La voz del lector

Pastorelas o Pastoradas navideñas

El Coronavirus no ha sido óbice para la celebración de las tradicionales “Pastoradas” en algunos lugares, aunque tuvieran que reducir el número de actores. Por la Opinión de Zamora se supo que, en Benegiles (Zamora), la misa del 25 con su tradicional Pastorada se hizo en el espacioso salón multiusos Prieto, e incluso apareció el Rey Melchor.

El anuncio del Ángel a los Pastores ha inspirado escenificaciones o autos navideños populares que se han expandidos por nuestra geografía; en especial, en pueblos de Castilla y León, de Cataluña y Aragón; también, de Extremadura por influencia de la trashumancia.  

La noticia inmediata del nacimiento e Cristo a unos pastores que velaban sus ganados al raso, hace pensar. El Ángel del Señor les dijo: “Os anuncio una gran alegría, que lo es para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.  Lo encontraréis envuelto en pañales sobre un pesebre…” (para proteger a los corderillos y a sus madres, los pastores aguardaban la “pareira” al raso; de manera natural, ocurre en invierno).

Llama, la atención, el Niño Jesús sobre las pajas de un pesebre. Dios nos habla por símbolos: en la aparición e invitación a los pastores, se conocen los gustos de Dios, que se decanta por los sencillos y busca a los pecadores (los pastores, por allí, eran despreciados, no tenían buen nombre). El Dios Hecho Hombre, el Amo del Mundo, nace en extrema pobreza, y nos advierte del peligro del ansia de riquezas (“ ¡Qué difícil es que los ricos entren el Cielo”). El pesebre, en donde se coloca el pienso y come el ganado, puede considerarse como símbolo del altar, en donde se consagra el pan eucarístico para alimento del alma (“Quien come mi cuerpo tendrá vida eterna”). ¿Cómo comulgar? Con humildad y en gracia (limpieza de alma), con fervor y decoro, no como si se tratara de ir por una pasta, pues ¡ES DIOS! (un esfuerzo de memoria). Me admiraba mucho un sacerdote vallisoletano durante la Consagración. Se lo dije y me respondió: en el Seminario nos decían: “Tratadle bien, que es hijo de buena Madre”. Lope de Vega escribió: “Nació de una pura Virgen;/buscadle, pues sabéis dónde,/que en sus brazos le hallaréis/ envuelto en mantillas pobres” (Lope de Vega).

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