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MIGUEL HENRIQUE OTERO es el editor de ‘El Nacional’, la voz más influyente entre la oposición mediática contra el Gobierno de Maduro en Venezuela. Dirige el periódico desde Madrid, donde vive exiliado, porque está en el centro de todas las dianas del régimen bolivariano desde los tiempos de Chávez.

Miguel Henrique Otero: “Maduro tiene conexiones con Podemos y con buena parte del Gobierno de España”

Miguel Henrique Otero vive exiliado en Madrid y desde allí dirige y edita ‘El Nacional’. Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.
photo_camera Miguel Henrique Otero vive exiliado en Madrid y desde allí dirige y edita ‘El Nacional’. Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Es matemático y sociólogo. Por eso a veces no le salen las cuentas sobre Venezuela, incluso a pesar de sus estudios de Economía. Porque aquello es “una catástrofe” sin fondos. De Caracas, formado entre Londres y París. Catalizador cultural, político y mediático antes de que la república bolivariana se fundiera a negro. Hace 22 años que Hugo Chávez tocó poder y se travistió en antidemócrata, populista y kamikaze. Ha sido diputado, fundador del Movimiento 2D y editor en tres dimensiones: nieto e hijo de los fundadores del El Nacional. Lleva las riendas del periódico más encarado con los atropellos de Maduro y su paraíso populista. Un medio en dirección contraria a la mayoría, comprados en sentido literal. Exiliado en Madrid porque Diosdado Cabello le quiso en la cárcel. Señalado y perseguido. Pudo vender su periódico al régimen por 170 millones de dólares, pero prefirió el periodismo a la publicidad, aunque viva a 6.900 kilómetros de su casa. Hace tres años que El Nacional no sale de imprenta, porque en aquel “oasis antimperialista” no hay para papel. Aunque la libertad esté exiliada, Miguel Henrique Otero dirige una cabecera con 78 años de historia trascendiendo las amenazas de muerte.

Ubicación: muy cerca del parque de El Retiro. Miguel Henrique Otero aterrizó en Madrid hace cuatro años, porque el régimen de Nicolás Maduro había puesto su cara en todas las dianas. Su destino en Venezuela era una cárcel sin cobertura. Anduvo con su esposa por pisos de Airbnb, hasta que alquiló este inmueble con luz propia y aire libre en la capital, también, de los exiliados venezolanos.

Es un torbellino en las redes sociales y, seguramente, la esperanza para muchos conciudadanos que esperan un titular que brille al final del túnel. Mientras tanto, él dirige El Nacional desde el barrio de Salamanca.

Tiene el gesto torcido por demasiados años de injusticia, incertidumbre, intolerancia, iniquidad, desalmados y populismo arrollador. Pero dialoga con serenidad, casi sin alzar la voz, entre el hartazgo y la pregunta retórica: ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí?

Hasta aquí significa que Venezuela ya es más pobre que Haití. Que hay siete millones de venezolanos que han huido de esta tiranía. Que el 90% de sus vecinos están en riesgo de exclusión social. Y que no se vislumbra una salida.

Tanto Maduro como Henrique Otero quieren que El Nacional pase a la historia. El dictador busca asfixiarlo y eliminarlo. El editor quiere luchar, seguir informando, llegar a ese altísimo porcentaje de la población que ha dado la espalda al chavismo, conmover al mundo, activar las respuestas políticas en todo el universo democrático, y sacar cuanto antes de una imprenta una portada rotunda que rece a seis columnas: “Venezuela regresó a la democracia”.

Runrunea constantemente su móvil con mensajes entrantes y ese hipo digital retrata bien la ansiedad por respirar hasta el fondo en una tierra que fue Caribe y hoy es pozo negro con fugas. Seguramente este hombre, algún día, será interpretado en una película, como Marty Baron (Liev Schreiber) en Spotlight, Katharine Graham (Meryl Streep) y Ben Bradlee (Tom Hanks) en The Post, o Edward R. Murrow (David Strathairn) en Buenas noches, y buena suerte.

De momento, hablamos sin maquillaje, sin focos, sin barreras, y sin miedo.

¿Cómo está Venezuela?

Venezuela está sumida en el dolor. Es una catástrofe; un caso único. Es un país sometido a unos niveles de destrucción comparables a los de una guerra que, además, está secuestrado por un régimen que lo ha destrozado todo. El 20% de la población se ha ido huyendo de Maduro y su gente, y de las consecuencias económicas de esa tiranía, que subyuga a los venezolanos a un panorama de pobreza crítica, cuando Venezuela se reconocía en el mundo entero por contar con una amplia clase media y porque los sectores más desafortunados tenían condiciones de vida más favorables que en cualquier otro rincón de América Latina. Venezuela es un país sin control, porque Maduro ha hecho alianzas con todas las fuerzas del mal: con las guerrillas colombianas, con los iraníes, con el narcotráfico, con el terrorismo islámico, con Cuba, con todo lo indeseable… ¡Nadie puede controlar algo así!

“Venezuela es un país sin control, porque Maduro ha hecho alianzas con todas las fuerzas del mal: con las guerrillas colombianas, con los iraníes, con el narcotráfico, con el terrorismo islámico, con Cuba…”

 

¿Cómo miran los medios a Venezuela?

El mundo informativo mundial ha estado bastante pendiente de Venezuela, a pesar de la pandemia. Parece que muchos son conscientes de que el empuje del Foro de São Paulo tiene que ver con la permanencia de Maduro.

¿Lo estamos contando bien?

En algunos medios, sí. En otros, no tanto.

¿El periodismo venezolano sigue vivo?

Hacer periodismo en Venezuela es complicadísimo, porque aquel régimen reprime a los periodistas, los atropella, les quita las cámaras, los encarcela, compra los medios independientes, amenaza permanentemente y descalifica el trabajo de los medios de comunicación.  El periodismo se hace, pero con muchas dificultades. 

Su presencia en España es un reflejo de eso. Hace tres años que El Nacional cerró su edición en papel tras 75 años en los quioscos. Entre medias, usted tuvo que exiliarse porque Maduro le puso en la diana.

Yo estaba en un viaje de trabajo en Israel cuando Diosdado Cabello introdujo una demanda de difamación contra El Nacional y otros medios por haber replicado al día siguiente una información de ABC donde se afirmaba que un fiscal federal del estado de Nueva York lo investigaba por sus vinculaciones con el narcotráfico. En ese momento, los jueces pusieron medidas cautelares y ese es un paso previo a la prisión, porque allí todo es arbitrario. Hay personas con quince años de cárcel por medidas cautelares y sin juicio. O con juicio que no avanza, que es lo mismo. 

¿Su destino era la cárcel por dirigir un periódico ajeno al régimen?

Sí. Y me quedé en Madrid. Mi esposa y yo vivimos durante dos años con una maleta denunciando al régimen en distintos países hasta que decidimos quedarnos en España, un país que ha sido muy generoso con los venezolanos.

¿Venezuela tendrá salida sin medios independientes?

El Nacional es el gran medio independiente venezolano, como reflejan sus cifras de tráfico y su influencia. Sin embargo, los medios independientes ya casi no existen. Muchos han sido comprados con dinero público y la mayoría se autocensuran por temor a las represalias del régimen. También existen honorables excepciones como Tal Cual o El Carabobeño y páginas web como La Patilla y muchas otras.

¿Ve usted una salida?

La gran incógnita de Venezuela es cuál será el modelo la salida. Nadie sabe. Hay una oposición dividida. Algunos piensan que el fin de Maduro llegará tras una negociación y unas elecciones libres, unos comicios muy vigilados por el mundo y por los venezolanos para que sean transparentes. Esas elecciones las perdería Maduro, porque no tiene popularidad, y la oposición se haría con el poder. Estas negociaciones se han intentado varias veces y, de momento, solo han servido para que Maduro gane tiempo mientras que la oposición se divide más.

Hay otro sector de la oposición que cree que no habrá salida sin una confrontación, algo que también tiene muchos matices: ¿Un levantamiento popular? ¿Una acción cívico-militar? ¿Una guerra civil? ¿Una invasión? Otros piensan que el mismo régimen va a implosionar en una especie de glásnost a la venezolana. Lo cierto es que nadie sabe qué puede pasar. Venezuela es un país con un alto nivel de inestabilidad, con un régimen que aparenta tener mucho poder, pero que no controla el territorio, y en el que casi el 90% de la población está contra el sistema y ahogada en un contexto asfixiante de pobreza crítica.

“Maduro aparenta tener mucho poder, pero no controla el territorio. Casi el 90% de los venezolanos están contra el régimen y ahogados en un contexto asfixiante de pobreza crítica”

¿Hasta qué punto es un país inestable?

El año pasado hubo 9.200 protestas populares. ¡Eso es una barbaridad! No todas son masivas y contra el régimen, pero reflejan un estado social. Además, las Fuerzas Armadas están en constante tensión: en los últimos años han sido aplacadas ocho rebeliones militares. Eso no sucede en Nicaragua. Y también está sobre la mesa el debate internacional sobre el apoyo militar para acabar con el régimen de Maduro, y eso no sucede con regímenes similares. Hay una fuerza inmensa anti Maduro y, aunque está dividida, está muy presente en el día a día. 

Miguel Henrique Otero

¿La esperanza de cambio que despertó Juan Guaidó se ha diluido?

Guaidó no pudo construir una fuerza suficiente como para desplazar al régimen, pero el hecho de que haya existido Guaidó ya es muy significativo, porque en regímenes así no aparecen líderes con tanta popularidad y de este calibre, ni seguiría ahí, ejerciendo en la oposición después de todo, porque ya lo habrían encerrado en una mazmorra. La oposición venezolana está tan diversificada como un arco iris, pero es muy fuerte. 

¿Qué evidencias demuestran más claramente la podredumbre del régimen de Maduro?

Hay evidencias contrastadas de la vinculación de su régimen con el narcotráfico, ya desde Chávez, porque hizo una alianza geopolítica con las FARC y el ENL, y esas no son guerrillas ideológicas tradicionales como las de los años 60, sino narcoguerrillas. Aliarse con ellas es pactar con el narcotráfico. Hay decenas de jerarcas del régimen de Maduro que están en busca y captura por la DEA [La Administración de Control de Drogas​ es la agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos]. Las investigaciones de las autoridades norteamericanas al respecto son rotundas. 

La Administración pública venezolana no tiene ningún control. No hay auditorias, ni fiscalización. No se tienen en cuenta las leyes, y no existe ningún mecanismo para combatir la corrupción, habitual en las sociedades modernas. Todo pivota en los funcionarios de un régimen cuyos valores éticos y morales están podridos, desde el portero de un ministerio. Cualquier gestión pública -un contrato, hacerse el pasaporte…- se ha convertido en un negocio institucional. 

¿Y dónde van todos esos recursos?

Esos recursos van a parar a los bolsillos de distintos personajes del régimen. Y a esas sumas debemos añadir que la industria petrolera que el chavismo ha destruido estuvo muchos años descontrolada generando beneficios para su gente y que, ahora, en la explotación minera donde se extrae oro, ponen la mano el ENL y los iraníes… 

Hace unos días el presidente de Colombia, Iván Duque, hablaba de Maduro sin pelos en la lengua: “Es un asesino”. ¿El Gobierno de España está siendo rotundo o juega a varias bandas?

El Gobierno de España no es rotundo. Es más, tiene vinculaciones con el régimen venezolano. La última prueba es el financiamiento de Plus Ultra: una cosa insólita, porque se trata de una aerolínea que no tiene ninguna significación y que siempre ha estado quebrada. Lo único que se sabe de ella es que depende del régimen. Solo Air Europa Plus Ultra han recibido ayudas del Gobierno español, y es evidente que existen muchas otras líneas áreas con problemas que han sido excluidas de las ayudas del Ejecutivo. Ese movimiento es muy sospechoso. No olvidemos que el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, recibió a Delcy Rodríguez [vicepresidenta de Venezuela] en aquel show de maletas y aeropuertos que todavía se está investigando. 

¿Esa nebulosa Ábalos-Delcy refleja la conexión institucional entre ambos gobiernos?

Totalmente, aunque aquí se tapen todas esas cosas. Conozco a empleados del aeropuerto que han vivido en sus carnes el poder de un sistema represivo, como si esto fuera una dictadura… Este Gobierno cada vez mete más miedo, y cada vez controla más el sistema judicial y las instituciones. La idea es acabar con la democracia con los mismos resortes de la democracia. Gladys Gutiérrez, presidenta del Tribunal Supremo de Venezuela, hizo su tesis en Valencia. Ese trabajo, que se intentó encubrir, analiza en negro sobre blanco cómo destruir los elementos fundamentales de la democracia con las leyes, la Constitución o el Tribunal Supremo, para ir desmontando desde dentro todo el sistema que tanto nos ha costado construir.

 

“El Gobierno de Sánchez cada vez mete más miedo, y cada vez controla más las instituciones. Comparte con Maduro la idea de acabar con la democracia con los mismos resortes de la democracia”

 

Quiere decir que los vínculos del Gobierno y Venezuela trascienden a Podemos.

La conexión del régimen venezolano no es solo con Podemos, sino con buena parte del Gobierno de España. Lo de Podemos ya está más que demostrado, como hemos visto en el caso de Monedero. El régimen chavista financia así. A nivel internacional, llama la atención la posición de España de intentar llegar a un entendimiento con el régimen a través de los viajes y las reuniones del ex presidente Zapatero, que cuenta con el aval del Gobierno, como es lógico, para negociar con Maduro una salida intermedia donde la oposición tome el poder, pero parte del régimen se quede como si no hubiera pasado nada. España levantaría todas las sanciones que la Unión Europea ha impuesto al populismo chavista. 

¿Cómo lee usted la mediación de Zapatero?

Su empeño por lograr la negociación es evidente. Es un hombre de izquierdas que realmente cree que algo de aquello se puede salvar. Ha logrado la liberación de algunos presos políticos, pero me da la impresión de que no tiene claro el nivel de putrefacción del régimen. Es obvio que los demócratas quisiéramos salir de esa pesadilla con unas elecciones en condiciones de transparencia, pero negociar con ese tipo de régimen termina siempre en nada, a menos que se tenga una gran fuerza en el territorio demócrata.

¿El pueblo español está implicado en su apoyo a los venezolanos, o nos pilla muy lejos?

En España hay entre 300.000 y 400.000 venezolanos, incluyendo a los venezolanos que son españoles y han regresado. Son muchas personas huidas del régimen, y eso tiene una influencia muy marcada sobre la población española, también porque los venezolanos no vivimos en guetos: estamos en medio del país. Los venezolanos que están en España se integran muy fácilmente. Para muchos españoles, el mal ejemplo de Venezuela es un tema prioritario y se observa que, en general, hay un alto grado de sensibilización en la sociedad. Los argumentos ideológicos a favor del régimen ya no existen, ni siquiera entre los miembros y adeptos de Podemos. Aquello de que Chávez Maduro vinieron a luchar contra el imperialismo se ha caído sobre su propio peso hace tiempo, porque todo el mundo ve con sus ojos lo que ha quedado del país por el camino… 

Si conectas Maduro y Podemos, la respuesta institucional de la izquierda radical es cinismo: sí, somos Maduro, ¡y también el demonio! 

Es así. La opacidad siempre es sospechosa. El problema es que los españoles no terminan de ver el peligro… La historia de Venezuela demuestra el afán de la izquierda descontrolada por hacerse con el poder a través de los mecanismos de la democracia burguesa. En eso, el Foro de São Paulo -una estructura política multinacional donde participan movimientos de ultraizquierda, grupos insurreccionales y narcoguerrillas-, ha jugado un papel importante, como se observa en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Su interés se posa en otros países que no están directamente asociados, pero casi, como Bolivia, Argentina… Esa bola que crece es un peligro gigantesco, y los españoles no lo ven, a pesar de que tienen a Podemos, que es una expresión contundente de esa línea. Los venezolanos decíamos que no éramos Cuba. Ahora los españoles dicen: “Nosotros no somos Venezuela”. Pues, cuidado.

“El populismo es un peligro gigantesco y los españoles no lo ven, a pesar de Podemos. Los venezolanos decíamos que no éramos Cuba. Ahora los españoles dicen: “Nosotros no somos Venezuela”. Pues, cuidado”

Aquí parece que Podemos ha tocado techo, y, además, se ha dividido muy pronto. No es un tanque con peso uniforme. 

Sí, es evidente que no ha tenido el mismo éxito de los del Foro São Pablo en América Latina. La deriva de Pablo Iglesias también muestra que se diluye la fuerza del poder. 

¿Está empadronado en Madrid?

Sí.

¿Y cómo ve la cita electoral del 4 de mayo?

Creo que Ayuso ganará por mayoría. Las dos incógnitas son si Podemos recuperará el 5% que perdió gracias a Errejón, y si Vox tendrá suficientes votos para entrar a la Asamblea de Madrid. 

¿Y Ciudadanos?

Lamentablemente, Ciudadanos dejó de ser influyente. Es un caso digno de estudio.

Ciudadanos representa bien el corte ideológico de El Nacional, más bien de centro-izquierda.

El antagonismo entre los extremos ha hecho que resucite el bipartidismo. El centro electoral se ha quedado muy minimizado. 

¿Las elecciones de la Comunidad de Madrid pueden ser el final de Pablo Iglesias?

No. Pueden ser, más bien, el final del régimen de SánchezIglesias tiene un nicho que crece y decrece sobre el resentimiento de grupos sociales y ese público descontento y pasivo lo tendrá siempre. 

“Las elecciones en Madrid no acabarán con Iglesias, que siempre tendrá su nicho de resentidos, pero pueden ser el final del régimen de Sánchez”

Miguel Henrique Otero

España es capital del exilio de personas como usted o como Leopoldo López. ¿Se sienten seguros aquí?

Muy seguros. Muy a gusto. 

Precisamente hace unos días Leopoldo López decía que “el 90% de los venezolanos están en la pobreza y 60% en una situación crítica” y que hay “siete millones fuera del territorio nacional”. ¿No tiene la impresión de que estos datos no acaban de hacernos reflexionar sobre el destrozo de los populismos?

El populismo no vive de la realidad, sino de la esperanza, de las promesas, que después se convierten en promesas incumplidas. Si le explicas a un convencido del populismo lo que sucede en Venezuela siempre te justificará que en España no va a pasar eso. El populismo vive del engaño. 

Es curioso que en una sociedad aparentemente cada vez más crítica con el poder y con los medios, todavía haya un alto porcentaje de personas que transigen sin pestañear con esas promesas de helio. 

Esa ceguera es uno de los problemas del mundo contemporáneo. El deterioro de los partidos políticos y su desconexión con la gente hace que los ciudadanos busquen la esperanza en cualquier parte. ¿Por qué? El mundo mediático ha hecho que no estemos pendientes de las ideas profundas y que el emotivismo sea el camino de la adhesión. Una imagen y un guiño pueden convencernos en cinco minutos. El que tiene más habilidad para conectar es el que triunfa. 

Como si todo fuera un estado de ánimo.

Efectivamente. Un estado de ánimo en permanente agitación que aumenta la intención de voto de los partidos populistas en una decisión instantánea y soluble. 

Una persona que lea, que escuche y que vea, tendría argumentos de sobra para no dejarse llevar por ese impulso. 

Sí, pero es complejo. El colectivismo y el poder del rebaño también siguen vivos en el siglo XXI, porque contra el individualismo y el liberalismo se pelea en bloque. 

Aquí los medios de comunicación independientes, en principio, sí existen. ¿Qué piensa cuando lee los medios españoles?

Hace cinco años me daban más confianza. Los sigo leyendo, pero ha habido tanto cambio y tanto bandazo que lo hago con cierta distancia. Me voy a El ConfidencialVoz PopuliOK DiarioMoncloa.comLibertad Digital…, porque lo que cuentan ahí no se publica en otros medios. 

¿Cree que se irán recortando libertades a los medios paulatinamente?

Eso ya sucede. ¡La televisión pública es un horror! Los medios impresos como El País están en una situación preocupante. Cada vez más medios digitales son de pago, y es difícil estar suscrito a todos. Acceder a los periódicos se ha vuelto una tarea complicada. En España se hace un gran periodismo, pero cada vez percibo más posiciones complacientes con cualquier tipo de poder.

“En España se hace un gran periodismo, pero cada vez percibo más posiciones complacientes con cualquier tipo de poder”

 

¿Las audiencias respaldan el esfuerzo por mantener El Nacional como contrapoder vivo?

Sí. La situación económica es precaria, y a veces el régimen nos bloquea internet hasta tal punto que se puede leer en Madrid, pero no en Caracas. Estamos reducidos a la mínima expresión. Hace siete años éramos 1.100 personas y ahora somos 80. Todos estamos preparados para volver. Incluso yo ya tengo el titular para ese día que deseamos con fuerza: “Venezuela regresó a la democracia”.

¿Los periodistas que siguen haciendo su periódico desde allí están perseguidos?

El régimen persigue a los periodistas influyentes, de los que solo quedan por allí una docena. Aquí en España hay una asociación de periodistas venezolanos que tiene 750 miembros. Con ese dato se lo digo casi todo… 

Cuándo Maduro te señala con cabreo por tu nombre y apellidos en un mitin, ¿se pasa miedo?

Eso ya lo hacía Chávez cuando tenía popularidad. Sus insultos provocaban un cierto impacto, sí. A mí me lo han hecho muchísimas veces, y todavía me lo hacen, pero hasta aquí no llega ese acoso. 

Podemos también señala mucho a periodistas…

Sí, claro. Es marca de la casa. 

¿Confía en Biden?

Yo prefería que ganara Trump, porque tenía una posición más consecuente con Venezuela. Durante el Gobierno de Obama, los demócratas sacrificaron a Venezuela por sus intereses geopolíticos en la apertura de Cuba y la paz en Colombia, aunque no lograron ninguna de las dos cosas. Para Obama, Venezuela fue un comodín en sus negociaciones. Ante eso, prefiero a cualquiera... De momento, Biden no ha dado marcha atrás con las medidas de Trump, y tampoco ha dicho mucho sobre Venezuela, pero parece que no va a cambiar gran cosa la política de Estados Unidos en este aspecto. Quizás él decida trabajar más con Europa, porque son amigos de la multilateralidad, pero, de momento, no está dando señales de debilidad con respecto a Venezuela. 

¿Confía en la Unión Europea?

La Unión Europea no es coherente, tampoco en su defensa de Venezuela. Países como Polonia o Hungría son claros, pero países como España, que tiene el liderazgo en la conexión con América Latina, no. Es un gran mercado que trata de desarrollar políticas y estrategias comunes, pero aglutina una gran diversidad política entre sus estados miembros y eso le quita consistencia. Europa está siendo muy lenta con Venezuela. Josep Borrell [alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad] piensa que todo se solucionará con una negociación, que Maduro va a dar su brazo a torcer, que habrá elecciones transparentes…  

“La Unión Europea no es coherente, tampoco en su defensa de Venezuela. Países como Polonia o Hungría son claros, pero países como España, que tiene el liderazgo en la conexión con América Latina, no”

 

Y lo de las elecciones transparentes usted no lo ve nada fácil.

No. Todos los partidos han sido vaciados. ¿Les van a devolver las siglas a cada uno? Habría que cambiar la directiva del consejo nacional electoral y ver qué pasa con los 5.000 empleados chavistas que están detrás de cada recuento. Todo eso, teniendo en cuenta que no hay medios de comunicación independientes, que los colectivos controlan la calle el día de la votación, que el ejército actúa como partido chavista, y diez mil cosas más… Para pensar en unas elecciones transparentes tendría que salir el régimen para reformar de verdad todo.

Ecuador se distancia del populismo, según el dictamen de las recientes elecciones. ¿Venezuela será el último trance del experimento populista?

Venezuela puede ser el principio del fin del populismo, pero hay que rematar y sacar a Maduro.

¿Hasta que esté en la cárcel?

Hasta que se acabe con el régimen. La mayoría de los dictadores latinoamericanos no terminan en la cárcel, aunque, claro, lo ideal es que respondiera ante la justicia.

¿Venezuela se siente marginada por los demócratas del mundo?

Mucha gente se siente marginada, pero el mundo ha hecho lo que podía. ¡Solo le falta invadir! Ahí están las críticas, las sanciones… Los gobiernos reconocen a Guaidó, aunque es verdad que podían reconocerlo con más entusiasmo. Podían expulsar a todos los embajadores de Maduro, y algunas cosas más. Hace seis o siete años, solo los conservadores del mundo democrático eran conscientes de lo que estaba pasando en Venezuela. Todos los demás, o apoyaban al régimen, o eran equidistantes. Todavía algunos pensaban que Chávez había sido el gran defensor de los pobres… El mundo ha cambiado muchísimo desde entonces. Hubo una época en la que Chávez era el gran redentor de los desposeídos. Hoy, muy pocos defienden al régimen, y los que lo hacen, o son muy ignorantes, o tienen intereses compartidos y forman parte de su estructura ideológica.

“Venezuela puede ser el principio del fin del populismo, pero hay que rematar y sacar a Maduro”

¿Cuándo empezó todo, usted respaldó en algún momento al primer Chávez? ¿Pensó que iban de buena fe o vio por dónde iban desde el principio?

El primer Chávez fue un cohesionador de los sectores populares en un momento donde la tendencia estaba marcada por la inestabilidad. Sus propuestas iniciales eran, prácticamente, la tercera vía de Blair y no tenía ataduras. La entrega a la dictadura cubana fue posterior. Al poco tiempo de ganar las primeras elecciones, una encuesta lo colocó con una popularidad del 85% y eso implica que la mayoría aplastante de la población estaba engañada por su liderazgo. El hecho de que haya sido un golpista es un argumento bastante relativo, porque Rómulo Betancourt, el padre de la democracia, fue golpista en 1945. Al principio, El Nacional tuvo fácil acercarse a Chávez, porque es un periódico siempre cercano a la oposición en todos los periodos democráticos y eso es lo que él hacía. Evidentemente, el costo fue muy alto y muchos venezolanos lo resienten, pero la lucha la estamos dando desde sus primeros meses al frente del poder, cuando apreciamos que su gobierno había virado al autoritarismo y a la destrucción del país.

¿Qué papel está jugando allí la Iglesia católica?

La Conferencia Episcopal de Venezuela ha sido la institución opositora más importante. Los obispos son contundentes. En Semana Santa hemos escuchado homilías muy claritas. 

Miguel Henrique Otero

Usted tiene un pasado político previo a la dirección y edición de medios. ¿Esa experiencia podría resucitar cuando acabe todo esto y vuelva a casa?

No son esas mis intenciones. Mi objetivo es retomar El Nacional con fuerza, aunque todo depende de cómo se salga de esto. Algunos líderes de la oposición creen que están ungidos para ser unificadores de la oposición, líderes de la transición, candidatos de consenso, y futuros presidentes. ¿Y cuál es el plan para ir llegando a todo eso? Pues no hay plan, y las cosas no suceden solas. Sin un plan de salida todo puede seguir así treinta años más. 

¿Hará falta que Netflix haga una serie o una película sobre El Nacional o sobre Venezuela para que aquello termine de caer sobre su propio peso?

No es la primera vez que oigo la posibilidad de que se haga una serie con El Nacional como protagonista para narrar esta historia reciente de Venezuela. Hace poco me lo propuso Boris Izaguirre. Ya veremos. Esta historia no se ha terminado.

¿Qué pueden aprender los medios sobre la historia de El Nacional antes de que sea tarde?

La historia de El Nacional está en pleno desarrollo. Muchos creen que no debí enfrentarme al régimen para mantener el medio, o venderlo cuando el gobierno me ofreció 170 millones de dólares. Para algunos, los medios son una empresa más, como si fuese una fábrica de ladrillos. Para nosotros, El Nacional es más que un periódico o un medio. Es parte de la historia de Venezuela. Decidimos dar la batalla. Lo que hemos aprendido hasta ahora es que, si decides pelear, puedes morir, o puedes ganar. No sabemos cuál será el desenlace hasta que termine la película. 

“Para algunos, los medios son una empresa más, como si fuese una fábrica de ladrillos. Para nosotros, El Nacional es más que un periódico o un medio. Es parte de la historia de Venezuela”

 

REBOBINANDO

El 15 de diciembre de 1999 se aprobó en referéndum la Constitución de Venezuela. El segundo artículo del título “principios fundamentales” dice así:

“Artículo 2. Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.

Miren Venezuela. Oigan Venezuela. Hablen con Venezuela. Y entenderán como este artículo dibuja perfectamente la desconexión entre el populismo aspiracional y el populismo operativo. Porque la Venezuela de Maduro ni es un estado democrático, ni es social, ni es de derecho. Es una república injusta y cruel con su gente que no propugna más valores que el totalitarismo de un régimen y la anarquía de una élite chavista que destroza vidas, encarcela libertades, acrecienta voluntariamente las desigualdades, viste de orgullo la insolidaridad, huye de la democracia, ha volado cualquier atisbo de derechos humanos, ha disfrazado la ética de cinismo y ha comprado el pluralismo contagiando de tiranía un infierno crónico.

Si lee el Artículo 3, directamente sentirá en cada coma una puñalada y en el punto final, el atraco consentido de un régimen inhumano con risas macabras de fondo:

“El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución. La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines”.

Bienvenidos a Matrix. La pastilla azul. La pastilla roja. El fondo negro.  “¿Qué es real? ¿Cómo se define ‘real’? Si estás hablando de lo que puedes sentir, lo que puedes oler, lo que puedes saborear y ver, entonces ‘real’ es simplemente señales eléctricas interpretadas por tu cerebro”.

Se siente el cansancio y la desesperación. Huele a podrido desde hace años. Se saborea la amargura de la hipocresía. Son las señales eléctricas de una tortura tan real como la verdad sin disfraz que entiende cualquier inteligencia sin tara.

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