La voz del lector

La prensa libre en España requiere “guerreros en trincheras”

Televisión.
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A propósito de las declaraciones de Santiago Abascal, cuando se refiere a crear medios de comunicación plurales y sin control político, animando a la sociedad a promover una televisión nacional cultural, independiente y leal al ciudadano, he de escribir que con este cuerpo político, semejante pseudemocracia y nido de carroñeros de desechos sociales, jamás España va a disponer de libertad, prosperidad social ni Justicia ciega. El poder maneja y controla las concesiones de frecuencias radioeléctricas a través de Telecomunicaciones, un órgano que 'va al sol que más calienta', y normalmente la excepción se escora hacía quiénes maniobran desde el espectro político, en nuestro país y Europa.

No existe en toda España un medio de comunicación absolutamente independiente que proteja a la sociedad y cuente: Qué ocurre, por qué y quién, con absoluta libertad, sin intervención ajena o conexión con intereses espurios. Sí que destaco algunos, pero más que profesionales de la comunicación, prensa abierta y objetiva, puedo llamarles 'corresponsales de guerra en trincheras'. Están en el ojo del huracán constantemente, y si no son vapuleados y borrados de las ondas o de internet definitivamente, es solo por que les consideran voces de poco calado público, con respecto a la brutal capacidad de sus medios compinches, aunque en ocasiones le llaman 'al orden', si hacen mucho 'ruido'.

Ahora le han cortado nuevamente las alas a Radio Ya y al periódico digital El Correo de España. Es lo último, pero hay que añadir otros muchos, cómo a Javier Negre, un profesional que le obligan a irse a su casa y pedir clemencia, hoy sí y mañana también. Su casta de informador no se lo permite, pero disentir en España no está bien visto. Ellos sí, los políticos ningunean la sociedad con altavoces de gran potencia. Saben como aborregar, crear opinión distorsionada y ocultar, incluso, lo evidente. Adoctrinan y dirigen al ciudadano para conseguir el objetivo a través de sus medios. Eso sí, pagados por todos.

Se nos inflan los pulmones y el esófago, cuando creemos disfrutar de un Estado Democrático y de Derecho, libres y sin ataduras, con respeto al prójimo y principios de convivencia. Pero no es oxígeno, se trata de monóxido de carbono, aire viciado, contaminado e insuflado por políticos sin escrúpulos que han tomado al propietario de la Democracia, el Pueblo, cómo vasallos y servidores de la 'casta', mientras esta corporación, de politólogos al uso, se atribuyen a España cómo su exclusivo feudo cortijero machacando a la sociedad hasta la extenuación. 

No es necesaria la asesoría de Iván Redondo, y a lo sucedido me remito, solo es imprescindible el manejo mediático y la capacidad de compra. Ni siquiera sirve un programa político que avale las intenciones de poder, las ideas ni los hechos. Exclusivamente se precisa de las herramientas adecuadas para una ingeniería improvisada que adorne los discursos sectarios y que fácilmente se lo impregnan a la sociedad a fuego a través de las grandes cadenas. Unas subvencionadas, y otras adjudicadas en propiedad a la clase política. Son medios públicos amordazados, donde los profesionales decentes y libres no tienen cabida, mientras otros lame-salarios y come-langostinos se adaptan río abajo. Pero, muchos más prefieren la conciencia en paz y en casa, con bozal por no vender sus honradas voces, y prefieren callar antes de someterse a dictatoriales órdenes de quién solo aspira al poder infinito a costa del sufrimiento de los demás.

Es prácticamente imposible competir con las excelsas RTVE, Atresmedia y Mediaset. La primera dependiente del gobierno de turno, y las siguientes, redes dominantes en el espectro público, que con 'arrimar el ascua a su sardina' (dinero público) el mensaje va dirigido en la misma dirección y con el único propósito de tergiversar, persuadir y eludir la realidad más flagrante. El bombardeo continúo, en cualquier dirección, consigue mentalizar, deformar y crear opinión contraria a la verdad.

Siempre recordamos el manejo de poder de las multinacionales (e internacionales) mediáticas, las citadas y sus amplios monopolios, pero la red no termina ni empieza aquí. La mentalización y manipulación al ciudadano se inicia en las instituciones más cercanas. La mayoría de los ayuntamientos no mueven una idea si no cuentan con el soporte y apoyo de sus radios y medios escritos dirigidos por el concejal de turno y el asesor, o asesores, que manipulan el 'gabinete de prensa' correspondiente, al mejor estilo del barranquero Iván Redondo, ahora Óscar López. La cadena continúa en las radios y televisiones autonómicas, que hasta llegar a las nacionales, se trata del más y mejor adoctrinamiento partidista al ciudadano. 

El caos en España es descomunal. El cuarto poder se ha aliado con los tres primeros. El legislativo, el ejecutivo y el judicial, y ninguno de ellos, en nuestra Democracia Parlamentaria, deben interconectarse (salvo ocasiones puntuales). Sin embargo, la ambición política siempre está al acecho intentando dominar cualquier soporte que no controle, de ello depende el éxito o el fracaso en esta sociedad putrefacta y de delirio, siempre demoledora de los principios humanos y de un injusto reparto, desequilibrio y falta de respeto a la vida.

Es exponente de máxima libertad este medio que me permite decir lo que digo para recrear algunas experiencias, no supuestas, sino vividas en primera persona, junto a una legión de, entonces, aspirantes a comunicadores. Aunque no sé hasta donde comprometo a esta, mi leal plataforma, si me considero protagonista de acontecimientos fehacientes, que tienen nombres y apellidos, argumentos contrastados y ejemplos de lo narrado. Los medios de comunicación institucionalizados son idílicos acicates partidistas que van de unos a otros con la clara idea de permanecer en el poder a base de realizar un trabajo contrario a la utilidad de la prensa y a los periodistas libres.

 

La labor del comunicador social, intermediario entre el poder y la ciudadanía, es denunciar públicamente las tropelías que protagonizan muchos de los gobernantes, ser vigías y defender la justicia, a favor de la población, donde recae la Soberanía. El cuarto poder es la prensa y el primero la población. De ninguna manera el poder político puede erigirse en juez y parte, anulando el libre pensamiento, la voz crítica y la opinión del disidente. 

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