La voz del lector

Mucho en juego

Papeletas para las elecciones generales.
photo_cameraPapeletas para las elecciones generales.

España. España es este país en el que nos ha tocado vivir. Con una democracia relativamente joven y sufriendo esa división por inercia, ya cansina, entre la derecha y la izquierda. Y con su realidad heterogénea en tierras y paisanajes, que más que una riqueza y orgullo viene siendo por desgracia otro motivo para dividirnos.

“Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido.” Son palabras de origen incierto, que por ahora se atribuyen a Otto Von Bismarck, militar alemán del siglo XIX. Sea como fuere su origen, se trata de una sentencia para reflexionar. Intentos repetidos de destruir una nación, muchas veces violentos y llevando el terror por bandera. Por el prejuicio equívoco de pensar que no podemos ser vascos, gallegos, catalanes, canarios…, y a la vez todos juntos, españoles. Un prejuicio que tiende a degenerar en violencia, odio y en el peor de los casos, terrorismo.

En Canarias y concretamente en La Palma, existen ciudadanos como yo que buscamos sentirnos orgullosos de nuestro país. Ciudadanos que nos sabemos canarios y no nos nos hace falta ir en contra de España. Buscamos ver en nuestra bandera el icono de una sociedad ejemplar que trabaja unida por el bien y la concordia. Ciudadanos a los que nos gustaría perpetuar ese sentimiento de unidad y triunfo cuando conseguimos algún hito deportivo en el ámbito internacional. En esos momentos, de alguna manera estamos unidos y nos sentimos importantes. Pienso que ese sentimiento es un destello de lo que debería ser un hecho palpable, que somos canarios y españoles, con mucho que aportar a nuestro país y al mundo, y que somos grandes.

Por otro lado, hace ya más de diez años que llegué a una conclusión: la visión dualista de la ideología política en derechas e izquierdas se ha quedado obsoleta. Hasta ahora, los ciudadanos nos hemos visto obligados a aceptar un bando político, en bloque, con toda la ideología que se le ha atribuido tradicionalmente a ese bando. Derecha o izquierda. Este dualismo ideológico que se encuentra tan arraigado en la sociedad española no ha hecho más que prolongar el bipartidismo. Sin embargo, somos muchos los que, al identificar los problemas de la sociedad, vemos soluciones factibles y convincentes a ambos lados del centro. Y hoy día afortunadamente estamos viendo la entrada de nuevos partidos que abren el abanico de la representación ciudadana en la política. Se trata de un hecho positivo, que rompe los esquemas políticos tradicionales de nuestro país. Un verdadero progreso.

Dicho esto querido lector para hacer un llamamiento a la unidad, a la fraternidad y a la amplitud de miras, procedo a exponer lo que pienso.

En mi opinión uno de los desafíos que tenemos en Europa en general, y en España en particular, es una corriente de pensamiento relativista, amoral y destructiva. En las últimas décadas ha proliferado la corriente ideológica de que es necesario destruir nuestra herencia histórica, cultural y espiritual para progresar y ser libres. Es una ideología de emancipación, paradójicamente de lo que somos, como si la propia identidad de nuestra sociedad supusiera un impedimento para la libertad. Además, se han eliminado los valores del bien, la verdad y la belleza, sufriendo las consecuencias que esto conlleva. En nuestros días el arte es cualquier cosa, y si se trata de representaciones grotescas o explícitamente sexuales, están bien vistas, son progresistas y liberales. Y da igual las sensibilidades que se hieren. En nuestros días la vida pierde valor, no tiene un valor supremo, se desacraliza. Y en vez de reconocerla como un regalo que debemos respetar de principio a fin, se ve como algo sobre lo que debemos decidir en el ejercicio de nuestra libertad. Aborto en su comienzo, eutanasia y suicidio asistido en su fin. Creando así no una cultura de la vida y de inclusión, sino de la muerte y de descarte. El egoísmo y la frivolidad ganan, nuestra sociedad enferma. En nuestros días se promueve un ambiente hipersexual. Para nuestros jóvenes y adolescentes la pornografía es cotidiana, y a nuestros niños se les enseña la masturbación en el colegio, y que pueden cambiar de sexo. Inocencia y conciencia son violadas, en aras de la igualdad y la lucha contra la discriminación. ¿Y quién puede decir que eso está mal? Porque hoy día afirmar categóricamente que algo es bueno o malo es casi imposible. Carecemos de líderes ejemplares que reflejen respeto, buena educación y verdad. Las personas influyentes de nuestra sociedad en el ámbito político y de la comunicación se hacen denotar por sus faltas de respeto y sus mentiras. Y cuanto más polémicos son, mejor. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Y esta es la tendencia, no hay ni bien ni mal porque no hay moral. Ni hay verdad ni mentira, porque todo es relativo.

En este antipático contexto, vivimos también una auténtica manipulación del lenguaje. Todo lo que no case con lo políticamente correcto e ideológicamente establecido recibe el sufijo de -fobia, desacreditando y pronto criminalizando al que piensa diferente. Pues el aparato legislativo se encuentra cada vez más a merced de esta corriente ideológica, convirtiéndose en política de estado que no da margen alguno de disconformidad y tiende a situar en la ilegalidad al que piensa diferente. Con estos calificativos se delimitan los muros que marcan el camino por donde el rebaño debe discurrir, con el pensamiento homogeneizado y sin la libertad de pensar libremente y expresar lo que se piensa. Nos usurpan la democracia, no la institucional, sino la de los valores constitucionales y la libertad de pensamiento y de expresión. Divididos, sin cultura española identitaria, sin valores democristianos y con esta desertización moral tan progresista y liberal que nos caracteriza llevamos a cabo una autodestrucción, y damos pie a otro problema, la colonización por parte de la civilización musulmana. Una civilización cuya cultura y religión lejos están de reconocer la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Ante esta compleja y multifactorial problemática, ciudadanos de a pie nos hemos organizado en un partido político que defiende la vida. Que no quiere una sociedad de descarte y no acepta el aborto, la eutanasia y el suicido asistido. Queremos trabajar en las instituciones de forma ejemplar y responsable, eliminando la burocracia sin sentido y el derroche de dinero público. Defendemos nuestra cultura y nuestros principios como sociedad española, occidental y civilizada, que respeta su constitución y su bandera. Queremos políticas económicas justas y políticas de inmigración sostenibles y responsables, que garanticen en primer lugar el bienestar y futuro de nuestro país. En definitiva, defender el marco de principios y valores que algunos intentan destruir, y que pese a nuestras diferencias, es el marco que nos permite convivir fraternalmente y vivir en paz.

Jorge de la Rosa del Toro

Médico. Candidato de VOX al Senado por la isla de La Palma.

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