La voz del lector

Mito, ficción y falta de educación

Caza de león.
photo_cameraCaza de león.

Dice un proverbio africano que hasta que los leones tengan sus propios historiadores, la caza siempre glorificará al cazador. Y de cazadores del general Millán-Astray tenemos "overbooking", dentro y fuera de nuestras fronteras, a la vista del deleznable espectáculo ofrecido hace un par de semanas por el turista Rabaté, Jean-Claude para sus amigos de viaje, en el Instituto Cervantes de Madrid.

El pasado 9 de mayo, allí se congregaron mito, ficción y falta de educación. Todas estuvieron presentes en el enésimo acto en torno a la excelsa figura de don Miguel de Unamuno. Pero, tal vez, alguna más fue de la partida. La exageración, sin ir más lejos.

Fueron, digo, invitados de postín a un evento organizado por la institución cervantina en el que, como viene ocurriendo últimamente, el general Millán-Astray se erigió en inesperada estrella de los discursos y, contra todo pronóstico, las preguntas de un respetable que, de forma también inesperada, vio perturbada su plácida asistencia por la "energuménica" reacción de Monsieur Rabaté al que el directo y su despótica actitud le jugaron una muy mala pasada. 

Allí, sobre el estrado, las continuas dudas e inconsistentes testimonios planearon por la casa de Cervantes. Para ser un gran experto en Unamuno, el francés olvidó aquello que decía su particular héroe: "Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas. Y la verdad se busca con humildad". 

Y, ciertamente; verdad, razón y humildad hicieron mutis por el foro ante las repetidas insinuaciones de que lo del 12 de octubre de 1936 a la salida del Paraninfo de la Universidad de Salamanca no fue como la historia lo ha venido contando con el beneplácito de la propaganda frente-populista y muchos que, sin estar presentes, ficcionaron un hipotético roce con todo lujo de mentiras. Ante la sorpresa del respetable, todos coincidieron en este aserto.

Casi al final de la consentida y habitual "rajada" contra el fundador de La Legión, Rabaté, como maestro del ceremonioso aquelarre, pareció dejarse poseer por aquella lejana y supuesta reacción del general Millán-Astray el día de autos. 

Y fue entonces cuando perdió los papeles, la compostura, la sonrisa y hasta, por lo oído en el coloquio, el filón que le ha permitido defender una tesis sin, a día de hoy, el sustancial refuerzo de las afirmaciones y conjeturas de los propios miembros del comisionado de la Ley de Memoria Histórica. Éstos, a su vez, se limitaban a hacer de palmeros por los favores prestados en forma de arenga e improvisada "chuleta trapiellana" durante la vista judicial de un mes antes.

¿La razón? La brillante argumentación e incómoda pregunta de uno de los asistentes, antiguo caballero legionario, que, por previa alusión a un email sin respuesta del soberbio Jean-Claude, le instó a la búsqueda de la verdad y posterior reflexión tras la reciente publicación de un artículo salmantino que, sin duda alguna, echa por tierra el castillo de arena construido sobre el acaloramiento otoñal entre el escritor y el militar.

Y, con todo el derecho que otorga el Credo Legionario, el antiguo "legía" pedía reciprocidad en el trato a "huno" y "hotro", sin distinciones ni prejuicios. 

Sin embargo, por lo visto y oído, el reo sigue haciendo de león y los cazadores persisten en una cacería carente de un rastro que, por mucho que lo intenten, no permite dar en el blanco del honor y respeto que se merece el fundador de La Legión.

Afortunadamente para el vasco universal, no siguió la senda castrense. De haberlo hecho, sin duda, ya habría sido fulminado por la arbitrariedad de la Ley de Memoria Histórica, esa en la que otros presentes al acto aparecen como "expertos" a la hora de desvirtuar la historia de España y mancillar el honor de uno de nuestros héroes en, precisamente, una institución que lleva el nombre de la más insigne figura de nuestras Armas y Letras.

¿Se imaginan ustedes en un coloquio en París para, como grandes entendidos, hablar de Descartes, Baudelaire o Voltaire? ¿Y se pueden imaginar que para defender los desmanes de uno u otro se despotrique contra los mariscales Foch o Leclerc el general De Gaulle? ¿Y contra la Legión Extranjera Francesa? Vamos, para no salir vivos de allí después de faltar al respeto y profanar a los hombres que, con sus gestas, hicieron grande la nación francesa. 

Pero no se preocupen. No se nos ocurrirá hacerlo ni, por otro lado, emular a Rabaté al cruzar los Pirineos con una maleta llena de odio. 

Si vamos de caza por aquellos cotos, permitiremos que los leones puedan narrar su propia historia.

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