La voz del lector

Basta ya de improvisación

Oficina de empleo en Madrid.
photo_cameraOficina de empleo en Madrid.

Asistimos desde hace unas semanas a un proceso de improvisación de nuestros expertos sanitarios, que han pasado de afirmar que España no sufriría los rigores de la epidemia del coronavirus y solo se presentarían focos localizados, a supuestamente recomendar la paralización del país excepto las actividades esenciales.

Se puede concluir que estos expertos están superados por los acontecimientos y que por tanto no son una fuente fiable para tomar decisiones de calado para el conjunto del país, como parece que hace el Gobierno. Sobre todo, cuando existían recomendaciones reiteradas de la UE y la OMS que no fueron tenidas en cuenta.

En este ámbito sanitario el Gobierno podría haber dejado de ir a remolque de las sugerencias de los gestores sanitarios y haber gestionado hace días el intercambio de recursos y traslados de pacientes entre comunidades autónomas, que se hace imprescindible para aliviar la situación allí donde están superados. Es cierto que el Ministerio de Sanidad tiene unas competencias muy limitadas por la importante descentralización de las competencias en el ámbito sanitario, situación sobre la que habría que reflexionar a futuro.

Por desgracia la improvisación y falta de respuesta también está presente en la Unión Europea, que no ha sido capaz todavía de concretar las medidas de ayuda y financiación a los distintos países miembros, reflejando una vez más la contraposición de puntos de partida entre lo que se denomina los países del norte y del sur. Sería muy largo extenderse aquí sobre esa diferencia de puntos de partida, ya que cada bloque tiene puntos de apoyo de sus tesis. Estos argumentos tienen que olvidarse y superarse ante una crisis de esta envergadura, ya que se está improvisando de nuevo y poniendo en juego la credibilidad del proyecto europeo.

Los países del sur se están llevando la peor parte a nivel sanitario y económico y en concreto nuestro país carece de margen de actuación de recursos, con lo que necesita el soporte de la UE. Basta recordar las cifras recientes del 2019 con un déficit creciente del 2,7% y un crecimiento que se reduce al 2 %. En resumen, nos cogen sin los deberes hechos y a pie cambiado.

Si nos fijamos en el plano económico en nuestro país, el nivel de improvisación es de un calado mayor y por tanto preocupante. Todos estamos de acuerdo en que lo más importante es la salud de las personas y que la máxima prioridad son los colectivos más vulnerables. Pero a partir de estos puntos de acuerdo, hay que analizar la situación con objetividad económica y no desde un prisma político, que es lo que está realizando el Gobierno.

-Se está presuponiendo que los empresarios, intentan aprovecharse de esta situación, ya que de otra forma no se explica la amenaza de revisión sistemática de los ERTE o la exclusión del coronavirus como causa objetiva de despido. Puedo afirmar en este sentido, en base a los muchos años que estoy trabajando con las empresas de nuestro país, que la mayoría de nuestros empresarios no cumplen con ese presupuesto realizado por nuestros políticos.

-Sin embargo, hemos ido más allá y se ha decretado una paralización del país durante dos semanas, con la falsa premisa de que se trata de una “hibernación” y que luego la actividad se retoma como si se tratara de una goma elástica. Lo más preocupante de todo ello es que se ha realizado sin contar con los representantes empresariales y parece que también con poco asesoramiento del Ministerio y Consejerías de Industria. Es este Ministerio que ante el clamor de empresarios y patronales ha ido matizando este decretazo excluyendo por ejemplo algunas industrias de proceso o las que se dediquen a la importación/exportación de bienes esenciales.

Llegados a esta situación, siendo ya imposible reactivar la economía en forma de “V”, hay que intentar que la “U” no tenga una base demasiado prolongada y que no se produzcan muchos ceses de actividad entre autónomos y micro pymes, que son mayoría en nuestro país.

Para ello hay que intentar evitar la improvisación y “el café para todos” como se ha hecho hasta ahora, utilizando los limitados recursos financieros disponibles de la forma más eficiente y sobre todo contando con los representantes empresariales y los expertos que conocen la naturaleza operativa de los distintos sectores y subsectores, que son muy diferentes entre sí.

Sin caer en el absurdo de la “parálisis por el análisis” creo que hay que distinguir al menos tres variables:

A/ La tipología de la persona física o jurídica que ostenta la actividad, pensando en diferenciar a los autónomos y micro pymes de otros tipos de sociedades. Los autónomos y pequeñas sociedades funcionan prácticamente con recursos propios y por tanto todo el soporte tiene que encaminarse a que no pierdan todos estos recursos, mediante exenciones de impuestos, aplazamiento de deudas fiscales y por qué no mediante ayudas directas en base a criterios como la creación de empleo. Este tipo de emprendedores no van a reanudar su actividad si han de realizarlo a base de recursos ajenos, es decir mediante créditos, aunque estos sean con coste reducido y avalados por el estado.

B/ El tamaño empresarial sirve para dimensionar el volumen de las ayudas que para empresas de mayor tamaño pueden venir en forma de moratorias de impuestos, fiscalidad favorable y líneas de crédito blandas para gestionar el circulante, empeorado durante la crisis, al que hay que añadir el necesario para reactivar las operaciones hasta llegar al menos al punto de equilibrio. La articulación de estas medidas debe de considerar el tamaño empresarial y otros elementos clave como la creación neta de empleo, es decir alcanzando o superando los niveles previos a la crisis.

C/ Sin embargo estos factores son también dependientes del sector de actividad ya que no es lo mismo reactivar una planta de envasado que una planta cerámica de proceso continuo, o en otro tipo de actividades, reactivar un restaurante frente a un hotel. Está claro que, si realizamos comparaciones intersectoriales, llegaremos a la conclusión de que no se puede comparar el tiempo y esfuerzo de reactivar un restaurante frente a una planta cerámica de proceso continuo. De ahí la necesidad de un enfoque sectorial.

Especial atención y ayuda habrá de prestarse al sector turístico, ya que me temo que la inercia e imagen negativa generada, al estar nuestro país señalado como unos de los epicentros del coronavirus a nivel mundial, requerirá de mucho tiempo y medidas de incentivación para acercarnos a los niveles previos de visitantes.

Se trata en definitiva de trabajar con una sencilla matriz consensuada que baraje parámetros de este tipo y permita aplicar racionalidad en el proceso de recuperación económica, evitando la improvisación y los excesos. Como por ejemplo la intervención de empresas por parte del estado, aunque ya sabemos que una parte de nuestro Gobierno se inclina por este tipo de intervencionismo.

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