La voz del lector

La necesaria repetición de elecciones presidenciales en Estados Unidos

Han transcurrido ya diez días desde las elecciones presidenciales en Estados Unidos y aún no se ha proclamado oficialmente un nuevo Presidente en dicho país.

Las sospechas de irregularidades se acrecientan a la vez que se constata el masivo descontrol que lleva aparejado el voto por correo.

Ha sido un proceso electoral muy irregular, protagonizado por unas encuestas completamente sesgadas, usadas más como un arma electoral contra Trump que como un instrumento de investigación de las tendencias del voto, así como por una violencia inaudita en las calles llevada a cabo por movimientos subversivos que gravitan en torno al Partido Demócrata, como los “Antifas” y el BLM (Black Lives Matter), que se han sistemáticamente dedicado a acosar y a agredir a los seguidores de Trump en todo momento y circunstancia que han podido.

Es también inaudito que el voto por correo, que es un voto fiduciario, no presencial, y por tanto objeto de posibles múltiples manipulaciones, haya sido promovido masivamente por el Partido Demócrata, bajo el manido argumento del Covid, especialmente en las jurisdicciones controladas por ellos a nivel estatal y municipal, hasta el punto de que la estadística de reparto entre las dos candidaturas en ese formato de voto haya sido tan descompensada como irracional.

Lo relativo a los votos de los muertos, así como a los inexistentes empadronamientos de sus votantes en los Estados donde han votado, aportan aún más suspicacias a la cuestión. Cuestiones relativas a la falta de cotejo de las firmas en los votos por correo, posibles manipulaciones informáticas, la admisión de votos emitidos con posterioridad al día de las elecciones y la institucionalización del captador demócrata de barrio para el voto por correo nos debe poner en sobrealerta. 

El Partido Demócrata se ha ganado históricamente el papel de “trampas” en las elecciones; lo llevan ya en el ADN, como amerita la elección presidencial que le hurtó Kennedy a Nixon en 1960 con el apoyo de la Mafia. Algo digno de una superproducción de Hollywood o de una serie para Netflix, si es que en estos ámbitos hubiera realmente pluralidad política y no pensamiento único progre.

Por otra parte, la falta de transparencia en el escrutinio, prohibiendo a los observadores republicanos observar el proceso de recuento de votos, sin razón que lo justifique, más allá que la excusa que los demócratas han utilizado sobre el Covid, es algo que también debe de sorprendernos. Ese mismo Covid contra el que no han luchado los Gobernadores y Alcaldes demócratas como es debido, por motivos meramente electorales, al objeto de que el deterioro de la salud pública fuera usado como arma arrojadiza contra el Presidente Trum, y frente al cual, ahora tras Baiden, parece que todos se van a unir de una forma ya más coherente y racional.

Nos hemos encontrado incluso con un Presidente electo, Jon Biden, que ha sido proclamado no mediante un procedimiento legal, sujeto al Estado de Derecho, sino mediante el “trust” monopolístico informativo de las principales cadenas de televisión, en un ejercicio de injerencia mediática electoral que avergonzaría a la misma China Comunista, cuyos vínculos con los hijos de Biden son más reales que aparentes. 

Esas mismas televisiones, que acosan al presidente Trump y a sus colaboradores en ruedas de prensa que son verdaderas encerronas, son los que hacen preguntas insustanciales al presunto Presidente Biden mientras cortan la señal cuando lo hace Trump, en un ejercicio de censura más propio de la antigua RDA.

Es normal en estas condiciones que el Presidente Trump se enroque, como lo ha hecho su Partido detrás de él, y sus millones de votantes, y que lleve a cabo todos los procedimientos legales que considere oportunos, hasta las últimas instancias, y no sólo porque es su derecho, como también lo es el no airear ahora las pruebas que puedan tener, hasta sacarlas en el momento procesal oportuno.

De nada van a servir los “fakenews” habituales, los falsos anuncios de divorcio en la pareja aún presidencial, la exhibición de las fotos de los perritos de los Biden … el electorado de Trump es el que no se va a doblegar por mucho que intenten violentarle o ridiculizarle.

La América profunda tiene lo que se llama el callo del trabajador esforzado que vive inmune a la inmundicia que le insulta y le acosa; ama a su Patria y ama a su Libertad y no van a permitir que las señales existentes de un Pucherazo más que probable se imponga a sus valores.

Llegados a este extremo, en mi opinión, no cabría más que en los procesos legales oportunos acreditar todas las irregularidades y llegados al caso de evidenciar su relevante magnitud a los efectos del resultado electoral, proceder a una repetición de las elecciones presidenciales en los Estados en disputa.

El Señor Biden, si realmente cree en la voluntad popular, no tendría que temer esta posibilidad; en verdad, partiría con la ventaja de que supera al señor Trump en el resto de Estados, pero sería ésta la única manera de restablecer la confianza y credibilidad en que el Presidente resultante tuviera tras de sí una limpieza total.

De lo contrario, Biden como Presidente nacería políticamente muerto, el electorado de Trump lo rechazaría visceralmente, la fractura política se incrementaría y las grandes cadenas de televisión peligrarían en su credibilidad y prestigio más de lo que ya han hecho en los últimos diez días.

No es el primer caso de repetición de elecciones por irregularidades en el voto por correo; tenemos el caso de Austria hacia cuatro años, en las elecciones presidenciales, donde se enfrentaron por segunda vez dos candidatos cuyos resultados no quedaron claros en la primera elección. 

Ganó quien ganó, y su Presidencia se ha llevado a cabo sin dudas ni divisiones internas. 

Esto es la verdadera Democracia. Que se disipen las dudas sobre el resultado electoral. Que cualquier victoria electoral sea completamente limpia e irreprochable.

 

Guillermo Rocafort

Analista Internacional

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