La voz del lector

El mensaje que arruinó su vida

Accidente.
photo_camera Accidente.

A Pablo le habían partido la vida. Y la columna. Un desgraciado, conduciendo mientras respondía un whatsapp, se lo llevó por delante.

Media existencia encamado e inmovilizado. Necesitando en todo momento de alguien que le ayudase a realizar cualquier cosa, salvo respirar y poco más. 

Durante un tiempo le animaron con eso de los avances de la ciencia. Sus ganas de creérselo sostuvieron su esperanza. Pero de ella no quedaba ya nada. O mejor dicho, si, quedaba la esperanza de que llegase la oportunidad de acabar con su situación y el sufrimiento de su esposa, sus hijos y de toda su familia. Unos verdaderos titanes, al pie del cañón durante tanto tiempo.

Le parecía muy injusto para ellos, y también para el mismo. Pero lo que más le torturaba era ver como les machacaba la vida, un día, otro día, y el siguiente, y una semana, un mes, y así un año más. Esto no era vivir. Solo impotencia y sufrimiento.

No tenía ningún derecho a reclamarles que malgastasen su vida amarrados al despojo de la suya. Pidió en varias ocasiones que le aplicasen una sedación terminal, que él por si mismo no podía. Además, ahora las leyes lo permitían, y nadie tenía que temer consecuencias penales por ello. Pero su familia se negaba cada vez que él la solicitaba. No soportaban el hecho de darle... un veneno, en definitiva.

Con el paso del tiempo y de sus súplicas reiteradas, fue notando que sus resistencias ya no eran tan firmes. Le dio la impresión de que el sentimiento de compasión que tenían hacia él había equilibrado el suyo hacia ellos. Se compadecían de igual modo y mutuamente. Parece que aceptaban por fin seguir adelante con el plan de punto final.

Avanzaron en ello para ir concretando detalles. Entre otros muchos, guardar o eliminar papeles, archivos, conversaciones, etc. No acertaban con el típico mensaje de respuesta automática que se deja en el ordenador para cuando, por ejemplo, te vas de vacaciones o estás en un curso. O en el móvil, si estás reunido o volando y no puedes atender. Bueno, alguno si se les ocurrió, con cierta dosis de humor negro y riéndose de su suerte: “Lo siento, me he ido para siempre. ¡Hasta nunca! Si lo deseas puedes ponerte en contacto con...”. Aunque, obviamente, no lo grabaron 

Su hija menor, Teresa, era la única que se rebelaba. Se oponía frontalmente a perder a su padre y, más aún de ese modo: eliminado a manos de su propia madre o a las de sus hermanos. No sería capaz de mirarles a la cara, ni soportar su presencia, si lo ejecutasen. Como si fuesen señores, dueños de la muerte. ¡De la de su padre!

Años atrás le había impresionado, marcado, la figura de una persona muy sencilla, y que llevó una vida feliz entre los más pobres de los pobres, en medio de los “miserables” y descartados de la tierra. Llevaba su mismo nombre, y por título: “Madre”.

 

Tuvo que hacer un trabajo en el cole sobre ella. Recordaba perfectamente las respuestas que dio a una entrevista que le hicieron. Pero especialmente tres, que venían como anillo al dedo para las terribles circunstancias que estaban viviendo hoy en su familia.

La primera pregunta, fue: ¿Cuál consideraba que era el mayor error que podía cometer una persona?.  “Abandonarse”, respondió. La segunda, ¿cuál es la peor derrota?. Esta vez, su contestación coincidía con lo que ella misma pensaba: “el desaliento”. Pero, la última,... la última le hizo pensar mucho. Le preguntaron: ¿cuál es el día más bello?. En lugar de continuar leyendo, Teresa se detuvo unos instantes. Y se puso a rebobinar y a rebuscar, en su corta historia, su día más bello. Revivió varios momentos geniales, experiencias maravillosas. Estaba indecisa. Le costaba decidir. No lo hizo. Luego, después del pequeño receso, siguió con la lectura, y lo que allí apareció, no sólo lo vio, sino que lo escuchó, porque resonó con tal fuerza en su alma, que lo sintió como un aldabonazo atronador: ¡“El día más bello es hoy”!.

La pilló por sorpresa. Y, en ese preciso momento, se conmovió tan hondo, que explotó en un estallido de llanto desconsolado. Fue incapaz de impedir que de sus ojos brotase una verdadera riada de lágrimas, que la arrastraba descontrolada a las profundas simas de la tristeza y el abatimiento.

Atormentada, no dejaba de preguntarse: ¿también será bello el día de dar muerte a papá?

LA VIDA ES UN REGALO.

LA MUERTE, UNA ELECCIÓN.
HABRÁS DE TOMAR PARTIDO.
ZAFARSE: UNA ILUSIÓN.
ASUME LO ELEGIDO,
¿SERÁ TU DESTINO... MALO?

El centro comercial de la ciudad de Kremenchuk después de haber sido atacado por Rusia

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