La voz del lector

El gobierno radical de izquierda de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez abraza a Pablo Iglesias.
photo_cameraPedro Sánchez abraza a Pablo Iglesias.

En fin, que Dios nos pille confesados cuando la semana próxima Sánchez nombre al nuevo Ejecutivo. Porque de todos es sabidos que cuando hay resacada es muy peligroso nadar contra corriente, y en mejor dejarse lleva a mar adentro hasta que llegue la calma.

El presidente del gobierno Pedro Sánchez, el que se coló por la ventana del Congreso y se volvió a sentar en su escaño como si nada hubiera pasado, después de que dimitiera como secretario general del PSOE en 2016; ahora, el 7 de enero fue investido al fin con los apoyos de su partido y nueve más que son: Partido Socialista Obrero Español, Unidas Podemos, Partido Nacionalista Vasco, Más País, Compromís, Nueva Canarias, Teruel Existe, Esquerra Republicana de Cataluña (abstención), Bildu (abstención). O sea, sus socios de aquella moción de censura: extrema izquierda, comunistas y separatistas, más Teruel ya existe.  Que sumas 167 síes y 18 abstenciones contra 165 noes. Es el resultado más pírrico de la democracia, similar al resultado de Felipe González de 1989 que gano también por 167 síes.

El 8 de enero, al fin de un drama y que no es más que el principio de la tragedia que viene, o que no viene encima tomó posesión de su cargo de presidente del gobierno en el palacio de la  Zarzuela, en presencia del Jefe del Estado y en la figura constitucional de Rey Felipe VI, porque España es una Monarquía parlamentaria (1.3 de la Constitución). Y como es aconfesional prometió su cargo sin Biblia ni crucifijo, con la formula oficial de: "Prometo, por mi conciencia y honor, cumplir con las obligaciones del cargo de presidente del Gobierno, con lealtad al rey, y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener en secreto las deliberaciones del Consejo de Ministros". En broma dijo Sánchez al Jefe del Estado «Ocho meses para ocho minutos» y el Monarca contesto muy borbónico y oportunamente, «Ha sido, rápido y sin dolor, el dolor viene después». Efectivamente la alegría de gobernar dura unos minutos, porque los problemas, que son la sal de la vida como dije en uno de mis artículos, viene después, primero a la hora de formar gobierno y después antes los conflictos que se van a presentar en la España social, económica y geopolítica y la tensión internacional actual entre EE.UU. e Irán al borde de una nueva guerra.  ¿Qué hará con las tropas destacadas en Oriente Medio, cuando se inicie una guerra no deseada? ¿Acaso retirará  las tropas españolas  de Irak como hizo Zapatero?  

El nuevo gobierno estarás formado por un equipo de ministros/as turducken  (comida de Navidad compuesta de pavo, pato y pollo) y por otro Frankenstein (monstruo formado por recortes de cadáveres).  Está previsto que el llorón  de Pablo Iglesias será vicepresidente y su parea (es muy sentimental y llora en el Congreso) dice que prefiere un a presidente de la república que a un monarquía parlamentario porque, según el Coletas, tendría más cohesión social –cuando no es ciertas esta teoría política­­—, al menos en España). También, se prevé que su pareja Irene Montero sea ministra de Igualdad, lo que se llama nepotismo (por dar empleos a familiares o amigos, sin importar el mérito para ocupar el cargo, sino su lealtad o alianza) dos buenos sueldos para que los marqueses de Galapagar paguen la hipoteca del palacete. A esto le mamo llamo yo  carrera alejado del mundanal ruido y escolta de la Guardia Civil. Pero la tarea más difícil que tiene Sánchez es hacer callar a este demagógico personaje cuando las cosas se ponga feas, y haya que tomar decisiones drásticas sobre Cataluña o  Vascongadas o tenga que salir la Guardia Civil de Tráfico de Navarra como le ha pedido el PNV, que ni pincha ni corta en Navarra.

En fin, que Dios nos pille confesados cuando la semana próxima Sánchez nombre al nuevo Ejecutivo. Porque de todos es sabidos que cuando hay resacada es muy peligroso nadar contra corriente, y en mejor dejarse lleva a mar adentro hasta que llegue la calma. Ya sabemos que se trata de un gobierno radical de izquierda, pero esto no es excusa para perder las fórmulas protocolarias por eso, el  Rey le ha insinuado a Sánchez:  «Yo quiero saber primero que nadie los nombres de los nuevos ministros». Y es lógico y razonable. A la espera quedamos.

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