La voz del lector

Una radio como regalo de comuniones

Radio.
photo_camera Radio.

Por si otros abuelos están pensando qué regalar a sus nietos por su comunión, les sugiero una sencilla radio convencional: de pequeñas medidas y peso, de estructura fuerte, con enchufe y pilas, por si los chicos la quieren oír en el campo o en la playa; de no mucho más de 20€ y con garantía. Es más barata que los móviles, las tablets y las plays. Y aunque también estos pueden tener la función de radio, la convencional no necesita internet y por lo general, las ondas de radio llegan hasta cualquier rincón.

Consideremos qué aporta un relato, o cualquier comunicación verbal, de alguien que habla a otro (locutor o locutora; oyente, o la oyente) que no vaya acompañada de imágenes como en la tv o en los videojuegos. Particularmente en el caso de los niños, puede implicar un cierto esfuerzo mental: una gimnasia para las neuronas encargadas de dar sentido a lo que se oye. Pudiera ocurrir que su vocabulario no fuera lo suficiente variado y extenso todavía; hablamos del coloquial: el de casa, el de los amigos y de las amigas, el de la escuela…

Quizás, el bombardeo de imágenes a los que están sometidas las nuevas generaciones les haya mermado la comprensión oral. No sólo a los infantes, sino a los veinteañeros también, ¿y a sus padres? Si se pierde el dictado y la lectura en la escuela, se pierde la oportunidad de enriquecer y construir sus vocabularios. Y si, las nuevas generaciones de los enseñantes no son obligados a tales prácticas, su propio lenguaje se empobrecerá. Nos encontramos con una paradoja en los métodos de enseñanza actuales: los audiovisuales facilitan la comprensión “tridimensional” de forma más rápida, que si nos limitamos a las palabras solas. Este último es más lento, pero a la larga dará más rapidez en la lectura y la escritura. Y, sin llegar a un lenguaje poético, quizás les haga conversadores más atractivos a sus tertulianos. (¡Atención a esas tertulias de “pacotilla” que proliferan en los medios, que envilecen el lenguaje más que “darle brillo”!)

Es el viejo dilema de los exámenes orales vs los multi-tests. No apelo a: “tiempos pasados fueron mejores”, o, a la nostalgia de aquellos profesores de primaria o secundaria que nos hablaban de Ud. Ni a que los norteamericanos nos sorprendieron con el leguaje de sus aulas al ir “al grano”, en vez del formalismo europeo. Sino a lo qué es más favorable para nuestras neuronas y para nuestro bolsillo: cuanto más amplio y riguroso es nuestro vocabulario, con más eficacia y eficiencia nos movemos en la vida. Permítaseme la broma, ¿han pensado si el lenguaje que usemos nos serviría para evitar la multa en el tete-a-tete con el policía? ¿O, si fuera poético, en la emocionante conquista amorosa, aún sin métrica gongorina…?

La radio convencional es una buena compañía para nuestros nietos. Pero alguien tiene que enseñarles para qué sirve, y por qué es más sencilla y barata que un móvil, aunque tengan la función de radio. No les hablaremos de las reflexiones sobre el lenguaje que preceden. Jugaremos con ellos a oír los programas de las distintas emisoras, comentando a su nivel, lo qué dicen unos y otros. Cuando algo les guste, hay que dejarles la libertad de escuchar y que apunten la longitud de onda en la que están: primero, tendrán que oír algo que les guste y que les llame su atención y después (¡si hay suerte!), nos vendrán a preguntar, “abuelo, abuela ¿qué significa esto o aquello…?”

Como creo que serán los “mayores” los que leerán este artículo, no aportaría más si sugiero cuales emisoras y programas escuchar. En esto, los abuelos tenemos que “arriesgar” el consejo. Seguro que todos estamos pesando en éste o aquél, pero una vez que se los mostremos debemos tener la paciencia de dejar que ellos decidan. En contraste con el aparente dominio de lo audiovisual, la radio no se extingue, y hoy día hay locutores extraordinarios, que nos transportan, oyéndolos, a la infinita gama de conocimientos y emociones. (¿Recuerdan la que armó Orson Welles en 1938, relatando por radio “la guerra de los mundos”? —merece la pena que lo consulten y compartan con sus nietos el poder de la palabra en bocas de hábiles conversadores--). Serán los chicos los que tienen que desarrollar la habilidad de escuchar y separar el “trigo de la paja”, para su bien futuro. ¿Se acuerdan cuándo en todos los hogares y familias prácticamente de todo el mundo, una radio era el “centro de la casa”, por donde entraban los cuentos de hadas, los partidos de fútbol, y los eventos importantes a cualquier hora del día y de la noche? No menos importante en la actualidad: ¡es la amiga de tantas personas que viven solas, no importa si tienen o no tv!

También podríamos hablar de la música a través de la radio, pero eso será otro “cantar” (¡y no menor!).

 

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