Responsabilidad irresponsable

Se ha instalado la irresponsabilidad en nuestras vidas, a pesar del aluvión de puestos de responsabilidad que hemos generado, en esta sociedad, donde el caos se sirve cada minuto en bandeja.

Se ha instalado la irresponsabilidad en nuestras vidas, a pesar del aluvión de puestos de responsabilidad que hemos generado, en esta sociedad, donde el caos se sirve cada minuto en bandeja. Quizás sea el peaje que tengamos que pagar por circular sin corazón. Las crónicas, que por cierto acabarán siendo cada día menos noticia y más costumbre, hablan de padres que abandonan a sus hijos por ir de copas, que les fuerzan a prostituirse, que son moneda de cambio entre parejas separadas, o que simplemente pasan del ejercicio de su labor de ser los primeros educadores de sus hijos; algo que no hacen ni los animales, dejar tirados a sus cachorros.

Las imágenes de la irresponsabilidad ahí están, no sólo para fotocopiarlas en nuestra retina y ya está, sino para mirarlas con los ojos del alma y, así, poder interpretarlas. No podemos por menos de sentirnos impulsados, tanto individual como colectivamente, a una toma de conciencia responsable que se traduzca en decisiones coherentes para la protección de un ambiente, donde el garante sea la responsabilidad, lo que exige disciplina y autodominio. Con descarada frecuencia, los poderosos, no hacen sus deberes, se muestran olvidadizos, a sabiendas de que cuánto más poder se tiene, más responsabilidad se asume; y, en otras ocasiones, tampoco nada hacemos nosotros, los subordinados, por llamar a la responsabilidad a una sociedad irresponsable de la que todos formamos parte.

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