La voz del lector

Doce inesperados comensales llegan por el sur

Santiago Abascal, en un mitin de Vox.
photo_cameraSantiago Abascal, en un mitin de Vox.

Parece haber salido de sus cavernas la Hidra de Lerna, el monstruo policéfalo que se asemeja a la derecha española; en está ocasión uno de sus miembros tiene el cerebro más o menos conservado, ajeno a la malicia del segundo, pero se confiesa profundo inspirador del tercero en discordia, la cabeza que ahora se agranda en la derecha política y convierte el escenario en una tenaz persecución por el poder autonómico en la comunidad más grande de nuestro Estado.

Todo influido por la mala experiencia de la ciudadanía que no observa cambios fundamentales en su vida, tras varias legislaturas de poder socialista y la desafección política a raíz de las constantes penurias a las que son sometidos, a las carencias de un mercado laboral óptimo, a la desacertada función de la enseñanza, al olvido de los jóvenes para comenzar un futuro esperanzador mediante ayudas de becas al estudio capaces de frenar la salida de grandes mentes de las aulas provocadas por la escasez de recursos en sus hogares.

Sí, la derecha le ha ganado la partida a la baronesa Susana, le ha estado llevando varias zancadas por delante desde que comenzó la campaña electoral y temió tanto la entrada de la derecha radical en el Parlamento andaluz que se olvidó de que existían otras derechas menos peligrosas, creyéndose que quedaban tapadas por la corrupción o por un programa que en sus entrañas se salía del enfoque democrático de lo que el pueblo solicita; ha perdido su última oportunidad como cabeza representativa del partido en el Gobierno de la nación y ya sus más allegados mirando de soslayo le demandan que Andalucía se cansó de ser prudente y se aficionó en las urnas a la oleada fascista, como si la reinserción política tras cuarenta años de mandato del socialismo viniese de la mano del populismo a paliar la corrupción.

El cúmulo de circunstancias no obstante no me parece alarmante para la situación de desafortunada apatía en el conjunto general representativamente político del Estado español; una reprimenda no viene nada mal para hacerles entender que, a pesar de la poca afluencia de votantes, estuvieron los necesarios para darles una lección de hartazgo a unos manejos que se veían ya obsoletos. Nadie se había percatado de que Andalucía en toda su grandeza es una región inmensamente azotada por la inmigración y siempre la lectura de la derecha radical les hace interpretar como proteccionismo a ultranza la presencia en sus organismos de alguien con mano dura. Pero los montones de necesidades se apilan en los escaños del Parlamento, la desprotección familiar, la falta de ayudas a la Ley de Dependencia, la poca intensidad del ministerio del Interior en acabar con las mafias que asolan las costas andaluzas y las hacen poco atractivas a la llegada del turismo, los constantes fallos en la enseñanza, el desbarajuste empresarial poco dado a fundamentar contratos con salarios dignos que engordan las listas del INEM andaluz y como no, más colores a elegir que con el bipartidismo antiguo. La escalada de despropósitos socialistas y el perfil egocéntrico adquirido por su Presidenta ha llevado a la debacle política al Partido Socialista, a apretarse el cinturón al PP, a la alegría de Ciudadanos no completa por su gran ansia de sor paso que ya se relamían, al poco grado de audiencia de los mítines de la izquierda aliada y la ultraderecha con más escaños de los que cabían pensar en sus mejores aspiraciones; hechos que sin duda alguna confirman que si tienes para elegir, para gustos no hay colores y de ideales no se vive, sea ético o coherente que cada uno apechugue con lo que ha decidido, aunque en el fondo los demás comulguen con ruedas de molino.

Y es que me parece ahora una perogrullada salir a la calle para hacer visible la indignación de miles de ciudadanos y ciudadanas andaluces, sobre todo jóvenes, que sienten la llegada de la vieja radicalidad política como una amenaza a los intereses sociales, a la libertad de expresión y a la conjunción de valores; aptitudes pretenciosas que sacan a relucir el grado de machismo, xenofobia, homofobia, confesión y familia de los que a pies juntillas se asomaron a la ventana del Parlamento para quedarse.

No han tardado en avisarnos desde fuentes políticas de toda Europa; derechos fundamentales y derechos reconocidos están en serio peligro con una derecha pragmática en sus fines y personalista con sus intereses partidistas, combativa con su dogma y radical en sus procederes. Nos habíamos salvado hasta el momento de la entrada en nuestras instituciones de la derecha radical, un leve movimiento de pocos grados de escala preocupante significó la llegada de otro cariz radical como Podemos, que pronto salió de su hipnosis populista pero ahora, los escaños conseguidos en el Parlamento de Andalucía comienzan a dibujar un panorama político difícilmente comprensible en la época en la que estamos, un olor añejo se ha colado en la política para intentar contagiar el miedo al extranjero, el frenazo a la participación equitativamente progresiva de la mujer en las instituciones y las empresas, la afinidad de la sociedad con quién desea sentirse como su cerebro y su cuerpo demandan y quién va más allá, defendiendo su laicidad sin tener que examinar su creencia en una asignatura de obligado cumplimiento.

Queda mucho por hacer en política, olvidar el daño que han ocasionado a la ciudadanía tanta corrupción y atracos a los ciudadanos y ciudadanas a través de las instituciones no es tarea fácil, volver a la senda de la prosperidad, del Bienestar Social y una digna Calidad de Vida se me antoja por ahora lejano pero, sin dramatizar en absoluto el perfil político de los representantes actuales que rellenan los parlamentos autonómicos o la CÁMARA Baja, deben ponerse las pilas, trabajar en pos del bien social, cancelar cualquier acto de soberbia y escuchar el sentido común y la coherencia; cuarenta años de paz social lo merecen, la Constitución, salvo algunos resquicios y articulado que poner al día, es digna de defenderse y España, lejos de nacionalismos o independentismos que no van a ninguna parte merece seguir siendo un ejemplo a seguir en el viejo continente.

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