La guindilla

A Mercedes Cabrera, vivo retrato de un Gobierno que quiere suplantar a los padres: “El cachete, el azote y el grito son formas ineficaces de educar”

Ayer, Mercedes Cabrera sostuvo públicamente que darle un cachete a un niño es “una manifestación del fracaso de la inteligencia” ya que no hay nada más contrario a la educación que la violencia, ni existe un mínimo aceptable de ésta. El castigo físico –añadió la ministra de Educación- es una “violación de los derechos del niño" y una "doble moral inaceptable: lo que no le haríamos nunca a un adulto nunca deberíamos plantearnos hacérselo a un niño”. Sin embargo, detrás de toda esta iniciativa –aparentemente positiva (¿quién defiende la violencia?)- subyace otro objetivo más sibilino, muy querido para los partidos de izquierda. El Gobierno socialista pretende arrebatarles a los padres el papel de educadores de sus hijos. El Estado es quien impone las reglas del juego entre padres e hijos, como bien se pone de manifiesto en la asignatura Educación para la Ciudadanía, donde se les enseña a los niños ‘cuales son sus derechos’. Es cierto que hay mucho trabajo por delante con esas familias violentas. Pero los ciudadanos deben estar atentos y poner al Gobierno en su sitio. Guindilla a una ministra a la que se le ha entendido todo.

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