La voz del lector

Estación término

Cementerio
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Después de todo, tenía la sensación de que el viaje no había sido tan largo. Es más, incluso diría que fue corto.

Aquel horizonte que veía tan lejano, casi inalcanzable, porque parecía retroceder al mismo ritmo que uno avanzaba hacia él, ahora se echaba encima a toda velocidad.

La “estación término” se había anunciado.

Si, viajero, el tren de la vida se detendrá para ti. Has llegado a tu última parada.

En tu mente se agolparán atropelladas las metas no alcanzadas, y esos planes forjados con tanta ilusión. Obras que esperaban su ocasión. Todo se debe dejar.

Has de bajar. No hay solución. Balance, despedida, resignación.

Era lo previsto. Los negros nubarrones, que se habían formado, presagiaban algo más que un tiempo tormentoso y oscuro. Anunciaban un cercano diluvio de lágrimas.

Incontenibles, incapaces de ahogar tu llanto. Una profunda tristeza vendrá para cubrirte con su manto, incrustado de melancolía. El corazón, con fuerza aprisionado, casi incapaz de latir. Respirar, otra lucha. Inútil resistir para no dejar de vivir.

Quizá, ni aún así, te hayas enterado. Puede que te lo comuniquen, o puede que no, y te lo oculten. Pero verás cambios que te alerten, y te confirmarán lo que presienten. El ajetreo de un ir y venir, voces que apenas alcances oír.

Rostros tristes, miradas que ves huir. Angustia, soledad tal vez... aumentarán tu sufrir.

No permitas que nadie apague tu luz. Que ninguno se adueñe de ti.

 

El que mejor puede elegir, el día y tu hora, decidirá cuándo ha de venir.

Tu mal con sus manos limpiará, si le quieres dejar.

A la Vida por una sola puerta se puede entrar, y esa es la Cruz.

Por eso, y por ti, la quiso abrazar.

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