo que ver, pero está remontando. De momento vamos exactamente según lo previsto. Cerrado septiembre, estamos justo como indica el presupuesto. Por eso digo que todo depende de la reacción de los últimos tres meses para saber si 2021 será un año bueno, o no tan bueno.

El ambiente mediático está en primavera. Dos diarios nuevos: El Periódico de España y El Debate; la nueva web de El País, el Gran Madrid de El Mundo, The Objetive remasterizado… ¿Cuáles son los planes de Vocento para esta coyuntura de novedades post pandemia?

Afianzarnos en el negocio tradicional: en el esquema de pago, en las empresas que hemos incorporado durante este periodo como Premium Leads para hacer una oferta al anunciante que comprenda los 360º en los que puede estar pensando, más publicidad performance, mantener los márgenes de los ingresos procedentes de los lectores… Y luego desarrollaremos toda la potencia que tenga la diversificación que hemos hecho: el vertical de gastronomía, las agencias, los clasificados…

Una docena de medios nacionales y uno nacional. ¿Hay sinergias?

Sí.

¿Sinergias con futuro?

Sí, claro. Tenemos una redacción central que alimenta todos los periódicos regionales de toda la información nacional e internacional. La información local y autonómica son la especialidad de cada cabecera.

Lo que pretende hacer Prensa Ibérica con El Periódico de España aquí se hace desde hace tiempo…

Desde antes de llegar yo, incluso.

¿Preocupa la posible competencia de El Debate?

Estaremos pendientes y lo seguiremos, como hacemos con cualquier competidor, pero no lo miramos con preocupación. Respetamos a los profesionales que están allí, algunos de los cuales han salido de esta casa hace cinco minutos.

Vocento tiene 19 años. En aquel momento la prensa local del grupo difundía una media de 550.000 ejemplares diarios y ABC era el tercer periódico nacional en difusión, con cerca de 300.000 ejemplares. ¿Cómo están esos números ahora?

Seguimos siendo líderes en todos nuestros territorios, que es lo que importa. ABC es ya el segundo periódico nacional en difusión y en quiosco desde hace varios meses. No lo comunicamos, porque entendemos que ahora la lucha no va de eso. Nuestro foco está puesto en mantener la rentabilidad de la venta. Para ello, unificamos rotativas, reducimos gastos marginales, subimos el precio de cabecera… De cara a la venta de publicidad en la versión print de los periódicos queremos que la difusión sea rentable. En eso estamos trabajando. Si comparamos los márgenes que obtenemos por la venta de periódicos con los de 2011, ahora mismo ganamos más dinero que entonces vendiendo ejemplares.

En 2017, decía usted: “Seguramente somos el grupo de prensa que está en mejor posición desde casi todos los puntos: en la vigencia de sus marcas, en las apuestas digitales que estamos haciendo, en posición de balance, una deuda perfectamente controlada y una cuenta de resultados en buena evolución”.

Sigo completamente de acuerdo conmigo mismo.

¿Qué característica pide usted a un CEO de un grupo editorial en un momento como este?

Primero, que aprecie la tarea a la que se va a dedicar. Que valore la labor de los periodistas y la trascendencia del trabajo que sale de las redacciones. Si no, será imposible que pueda gestionar adecuadamente una empresa como esta. Además, deberá tener valor para equivocarse y humildad para rectificar. Estamos ante una dimensión completamente nueva del negocio y ante el reto de una diversificación más o menos cercana al negocio tradicional. Si se hace la apuesta adecuada, habrá errores y aciertos. Es importante darse cuenta de los fallos cometidos y enmendarlos lo antes posible.

Tengo entendido que hay un Luis Enríquez escritor.

He escrito alguna cosa, pero no soy escritor.

Más allá de las cuentas, le gusta escribir.

Sí.

Le hemos leído alguna vez en ABC. ¿Le tienta contar con más cancha?

Me reprimo razonablemente bien… He escrito en contadas ocasiones: algunas veces sobre el sector, sobre mi amigo David Gistau, algún obituario, algún homenaje y en alguna circunstancia excepcional. También escribí una tribuna sobre la tasa Google, porque de vez en cuando me tira, me tira y me tira, y tengo la sensación de que debo decir algo y necesito contarlo, y nuestros medios me parecen el sitio idóneo, pero procuro retenerme.

¿Qué lee un hombre sin tiempo?

De todo: historia, novela negra…

¿Nuevo periodismo?

¡Sí! Llevo seis libros de Talese, cuatro de Tom Wolfe; de Hunter S. Thompson he leído Los ángeles del infierno

¿Es posible que ese periodismo venda también ahora?

¡Tenemos que conseguirlo! ¡Debemos lograr que la gente lo comprenda! Cuando Julián Quirós llegó a la redacción de ABC hablamos mucho sobre eso, porque él también es muy aficionado a la propuesta del nuevo periodismo y a aquellos reportajes largos que se hacían en Esquire o en The New Yorker… Nuestro pequeño homenaje a ese periodismo de largo recorrido es el reportaje que hacemos al final de Enfoque, de tres páginas y de temas totalmente desligados de la actualidad. Hicimos algo especial también cuando Juan Fernández Miranda nos contó la historia de Carlos Peña -aquel chaval acusado en falso de abusos sexuales en Nueva Orleáns- en un reportaje de seis páginas. Aquello me sonó al Superman va al supermercado, de Mailer, o a la impronta de Tom Wolfe cuando venía con propuestas de reportajes que ocupaban la revista entera…

Luis Enríquez. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

“Tendríamos que conseguir que el nuevo periodismo venda también ahora”

En el periodismo están buena parte de sus amigos.

Muchos de los mejores.

Hay un Rocky de goma en su despacho que le recuerda cada día a David Gistau.

Me lo regaló él. En las cenas que hacíamos con él, con Garci, con Luis Herrero, muchas veces hablábamos de las mejores películas de nuestras vidas. Yo siempre metía a Rocky en mis rankings, y David se reía de mí, porque consideraba que era una película basura que, además, hablaba de un boxeo muy artificial. Un día, cuando él colaboraba en ABC, entró en mi despacho en la redacción de Luca de Tena, me trajo ese muñeco, y me dijo: “Es un homenaje. He visto Rocky y me ha encantado”. Llevaba media vida dándome por todos lados y ni siquiera la había visto. Se moría de risa.

¿Cómo consigue un CEO imitar esa manera de reconocer un error con cintura y con gracia? ¿Cómo logra alguien que está en la cumbre bajar la cabeza y pedir disculpas cuando le toca?

Yo tengo que controlar el genio. Soy muy efervescente, para bien y para mal. Cuando trabajaba en Unidad Editorial, en el departamento de distribución había un tipo sensacional, calmadísimo. Un día estábamos discutiendo un tema y él no terminaba de explicarse, porque yo, en el fondo, le cohibía. “Esto no se hace así, sino así, y así… Tienes que cambiar todo esto”. “Vale, vale, vale”. Cogí los papeles y me fui de su despacho. Al cabo de seis pasos, caí en la cuenta de que él tenía razón. Volví. “Tenías razón tú”. “Ya, pero como para decirte nada…”. “Procuraré no discutir nunca más contigo de esta forma, porque sino volveré a cometer un error”. Cuando cometes errores lo más sensato es admitirlos y dar marcha atrás lo antes posible.

¿Cómo marcha ABC?

Económicamente, muy bien. Probablemente, mejor que sus competidores. Periodísticamente está en el mejor momento que yo recuerdo como lector y como ejecutivo de la casa. La propuesta de ABC merece la pena ser leída. Tiene muchas historias, bastantes firmas valiosas, cuenta con una nómina de columnistas envidiable, muchos de ellos jóvenes, como Hughes, Karina Sainz Borgo, Rosa Belmonte, Salvador Sostres, José F. Peláez… Nos hemos juntado con un equipo de voces dispares maravilloso. Además, tenemos unos cuantos reporteros estupendos que hacen temas de largo recorrido. Si te interesan la actualidad y el periodismo literario, es difícil que leer el ABC cualquier día te lleve menos de 35-40 minutos.

 

ABC no debe responder al cliché de periódico pacato y meapilas. Ha de ser un periódico con ambición de vanguardia”

 

Algunos de esos columnistas ya no son tan jóvenes…

Estoy de acuerdo…

¿Cómo avanza su idea de rejuvenecer el periódico?

ABC es una cabecera situada claramente en un entorno liberal-conservador, y lo ideal sería inclinarla más hacia lo liberal que hacia lo conservador y, además, en un lenguaje nuevo. Se pueden defender las mismas ideas con distintas propuestas. Algunas veces el lenguaje distinto consiste en un retorno, porque muchos de los columnistas de ahora se miran en los artículos de Camba, en la forma de escribir de Chaves Nogales, en Ruano… Muchos columnistas miran hacia adelante sin perder de vista estas referencias. Con el fichaje de David Gistau y otros buscábamos un aggiornamento del proyecto, una actualización de la plasmación de las ideas, y seguimos trabajando en esa dirección.  

Dice Julián Quirós, su director, que ABC “ha de ser un periódico conservador, pero reformista; político, pero no subordinado a los partidos; moderado en las formas y firme en el fondo, la voz de las clases medias, patriota con sensibilidad a los distintos territorios de España, férreo defensor del sistema legal, del saneamiento de la hacienda pública, de la propiedad privada, del parlamentarismo, de la economía social de mercado y del respeto a las creencias particulares”.

Estoy de acuerdo con todo, y añadiría algo más: ha de ser un diario vanguardista. ABC tiene que ser un periódico que arriesgue, porque siempre lo ha hecho. Su sección de Cultura es lo que es gracias a que este periódico creyó en la vanguardia y en la libertad de expresión. No debemos responder al cliché de periódico pacato y meapilas. Somos un medio con ambición de vanguardia.

Le pregunté hace unas semanas a Pedro García Cuartango por el futuro de ABC: “Soy optimista. Creo que tiene la gran oportunidad de formular un proyecto intelectual que articule esa alternativa al PSOE y su gobierno de coalición con Podemos. El ABC en el que yo creo debe defender los principios del humanismo cristiano, los valores de una derecha abierta al cambio y a la innovación, y un compromiso con la igualdad y los derechos civiles”.

Nuestra obligación es plasmar lo que sucede. Los resultados de las elecciones no son nuestra responsabilidad.

Esto no es El Mundo de Pedro J.: el que pedía el voto en una editorial.

No, no. ABC es un periódico liberal-conservador, con raíces cristianas, con una consideración del mapa político, cultural y social español que los lectores tienen muy clara. Desde ese prisma, contaremos toda la información que sea capaz de reunir, y si la presentación de esa información es buena o mala para los intereses del partido político al que se supone que deberíamos apoyar, eso es problema de ellos.

Últimamente el periódico está destacando con más periodismo de investigación.

Además, no es un periodismo de filtración. No es que haya una fuente interesada en que contemos la historia con algún propósito. Es el trabajo de varios años de buceo en un archivo que cuenta una parte importante de la historia reciente de España. Muchas de esas historias repercuten y repercutirán en la vida política actual, como lo que contábamos de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Es probable que nuestro lector se enfade con algunas de nuestras informaciones, pero eso es lo que cualifica la información. El lector nos tiene que entender, aunque lo que le contemos no le guste demasiado.

Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con el rey emérito.

Efectivamente. Si vamos a contar la verdad de un archivo y de la historia reciente de España, vamos a contar los fallos de todo el mundo. Si no contáramos los errores de Juan Carlos I estaríamos defraudando a nuestros lectores.

 

“Si no contáramos los errores de Juan Carlos I estaríamos defraudando a nuestros lectores. No somos hooligans incondicionales”

 

¿Las exclusivas que dañan la imagen del rey emérito se cuentan en ABC, precisamente por ser monárquicos?

Nosotros somos monárquicos, pero eso no significa que seamos ciegos ante lo que suceda en el entorno de la monarquía, para bien o para mal. No somos hooligans incondicionales. Creemos en la monarquía parlamentaria, porque nos parece el mejor sistema posible, a partir de ahí, los errores se destacan y se explican.

Tiene nombre de seleccionador nacional: ¿Sueña con un once ideal de periodistas a los que le encantaría fichar para Vocento?

Me encantaría contar con Manuel Jabois, Rafa Latorre, Rubén Amón, Antonio Lucas… Me gustan mucho las crónicas de Carlos E. Cué, volvería a traer a Emilia Landaluce, a pesar de los errores, pero no estaría mal tropezar dos veces con la misma piedra; me gusta mucho como escribe Carlos Fresneda, corresponsal de El Mundo en Londres… 

¿Cómo es el discurso de un CEO que conoce las cuentas -quiénes ponen y quiénes no ponen-, sobre la independencia periodística?

Al informar sobre empresas privadas, los periodistas saben que están en territorio muy sensible, porque entienden que detrás de cada crítica hay una empresa con intereses económicos con nosotros, normalmente importantes. Pues bien: una cosa que digo y que pido a los directores generales de las cabeceras regionales que trasladen a los periodistas es que ellos se ocupen de dar la información que haya que dar, que ya nos ocupamos nosotros de si nos quitan o no nos quitan acuerdos, o si sufrimos o no sufrimos con la cuenta de resultados. Ese es mi problema. Los periodistas, que escriban lo que tengan que escribir. Este es mi discurso sobre la independencia periodística. Me puedo equivocar, pero estoy segurísimo de que no hay ningún responsable de los departamentos de gestión que condicione para mal al director de un periódico o le impida publicar lo que sea. Aquí sucede todo lo contrario. Desde hace diez años intentamos encorajinar a nuestros directores para que salgan, encuentren información, la cuenten y nos metan en problemas, que ya los arreglaremos nosotros. Esta es nuestra forma de combatir la autocensura que es, posiblemente, el peor enemigo del periodismo independiente en estos tiempos.

“La autocensura es el peor enemigo del periodismo independiente”

David Gistau ha unido por primera vez a Unidad Editorial y a Vocento en una misma iniciativa: un premio periodístico en su honor. ¿Es la primera piedra de algo más?

Nosotros colaboraremos con Unidad Editorial en todo lo que podamos. Trabajamos mucho junto a Prisa: El País, As y Cinco Días se imprimen en nuestra rotativa; tenemos el acuerdo de Wemass, para la comercialización de publicidad programática, acuerdos de impresión con Moll… Hace tiempo que comprendimos que, si no se pueden hacer operaciones corporativas, había que buscar entornos de colaboración, porque una empresa, por sí misma, es capaz de reducir gastos hasta un límite, pero la unión de varias empresas en según qué actividades produce sinergias exitosas. Si pudiéramos hacer más cosas con Unidad Editorial, las haríamos sin ningún problema. Lo de Gistau fue muy fácil, porque, aunque en aquel momento era columnista de El Mundo, nosotros estamos convencidos de que su figura va a trascender y se acabará estudiando, porque era un genio. El tiempo que ha pasado desde su muerte no hace más que ratificarlo. Se le echa mucho de menos, porque era una voz muy distinta, muy directa y que escribía como los mismísimos ángeles.

Luis Enríquez. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

¿La fusión de Vocento y Unidad Editorial sería viable?

Sí, claro, pero hace falta ponerse de acuerdo para hacerlo.

Esta sede y la de La Razón están muy cerca. ¿Hay alguna conexión?

No.

¿Qué aprendió en su paso por Unidad Editorial?

Cantidad de cosas… A mí el periodismo me atraía desde mi etapa universitaria: Mi periodista de referencia era Antonio Herrero, dentro de aquel proyecto de Antena 3 radio en torno a Manuel Martín Ferrand que me parecía el de los verdaderos soñadores de este oficio. Eran un grupo de idealistas que se juntaban para hacer una radio contra pronóstico, en FM, sin medios, luchando contra gigantes, y salieron adelante a partir del puro periodismo. A mis 20 años, Herrero me levantaba por la mañana y me daba envidia, me animaba, me daba qué pensar, me inspiraba. En la universidad empecé a comprar primero El Independiente y, después, El Mundo, al que estuve siempre muy vinculado como lector.

Cuando entré a trabajar en aquella casa, me encontraba por allí con periodistas que para mí eran como ídolos del rock. Era como cruzarte en tu oficina con Brian Johnson o con Axel Rose. De pronto, me encontraba bajo el mismo techo con Antonio Rubio, Juan Carlos Laviana, Rubén Amón, Fernando Baeta, o con el propio Pedro J. La redacción de El Mundo era el oeste americano. Estaba formada por profesionales con un temperamento tremendo y se estimulaba abiertamente la cultura interna de expresarlo. Todo era discutible. Todo era planteable. Eso sí: tenías que amarrarte muy bien los machos, porque todas tus sugerencias te las iban a contestar con vehemencia y con conocimiento. Allí se apostaba decididamente por el periodismo de información de calidad cayera quien cayera, y ese espíritu se te pega a la piel.

“La fusión de Vocento y Unidad Editorial sería viable, pero hace falta ponerse de acuerdo para hacerlo”

En 2007 le tocó vivir en Unidad Editorial la compra de Recoletos. Visto con perspectiva: ¿Aquello fue un acierto?

Analizar aquello con perspectiva es una jugada de ventaja… La operación de integración de ambos grupos, tal y como estaba planteada, era un acierto, aunque quizás podemos valorar el precio… Pero es que, en 2008, de repente, se desmoronó el mercado y nadie lo esperaba. Acabamos 2007 con unas cuentas récord, muy por encima de las previsiones antes de la fusión, y en marzo de 2008 se hundió todo. La fusión estaba bien pensada, pero el momento fue inoportuno.

Cuentan que el Gobierno de Rajoy ayudó económicamente a El País, y que hizo lo imposible por quitarse de en medio a Pedro J. Ramírez de la cabeza de El Mundo. ¿Qué relación tiene Vocento con los gobiernos?

Desde que yo trabajo aquí, la relación de Vocento con el Ejecutivo central de turno es escasa. Llegué aquí en julio de 2011 y Rajoy se hizo con el Gobierno en noviembre de ese año. La relación empezó siendo buena, hasta que fuimos críticos. Nos ha sucedido lo mismo con algunos gobiernos regionales, como durante los años de Monago en la Junta de Extremadura con El Hoy; o con El diario montañés y el gobierno de Cantabria, porque Íñigo de la Serna, como alcalde de Santander, entendía perfectamente la labor de un periódico y era consciente de que la crítica de los medios va en el cargo, pero Ignacio Diego no lo comprendía, y la relación se estropeó. No sentimos ninguna ambición de influencia por cercanía con el poder. No ansiamos ir al palco del Bernabéu. Yo, al menos, estoy mucho más interesado en la información que saquemos que en tener muchos amigos.

¿Espera algo el grupo del Gobierno de Pedro Sánchez?

Solo espero que la gestión de los fondos europeos se haga con transparencia y equidad.

Pablo Iglesias quiso tapar muchas bocas a mucha prensa siendo vicepresidente de este Gobierno. ¿Temió que sus amenazas fueran en serio?

Honradamente, no. Nunca me dio miedo y nunca temí que nos dificultara la tarea.

“No sentimos ninguna ambición de influencia por cercanía con el poder. No ansiamos ir al palco del Bernabéu. Yo, al menos, estoy mucho más interesado en la información que en tener muchos amigos”

 

A un CEO se le supone la búsqueda de la eficiencia y la rentabilidad en cada decisión. ¿Hasta qué punto los recursos humanos son importantes en su agenda en un lugar como este donde las personas que firman son clave?

Los recursos humanos son decisivos en muchos ámbitos. En Vocento, una parte muy importante de la reducción de costes afecta a los sueldos, y eso te impone la obligación de explicar muy bien los motivos, el tiempo que durará el ajuste y los objetivos de la medida. Estamos trabajando con profesionales informados y de mucho nivel intelectual con los que no se puede andar con medidas aplicadas por el artículo 33. Te toca razonar, intentar motivar, incentivar, y no solo a las redacciones, también a los demás departamentos. Todos los empleados de la compañía deben percibir que tú tienes las ideas claras, que el grupo va por un camino reconocible y que todas las decisiones son fieles a ese trayecto, porque el negocio tiene sentido dentro de un sector con sentido.

Es usted de porte serio.

Me dicen que sonrío poco.

¿Le tienen miedo los empleados de esta casa?

Espero que no… Subo, bajo, me cruzo con unos y con otros. Me cuesta mucho trabajo estar sentado en mi silla y más en esta sede sin despachos. Voy y vuelvo, me muevo bastante, hablo con todo el mundo. De todas formas, es absurdo que lo diga yo. Habrá que preguntar la opinión de los demás. Pero espero no dar miedo… En los últimos Premios Genios, en Valladolid, me subí al escenario y canté Soldadito marinero. A los que estuvieron presente espero haberles quitado algo de presión…

Llegó a CEO con 39 años. ¿Cuenta con alguna coraza para evitar dormirse en las adulaciones y el peloteo?

Han sido años muy duros, con un consejo de administración muy exigente, y en momentos intensos de gestión que me han afectado también personalmente. He tenido que enfrentarme a las reuniones del consejo de administración sufriendo al entrar y al salir, y tratando de recuperar después la atención y el foco para gestionar el grupo intentando aislarme de un entorno que me afectaba. La adulación aquí no existe.

Es decir: es más incómodo ser consejero delegado de un grupo periodístico que hacer periodismo de verdad en este punto del siglo.

Hay una escena de Los papeles del pentágono en la que Bend Bradlee está con su mujer y le dice que van a publicar la exclusiva del Watergate. Ella le dice que menudo coraje el de Katharine Graham. Él le responde: “¿Y yo?” Ella: “tú eres periodista, estás en tu momento de gloria, no te estás jugando la compañía. Tú pasarás a la historia”. Hacer periodismo de verdad es maravilloso y debe ser la inspiración de cualquier gestor y de cualquier profesional de esta compañía. Al final, los papeles de Manglano los firman Juan Fernández Miranda y Javier Chicote, y olé por los dos, porque están en la delantera del grupo. Todos deberíamos vivir ese orgullo como propio. Adivinar una nueva fórmula de negocio en este sector no es tampoco una tarea fácil. Cuando el heredero Sulzberger llegó a primer ejecutivo de The New York Times publicó un artículo titulado “el empleo más difícil del mundo”…

¿Las canas son de eso?

Son paulatinas, no solo de aquí.

¿El boxeo es su mejor puerta de escape?

Empecé en 2016 influido por David Gistau. Al final de la boda de la hija de un consejero de esta casa, que se celebró al mediodía, tuve una especie de visión. Cuando me hago una revisión médica y me preguntan si hago deporte, digo que sí, pero porque jugaba al fútbol con 24 años. Desde entonces no hacía casi nada. Se lo conté a David. Me apunté a una boutique de boxeo para pijos. Y desde 2016 voy dos veces a la semana a vaciarlo casi todo.

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