La voz del lector

La Agenda 2030. El declive de Occidente y la destrucción de la nación

Esta hoja de ruta es el conjunto de unos objetivos absolutamente abstractos y carentes de una definición precisa y ajustada al mundo en el que vivimos a día de hoy

La Agenda 2030. El declive de Occidente y la destrucción de la nación. Fuente | Ekomodo.
photo_camera La Agenda 2030. El declive de Occidente y la destrucción de la nación. Fuente | Ekomodo.

El compendio de los 17 objetivos de desarrollo sostenible (O.D.S.) recogidos en la Agenda 2030, son en la actualidad la hoja de ruta establecida por la mayoría de los sectores políticos representados en el Parlamento Europeo así como también es el proyecto trazado para el desarrollo a escala nacional en las distintas naciones de Europa. 

La Organización de Naciones Unidas (O.N.U.), recoge los 17 objetivos de desarrollo sostenible que abarcan asuntos como la justicia, la educación, la sanidad, la acción climática, hambre cero o la desigualdad económica, todos ellos recogidos en la Agenda 2030. Esta agenda se representa con un rosco de colores que es el máximo exponente de la corrección política y se lo veremos lucir a gran parte de la clase política. Pero realmente, esta hoja de ruta es el conjunto de unos objetivos absolutamente abstractos y carentes de una definición precisa y ajustada al mundo en el que vivimos a día de hoy. Es el mejor reflejo de gran parte de la clase política de la actualidad: prometer recetas milagrosas sin explicar en ningún momento que medios o recursos se destinarán para llevarlas a cabo.

Esta Agenda, ha supuesto además el punto de encuentro entre populares y socialdemócratas europeos que por grandes que sean sus diferencias en materia tributaria, acatan los consensos del globalismo mediante la repetición de sus consignas, y esto ha tenido una consecuencia directa en España donde ha supuesto la total convergencia entre el Partido Popular y el Partido Socialista porque han encontrado el espacio seguro en el que no tienen que diferenciarse en aspectos culturales de gran relevancia, todo ello en torno a un conjunto de objetivos definidos por las élites del paradigma social, político o empresarial del mundo que cada vez más alejados de la búsqueda del bien común han optado por encumbrarse aún más a ellos mismos y dar solución a sus egoísmos personales.

La Agenda 2030 pretende definir todos aquellos ámbitos que son identitarios y característicos de las naciones ya que es un proyecto impulsado por aquellos que como verdadero objetivo tienen un nuevo orden mundial de corte social, político y económico, donde las naciones carezcan de soberanía en todos los aspectos, desde los legales hasta los energéticos ya que al fin y al cabo, es una hoja de ruta que accede al fin de que unos pocos concentren todo el poder y las naciones no tengan capacidad de decisión. Además también tiene como uno de sus fines principales el disolver los pilares representativos de las naciones, con el objetivo de difuminar nuestra historia: legado fruto de generaciones antecesoras y pilar fundamental en la construcción de los actuales estados modernos, así como también entra en juego el objetivo de ridiculizar nuestras tradiciones y costumbres populares que más allá de compartirlas o no, nos definen como sociedad y no olvidemos que también trata de distorsionar la filosofía, las creencias religiosas, la antropología o nuestro orden legal actual; en definitiva con la degradación de manera frontal de todo aquello que nos representa y nos otorga libertad y dignidad como individuos. Pero muchos de los que impulsan toda esta ristra de proyectos globalistas radicales consideran que la dignidad y la libertad no son aspectos fundamentales en el desarrollo del individuo, todo ellocon su ánimo de satisfacer su antojo personal de colectivizar y segregar a la sociedad para poder conformar sectores sociales carentes de espíritu crítico y que suscriban apáticamente su hoja de ruta porque les promete satisfacer un deseo de forma milagrosa que nunca llegará.

Pero la realidad es que no resulta fácil mostrar oposición a este listado de frases y eslóganes que definen estrategias y objetivos aparentemente buenos. Pero es ahí donde como individuos conformantes de una nación debemos jugar nuestro papel juzgando qué, cómo, dónde y porqué; debemos bucear entre tanta propaganda y cartelería publicitaria que ha sido la estrategia estrella para promocionar la Agenda 2030. Debemos indagar en cuál es el verdadero objetivo del surgimiento de esta Agenda, donde las élites se enriquecen con su planificación mundialista. 

Pero son la mayoría de grupos políticos a escala nacional los que responden a estos objetivos imponiendo este programa y objetivos allí donde gobiernan para responder a estos preceptos sociales-políticos tan afines a la corrección política y tan vacíos de contenido real y efectivo. Son el camino encontrado por los grandes poderes de distintos ámbitos y nacionalidades para poder tener un dominio directo sobre las naciones mediante utopías; son en definitiva la excusa para no tener que someterse a la regulación y el control parlamentario, ya que finalmente estos objetivos se están convirtiendo un gran poder internacional que amordaza al disidente. Es además, un proyecto que abarca todos los ámbitos de nuestra sociedad y es por tanto un proyecto absolutamente totalitario que al fin y al cabotrata de modificar como está establecida nuestra civilización en todos los ámbitos, es la versión moderna del “Contrato Social” de Rousseau pero con la diferencia del tratar de instaurar una subversión cultural nociva para nuestra civilización.

Vivimos por tanto en un momento de incertidumbre y debemos permanecer alerta en todo momento, agudizando nuestros espíritu crítico y siendo profundamente juiciosos con los objetivos que se nos proponen (o imponen), más aún cuando afectan a nuestra cotidianidad y propugnan una amenaza a nuestro modo de vida. En definitiva debemos defender nuestra nación por su grandísima valía y por responsabilidad moral.

 
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