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PEDRO HERRERO es el director de ‘Public’, la división de asuntos públicos y comunicación política de la agencia Shackleton. Conduce el podcast de análisis político ‘Extremo Centro’. Pasó por UPyD y Ciudadanos

Pedro Herrero: “La política es un juego de impotencias que no transforma nada, pero jode la convivencia”

photo_camera Pedro Herrero. (Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui)

Un río fuera de madre dentro de una lógica. Un discurso anticaspa, anti orejeras, anti inercias, anti prejuicios, anti comodidad. Delantero de Extremo Centro. Ex votante de Zapatero, ex amante del PSOE y ex ferviente bebedor de Prisa. Ha estado diez años en política entre UPyD y Ciudadanos. Fracasando en el centro ha descubierto que el epicentro de su vida no era ser diputado, sino dominguear entre paellas de familia, amigos y tertulia. Faminazi con sentido del humor. Provocador de interrogantes. Se desintoxicó de las ideologías y ahora construye puentes de diálogo para reconquistar conversaciones constructivas en un país donde el discurso público puentea la realidad. Muchos libros. Un padre. Un matrimonio con lustros. Tres hijos. Una furgoneta sin filtros. Una mirada de redención. Un digno tocayo de san Pedro. Sobre estas piedras de política flácida y burócratas antihéroes, él muestra las llaves de un centro sociológico con rostro de profunda decepción. Entre otras cosas, por culpa de Albert Rivera.

Acaba de recoger a los niños del colegio y nos hemos plantado en esta conversación. Cada pregunta es el intento de levantar una presa para frenar el torrente discursivo que emana de la Sierra de Cazorla y baña este discurso navegable, mediterráneo, fresco, envolvente y libre. Se nota que se dedica al lobby, aunque rompa el tópico con una transparencia desbordada.

Rompen aguas las reflexiones, saltan las ranas de ideas, fluyen las conexiones inesperadas, se desparrama el tsunami y crece el vergel. Mi obsesión es que nazcan frutos con orden, pero, mira, que aflore el huerto con una distinguida arbitrariedad, porque, a veces, jugar a preverlo todo y asfixiar las luces es de pusilánimes.

Un café random. Un lugar inesperado. Un guion abortado en el arranque. Mueve el balón desde el centro con vehemencia y gracia.

Pedro Herrero mamó PSOE, aleteó UPyD y ha pillado cacho en Ciudadanos hasta el 11-Murcia. Ha estado entre las bambalinas del centro político como un almonteño en la reja. El fracaso ha sido su Damasco, porque la digestión de la imperfección le ha dado alas.

Extremo Centro es su hoguera de las vanidades. Su caso en quirófano. Su historia clínica de una refundación interior. Su pan, pan. Su vino, vino. Vuela como un miura al que no le hacen falta los capotes.

Sofá largo. Subimos las persianas y bajamos revoluciones. Chill in en modo on.

¿Qué temas sociales ocupan la pole en tu cabeza?

Hay dos cuestiones fundamentales que me preocupan: la destrucción sentimental de los jóvenes y la falta de conexión entre el debate público y lo real.

Pulse 1.

 

El amor ha desaparecido como elemento constitutivo de una vida buena en el deber ser del espacio público de conversación. Veo muchas mujeres y muchos hombres jóvenes con excesivas dificultades para alcanzar algo que para nosotros era un elemento más de la vida. Antes nadie dudaba de que teníamos derecho a ser amados y a poder amar, y que eso fuera una opción razonable dentro de la vida comunitaria. Alcanzar una relación amorosa ha dejado de darse por supuesto, porque ahora puede ser, o no. Me parece un drama, y me parece alucinante que se trate así en la conversación pública. Sin embargo, la mayoría de las personas vivimos en torno a una idea normativa del amor, lo cual demuestra que la conversación pública y la vida real están cada vez más desconectadas.

Pulse 2.

El debate público ha traicionado las demandas de la población general. La conversación pública y el proceso político, al menos desde que yo participo en él, se muestran incapaces de abrazar cuestiones robustas de la realidad: prever, informar para proteger a la gente, advertir de los riesgos, asesorar… En una sociedad que ha superado el periodo de la súper estabilidad, las fronteras se vuelven más densas. De las dos fronteras de Europa hay una que se ha llenado de soldados, mientras el espacio público de opinión habla, durante años, de cuestiones absolutamente irrelevantes para la vida real, y lo hemos visto con la pandemia, con esta súper inflación, con la guerra en Ucrania, con el cambio de política con el Sahara, con la partida geopolítica que se juega en torno al gas africano... Hay un muro opaco entre la conversación pública española y lo que nos afecta a los ciudadanos cada día.

¿Te refieres a los debates políticos, los medios, los expertos, las redes sociales…?

Me refiero a la metaconversación. Solo se otorgan credenciales para intervenir activamente en la conversación pública española a quienes cumplen una función para el poder. Y si te posicionas contra los intereses del poder, el que sea, te retiran el aval. Lo cierto es que la ficción de credenciales académicas, de conocimiento, de datos, de prestigio científico es evidente, porque en este país, que está supuestamente preñado de expertos, ninguno es capaz de transmitir opiniones contrarias de la tesis que defiende el poder. En el espacio público de conversación hay demasiada gente que cobra por no decir lo que sabe.

¿Qué efectos tiene esa conversación paralela en la sociedad?

Si planteas cuatro obviedades que nadie se atreve a decir -como, por ejemplo, que la inmigración, en los barrios vulnerables, genera un coste de convivencia, que es un hecho objetivo-, provocas desgarrones en el sistema político y dejas en evidencia que el sistema de conversación público político no representa adecuadamente los intereses de los ciudadanos y lo que ellos viven en realidad. Si uno sufre en sus carnes cuestiones que no se abordan en el debate público, no recibe información de la súper inflación, percibe que no se protege adecuadamente a su familia en mitad de una pandemia, y es consciente de que la política no le representa, porque lo que vive no se puede decir, es lógico que se pregunte: ¿para qué tengo un sistema político? Los partidos políticos, la Unión Europea, las instituciones públicas y las grandes corporaciones tienen conversaciones particulares, específicas, no representativas para la mayoría social. Son monólogos dialogados y neuróticos, centrados en asuntos que no se conectan con la realidad. Los veo muy ignorantes, absolutamente ciegos y muy perdidos. Esto, en algún momento, se va a romper, porque estamos pedaleando en el puto vacío.

“La conversación pública y la realidad que vivimos los ciudadanos está desconectada. Los partidos, Europa, las instituciones y las grandes corporaciones están pedaleando sobre el puto vacío”

El metaverso ya existe, y es la política.

Sí.

Por lo que dices, aquél “no nos representan” del 15-M no ha hecho más que engordar en estos años. ¿Cómo se rompe esta inercia?

Como ciudadanía europea hemos tenido dos grandes avisos, y en los dos nos hemos puesto de culo ante la realidad: la elección de Trump y el brexit. Más allá de los contenidos morales de ambas cuestiones, el brexit ha sido la mayor negación intelectual de un suceso político contemporáneo. No sé si los británicos son listos o son tontos. No me importa. Lo que sé es que han votado tres veces, porque Europa no cree, en realidad, en el sufragio universal. Lo lógico es que la conversación pública se fije en los motivos por los que los británicos votan tres veces a favor del brexit, pero no, las voces oficiales europeas prefieren dirigir el interés de los ciudadanos y doblar su apuesta: que si Cambridge Analytica, que si elecciones manipuladas, que si el apocalipsis había vencido, que a ver cómo paramos una decisión democrática mediante argucias burocráticas ilegales… Europa se puso a decir a los ciudadanos que habían votado mal… Tres elecciones, tres noes a la Unión Europea, y nadie ha salido a explicar que estar en la Unión Europea es voluntario y que nadie nos va a invadir si decidimos no formar parte de ese proyecto. Nuestras élites continentales europeas funcionan así ante cualquier cuestión que no encaje en su visión del deber ser.

¿Y esa visión del deber ser es el imperio totalitarista de las ideologías?

Ni siquiera... Es algo infinitamente más cutre y mediocre. Los burócratas de la Unión Europea son unos frikis que sacaron buenas notas en el insti, estudiaron carreras en las que les dijeron que estaban muy dotados, y se metieron a jugar una partida de warhammer 40.000 con instituciones muy complejas. La mayor parte de los altos funcionarios europeos nunca conseguirían salir elegidos ni en sus clases. Ellos no entienden que hay un valor en el liderazgo social. La Unión Europea se la van a cargar sus más fervientes defensores, porque no son capaces de buscar la legitimidad popular que respalde sus decisiones. Como frikis expertos en rol, buscan alambicadas explicaciones y supuestos complots y apelan a la incapacidad mental de los ciudadanos. Salvini y Orbán están apoyados por la peña. Ese respaldo es el que debe ganarse la Unión Europea afrontando la realidad con madurez, porque padece una enfermedad versallesca propia de cortesanos que desarrollan su mundo en una dimensión paralela a la del resto del mundo. La experiencia de vida de un burócrata europeísta en Bruselas que lleva muchos años ganando 5.000 euros al mes hace que su visión de la realidad esté muy desenfocada y torcida.

Por ejemplo: Europa acaba de prohibir los coches diésel a partir de 2035.

El diésel da empleo a 400.000 personas en España. Es la mayor exportación y la primera fuente de empleo industrial estable en nuestro país. No tengo ni idea de qué piensan en Bruselas sobre el diésel, y no me importa, pero, como español, yo tengo que defender el diésel a muerte. La función de nuestras élites ya no es defender y representar nuestros intereses, sino darnos la murga para que nos adaptemos a sus obsesiones. Por eso muchísima gente se pregunta para qué nos sirve la política.

“La función de nuestras élites ya no es defender y representar nuestros intereses, sino darnos la murga para que nos adaptemos a sus obsesiones. Por eso muchísima gente se pregunta para qué nos sirve la política”

¿Para qué nos sirve la política en España?

Después de una década de convivencia en las procelosas aguas del centro político español, diría que el proceso político se ha vuelto irrelevante. Es complicado creer en él, también porque han sido diez años compartiendo mesa con declaraciones solemnes que aspiraban a la eternidad y se morían a los dos años. España se iba a romper y se iba a acabar cuando Bildu entró en las instituciones, y, seamos serios, España es algo que va mucho más allá del proceso político, afortunadamente. España no es la Constitución. La malla de afectos, relaciones, lazos, anclajes y familias que configuran este país trasciende la política. El triste ejercicio político de estos últimos diez años a mí me ha convencido de la necesidad de perder el miedo a hablar y decir literalmente lo que pienso.

¿Cómo lees los cuatro años de Pedro Sánchez al frente del Gobierno desde la moción de censura?

Yo me preocupé mucho por la secesión catalana, pero me he dado cuenta de que la política hoy es un juego de impotencias, de pollas flácidas y estériles. No hay fuerza alguna en nada que tenga que ver con la política. Precisamente, el riesgo de la política es que la gente sea consciente de su incapacidad para transformar nada. Nuestra política no puede declarar la guerra, ni enviar a nadie a morir por defender una bandera, porque carece de capacidad moral. Lo que sí vemos que puede conseguir la política es hacernos la vida muy incómoda. La gran función de la política durante la última década ha sido joder la convivencia y abrir brechas entre hermanos y amigos. Su gran logro ha sido convertir todo en un ejercicio estéril de ideología, una sustancia que intoxica la mente, oxida el pensamiento y tritura cualquier tipo de relación basada en el afecto o la verdad.

“El gran logro de la política en la última década ha sido convertir todo en un ejercicio estéril de ideología, una sustancia que intoxica la mente, oxida el pensamiento y tritura cualquier tipo de relación basada en el afecto o la verdad”

Antes se decía que las elecciones se ganaban en el centro. Pero en realidad estábamos diciendo que se ganaban en el terreno inane donde no hay posicionamientos firmes.

Para mí eso es una virtud, porque eso es España, un país de gente que sabe que el proceso político es un mal con el que hay que convivir, y que es mejor que nos moleste lo menos posible. ¡Ojalá el proceso político se retirase hasta que desconociéramos del todo sus tejemanejes y todos los sábados pudiéramos estar compartiendo un arroz con nuestros amigos, yendo a un concierto, viviendo la vida y celebrando el presente!

Quienes quieren dedicarse al espacio político son una retahíla de personas con neurosis personales, egos maltratados y enfermedades mentales, entre las cuales me incluyo. Somos personas a las que no hay que dedicar más tiempo del estrictamente necesario. ¿Qué tipo de vida que aspire a la prosperidad puede convivir cada día con las tertulias políticas? ¿Por qué necesito estar enfadado cada 24 horas? ¡Ya pagamos a un ministro para que se enfade! ¡A mí déjeme en paz, que tengo que abrir el bar! La pretensión de una ciudadanía hiperpolitizada es una idea profundamente tóxica. Los políticos no pueden estar llevando sus problemas personales a la sociedad. La última década ha ido de una generación de chiquitos de 40 años trasladando sus neurosis personales a la sociedad española. Desde el ejército de penenes de la Complutense, departamento Somosaguas, al chaval espabilado de Cataluña que, por alguna razón, tenía que ser presidente del Gobierno de España. ¡Qué la política no es eso!

¿Por qué ha fracasado el centro?

El centro político ha fracasado en España porque traicionó su verdadera función social. La España de los PAUs es una masa de cerca de tres millones de votantes, gente casada, con uno o dos hijos, con uno o dos coches, a quienes la vida le ha ido más o menos bien, desideologizada a muerte, que aspira a que la política no le ponga demasiadas zancadillas. El centro político español crece en el espacio público desde 2007 siempre que hace tres cosas: formar gobiernos a izquierda y derecha, facilitar investiduras, y aprobar presupuestos. Esos ciudadanos con hipoteca que quieren votar y que le dejen en paz fueron traicionados en el verano de 2019, después de unas elecciones en las que, por primera vez en diez años, existía la posibilidad de formar un Gobierno que no dependiera de nacionalistas, y se les dijo que no, que íbamos a votar otra vez, porque no habían votado bien…

Esa gente no votaba para mandar a nadie a Moncloa. Si les preguntabas entre Rajoy y Sánchez, preferían a Rajoy, pero antes de volver a unas elecciones, se conformaban con Sánchez, que tampoco pasaba nada. Ese centro lo que quería es que no hubiese líos, pero el centro político español, que existe desde hace doscientos años y cuya prioridad debe ser que no se mueva la barca, miró para otro lado. Aquel centro político que se vendió como garantía de estabilidad y una solución para España, mandó a la mierda a millones de personas. El fracaso del centro político español no es que no encuentre eco en la sociedad, sino que sus votantes han decidido abstenerse, porque confiaron una vez, y ya está bien.

“El centro político español crece en el espacio público desde 2007 siempre que hace tres cosas: formar gobiernos a izquierda y derecha, facilitar investiduras, y aprobar presupuestos”

¿Qué es Extremo Centro?

Un proyecto con amigos y la crisis existencial de un tipo de mediana edad y con sobrepeso que tiene que reconstruir una identidad para poder pensar quién es y cómo es la realidad. De esa inquietud surgieron unas conversaciones para intentar entender una realidad absurdamente compleja que no entiende y aquello fue derivando en un conjunto de reflexiones sobre la vida buena: el propósito de la existencia, de qué va vivir…

¿Extremo Centro es tu conversión?

Tanto mis amigos gais como mis amigos del Opus aspiran con fuerza a mi conversión... (Risas). A unos y a otros les contesto que, el día que suceda, lo diré.

No me refiero a una conversión espiritual, sino a una conversión humana que frena en seco una historia empapada de ideología para empezar a pensar con honestidad y buscar la verdad entre diálogos dispares.

He tenido el enorme privilegio de nacer en una familia con enormes recursos intelectuales, culturales y económicos. He vivido en una casa de 240 metros cuadrados con 4.000 libros en la que se leía y se exhibían la lectura y el conocimiento, y en la que pude compartir la sabiduría y la experiencia vital de mi padre. Yo, como chico 2.000, como una gran parte de mi generación, me moví entre el fin de las ideologías -Fukuyama-, el fin de la historia, el hedonismo, las drogas… Para mí la vida eran experiencias, una carrera larga entre el placer y el displacer, y ya está. Mi vida se explica en torno a la necesidad de consumir las cosas, y ese ha sido, también, mi proceso de conocimiento, porque no soy capaz de abrazar las cosas desde un punto de vista teórico. Lo consumo, lo experimento, choco y me doy cuenta de que en el fondo de la piscina no hay nada, y me doy la vuelta. La única ventaja que tengo es que cambio de opinión.

Yo era la típica triada de opiniones correctas y estrechas en torno a la SER, El País y el PSOE. Veneraba las palabras de Iñaki Gabilondo, estaba con el no a la guerra y voté al primer Zapatero. Pero, en un momento dado, me di cuenta de que esa manera de ver el mundo se me quedaba muy corta. Cuando abres los ojos a la realidad, empiezan a suceder cosas y asumes que existen cuestiones que no cuadran. Yo me reía mucho de la gente con fe. Con dieciocho años era el típico ateo rompecojones que miraba al creyente con la altanería propia de un adulto juzgando su miedo a la muerte y su infantilidad, porque solo los inteligentes eran como yo. Me pegaría a mí mismo durante mi adolescencia. Y le pido disculpas a mucha gente a la que traté mal aquellos días, porque esa soberbia desagradable es de las cosas de las que más me arrepiento.

¿Cómo ves hoy lo que pensabas entonces?

El 11-S me alegré del atentado contra las torres gemelas. Era un chico de izquierdas y me parecía positivo que alguien pusiera en su lugar a los americanos de una puñetera vez. Estaba de acuerdo con que alguien cogiera un avión y matara a 4.000 personas, porque es que Estados Unidos estaba sembrando de bombas 12.000 territorios del mundo, y ya estaba bien. Me oigo hoy y pienso en la capacidad de la ideología para suprimir nuestra responsabilidad como agentes morales… A medida que la sociedad se ha ido ideologizando más, yo me he ido desideologizando, y cayendo, seguramente, en la defensa de instituciones prepolíticas.

“Me alegré del atentado del 11-S. Me oigo hoy y pienso en la capacidad de la ideología para suprimir nuestra responsabilidad como agentes morales”

¿En qué familia nace un espíritu así?

Mi padre nació en una familia conservadora de derechas en Asturias, pero fue comunista durante el franquismo y estuvo en la cárcel en los años 60. Observándole, diría que, en la URSS, él habría acabado en Siberia… ¡Fijo! Mi padre tenía una orientación moral contestataria hacia el poder.

¿La ha heredado?

No he encarnado el heroísmo de haber ido a la cárcel por la defensa de mis convicciones, ni he levantado la voz en mitad del País Vasco en los años 80 como la gente de Basta Ya, así que no me quiero poner en ese nivel, pero aspiro a no traicionar esa memoria. Sobre mi orientación contra el poder, mis compañeros de trabajo y mis jefes te podrán decir que se me da muy mal respetar la autoridad… Encuentro algún tipo de extraña satisfacción en provocar incomodidad a los que mandan.

¿Extremo Centro es tu Feria, de Ana Iris Simón: un stop, un rebobinado, una memoria objetiva, un análisis honesto, una criba de prioridades…?

Extremo Centro es un ejercicio para ponerle palabras a mi propia vida. Con la biografía profundamente imperfecta que tengo, asumo un gran volumen de deuda de perdón y de amor. He sido un beneficiario extensivo de perdón y amor de tal calibre por parte de mi familia que tenía que contarlo, decir qué sí y qué no, porque no quiero que siga pareciendo que soy un actor neutral ante lo que está pasando. Quiero tomar parte y decir públicamente cosas que llevo muchos años pensando en privado.

Efectivamente, Extremo Centro se parece al proceso reflexivo de Ana Iris, pero yo no lo consolido en una obra. El libro del manifiesto, junto con el articulo Ya no eres la vida que te estás perdiendo: una filosofía del PAU, que escribí en 2020 en The Objective; más el discurso del funeral de mi padre, conforman mi expresión pública de que soy el mismo, pero he cambiado, porque soy infinitamente más consciente de mi imperfección, porque tengo más capacidad para reconocer que merece la pena intentar mejorar. 

¿El reset empezó siendo padre?

La percepción de la lenta enfermedad y declive de mi padre, el nacimiento de mi hija Carmen y mi matrimonio con Lucía son tres factores que me han ayudado a entender que Pedro ha pasado a ser otra cosa. En los primeros años fui un padre horrible, porque yo pensaba que mi prioridad era ser diputado. Fui mal padre, mal hijo, mal político, pésimo marido... Aquella suma de fracasos me sirvió para experimentar que lo que te recoge, una y otra vez, para admitirte como eres y convertirte en algo medianamente esperanzador, es la mirada de la gente que te quiere: tu mujer, tus hijos, tus padres… A mi no me salvó ser padre, sino fracasar en todo, y que, aun así, me sigan queriendo con mis imperfecciones.

Esta forma de mirar y querer dista tanto de las relaciones que se establecen en el ámbito laboral, en el mundo de la política, o en el escenario del éxito profesional, que, si no tienes acceso a que te miren así, al menos una vez en tu vida, hay una parte de la realidad que nunca vas a percibir. Así no te mirarán nunca ni la empresa, ni el desarrollo profesional, ni LinkedIN, ni Instagram, ni las redes sociales, ni un servicio de Salud Mental, aunque deba haber un buen servicio de Salud Mental. Ni siquiera los amigos, que generalmente buscan la similitud. Esa mirada profunda y auténtica que te rehace por completo solo se puede producir en la familia. La solución para evitar que la gente viva sola y muera entre fuertes dolores emocionales no llega con más psicólogos.

"Fui mal padre, mal hijo, mal político, pésimo marido... Aquella suma de fracasos me sirvió para experimentar que lo que te recoge para admitirte como eres y convertirte en algo esperanzador es la mirada de la gente que te quiere”

¿Tu defensa de la familia es una misión?

Yo no defiendo la familia desde la teoría de la perfección. Es más, me parece que los peores defensores de la familia son aquellos que ponen por delante la pretensión de perfección. En el matrimonio hay una clave de bóveda, que es la imperfección, y por eso su figura fundamental es el perdón. Lo mayor llave de judo que se ha utilizado contra la institución familiar durante los últimos sesenta años, sobre todo desde la revolución del 68, ha sido la idea de que, como hay imperfección, la institución del matrimonio no es válida. No, como existe la infidelidad, entonces el matrimonio no es el camino… ¿Pero…?

Ninguna de las instituciones humanas que permanecen a lo largo de la historia ignoran la imperfección del ser humano, y la única razón por la que sobreviven hasta hoy es que integran. Es más: se asientan sobre que somos imperfectos y nos hacen mirar hacia una autoimagen propia deseable, pero sin hacernos entender que lo deseable es lo real. Sorprendentemente, en el espacio público ha habido un diálogo absolutamente kafkiano en el que los “defensores” de la familia eran personas que gritaban cada vez con más fuerza, y más solos y, en realidad, les estaban haciendo el movimiento a quienes querían cargarse la institución. El hecho de hacerse sentir querido es la mejor manera de defender la familia, donde esperan de nosotros lo mejor, pero donde somos quienes somos. No tiene sentido que los “defensores” de la familia hayan expulsado a enormes cantidades de personas, que han derivado al mundo de la ideología, porque no entraban en el canon del modelo de familia A. Confundir familia e ideología es un error muy gordo.

¿Qué es el retorno a lo prepolítico?

Un retorno a lo genuino y un retorno a España como familias, paisajes y relaciones al que estamos empezando a ir.

Tú, desde luego, estás en ello.

Totalmente. A mí ya solo me importa que los domingos mi casa se llene con familia, amigos y olor a paella.

El centro comercial de la ciudad de Kremenchuk después de haber sido atacado por Rusia

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