La voz del lector

De crisálidas y mariposas

Pablo Iglesias, en una manifestación de Podemos en Madrid.
photo_camera Pablo Iglesias, en una manifestación de Podemos en Madrid.

Fue en una sala de fiestas del barrio sevillano de Los Remedios donde unos travestis imitaban a artistas conocidas entonces por "folclóricas". Terminado el espectáculo me presentaron a quien, por su representación como "Marifé de Triana" pregunté que sentía al imitarla: "Se equivoca usted, yo no le imito, soy Marifé".

La anécdota, referida personas que viven en un especial y continuo proceso de transformación o metamorfosis similar al de una “crisálida en mariposa” que todos conocimos desde niños se producía dentro de un capullo de seda, evoca la última trasformación de nuestro inefable ex vicepresidente Sr. Iglesias, esta vez con otro nuevo look en afán de hacerse notar, "cambios" que todo indica le encantan y sobre todo necesita que tanto gustan a los miembros de su ya menguada cuadrilla. 

Cree y posiblemente acierta, que habrá quien compre esta mercancía, en su caso la última transfiguración que le asemeja a Errejón, joven que siempre fue su álter ego e igualmente dedicado a la política quien, en referencia a la compra del chalé de la pareja Iglesias-Montero manifestaba recientemente:

"No fue una traición, pero creo que fue un error. Lo entiendo en términos personales, porque la presión que en muchos casos Pablo ha tenido ha sido muy dura ¿Pero que en términos políticos fue un error que mucha gente no entendió?

Esto decía el tan acreditado descubridor de la dieta bolivariana que cuentan afirmaba que los venezolanos hacían tres comidas al día, ciertamente sin especificar "cuantos días" de su plan quinquenal y al que pediría, dada su condición de "becadísimo" intelectual, "nos ilustrara sobre que no entendimos los ciudadanos".

Pero volviendo a estos cambios ya explicados en términos de metamorfosis de crisálida a mariposa, todo indica que el Sr. Iglesias seguirá sin poder resistir que no se hable de él, a riesgo incluso sea bien, cuando realmente nunca pasó de ser el mediocre actor que se percibía en sus sobreactuaciones, un joven en estado de adolescencia eterna y testarudo empeño por ser figura "bien pagá" que tuvo que abandonar el escenario sin tan siquiera haber llegado a su ansiada condición de actor protagonista.

Y es que en su afán de “sentirse importante”, como aquel actor del barrio de Los Remedios al sentirse Marifé, nuestro personaje parece que optó por imitar a Rasputín en una versión digamos bonsái, un macho místico y atrabiliario canalla con el que no estableceré comparación alguna dadas sus evidentes diferencias "morfológicas".

En resumen, sigue siendo mi opinión se trata de un joven de comportamiento e insisto, "solo comportamiento" aparentemente maníaco convencido de su grandeza personal, intelectual y por ende política que no todos "podemos" llegar a comprender y menos valorar, quién en su fase depresiva, la sensación de sentirse obviado motiva en él un afán de notoriedad que sustancia con sucesivos cambios de look, haciendo buena la conocida expresión "la mona seguirá siendo mona aunque se vista de seda", incluso a costa del sacrificio personal que de seguro le supuso haber cambiado aquel entrañable patio comunitario por un hermoso, pero frío jardín con piscina privada.

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