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Cambios en los servicios médicos por Covid: ¿a mejor o a peor?

La crisis del coronavirus también está teniendo aspectos positivos, como el desarrollo de la telemedicina

Que el coronavirus asiático ha trastocado nuestro modo de vida, es una afirmación incuestionable: no solo ha modificado nuestros hábitos laborales y de ocio, sino que ha alterado la normal actividad de todos los sectores productivos y asistenciales.

En el caso concreto de la atención sanitaria, la percepción generalizada es que la situación ha evolucionado a peor. Y aunque esta percepción puede parecer acertada, la paradoja es que la crisis del coronavirus también está teniendo aspectos positivos, como el desarrollo de la telemedicina.

Analicemos lo malo, y también lo bueno:

Aspectos negativos

Dejando de lado los efectos directos, y sobradamente conocidos, de la nueva enfermedad surgida de la nada, podemos enumerar los siguientes aspectos negativos.

  1. Generalización de la telemedicina, en sustitución de la asistencia médica presencial. Más adelante, analizaremos en profundidad este tema.
  2. Listas de espera y aplazamientos de consultas e intervenciones quirúrgicas. No es necesario extenderse en este punto, sobradamente conocido por todos.
  3. Previsible aumento futuro de ciertas enfermedades. Como consecuencia de las listas de espera y los aplazamientos, es fácil que aumenten los casos de enfermedades que podrían solucionarse más fácilmente con un diagnóstico temprano.
  4. Saturación psíquica y agotamiento del personal sanitario. Supone un serio problema para los afectados, pero, afortunadamente, es un problema que no será eterno.

Consecuencias positivas

  1. Generalización de la telemedicina como método alternativo a la asistencia presencial. Hablaremos de este punto en el siguiente apartado de este artículo.
  2. Menor utilización de los servicios de urgencias para enfermedades o traumatismos que no son graves. Ya no llevamos al niño a urgencias porque tiene 38 grados de fiebre, o porque se ha ortigado y le escuece mucho la barriguita.
  3. Disminución de las consultas médicas innecesarias, debidas a casos leves y cuya sintomatología se puede paliar fácilmente. Ejemplos: congestión nasal, pruritos, diarrea puntual, etc.
  4. Mayores hábitos higiénicos. Han provocado una caída espectacular en el número de todo tipo de infecciones, incluida la Covid-19. Sin la higiene, el número de afectados por este virus habría sido muchísimo mayor. Esperemos que los hábitos higiénicos no decaigan, una vez superada la crisis.
  5. Fomento del uso de la medicina privada. Muchas personas han descubierto que la medicina privada es un sistema rápido y eficaz para tratar de sus dolencias, a un coste asequible. Las dos grandes ventajas son que estos enfermos contribuyen a rebajar la presión asistencial en la medicina pública, y además fomentan el crecimiento del empleo en la iniciativa privada.

Coronavirus: ¿un impulso definitivo para la telemedicina?

A nadie se le habrá escapado que hay un aspecto que hemos clasificado como positivo, y también como negativo: la generalización de la telemedicina. No se trata de ningún error de redacción, así que vamos a explicarlo:

La telemedicina no puede considerarse en sí misma como algo negativo. El problema es que el coronavirus ha cogido al sector médico con el pie cambiado: los medios actuales no son suficientes para permitir, repentina y obligadamente, un giro radical hacia la telemedicina. Por otra parte, la falta de experiencia en este campo ha provocado errores de diagnóstico y tratamiento. Pero esto se subsanará con el tiempo.

Porque, de forma casi forzosa, la telemedicina ha entrado en nuestras vidas, y hay dos hechos ciertos: ha llegado para quedarse, y su desarrollo será exponencial en los próximos años. El virus oriental ha servido para que, médicos y pacientes, valoremos la importancia de este nuevo campo de la medicina.

Enfermedades que hoy son consideradas graves, en unos años podrán ser diagnosticadas y tratadas sin necesidad alguna de que el paciente pise un centro hospitalario.

Así que tenemos que pensar en positivo, y aceptar que, en ocasiones, es cierto el viejo refrán que reza: “No hay mal que por bien no venga

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