La voz del lector

Roy Campbell, poeta y hombre de acción

Roy Campbell en Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial. Finales de la década de 1940.
photo_cameraRoy Campbell en Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial. Finales de la década de 1940.

Roy Campbell está vivo. Su poesía y el anecdotario de su vida han resucitado tras unas recientes declaraciones de Viggo Mortensen, el afamado actor que interpretó a Aragorn en la película de "El Señor de los Anillos".

En las últimas semanas, hemos podido constatar que el poeta zulú, sudafricano de origen y español de corazón, ha saltado a la palestra y, casi de puntillas, se ha colado en artículos tan dispares aludiendo al gran J.R.R. Tolkien, sus cartas autobiográficas, la saga cinematográfica de Peter Jackson, el precipitado adiós del madridista Gareth Bale o la referencia a algún pujante partido político del panorama patrio. De todo ha habido.

Diversidad en estado puro, como la que vivió el polifacético Roy en tantos y tan diferentes lugares a los que le llevó el caprichoso destino hasta que, el 23 de abril de 1957, le deparó un cruel e inesperado final con la afilada guadaña de la muerte oculta tras un árbol en las inmediaciones de la ciudad portuguesa de Setúbal. Desgraciadamente, el pinchazo de una de las ruedas del coche en el que viajaba de copiloto truncó sus deseos de, ¡por fin!, instalarse en su casa da serra junto al Océano Atlántico.

Pero esa alusión al heredero al trono de Gondor o su papel cultural y racialmente inclusivo en la trilogía de Tolkien son meros productos de la inagotable fábrica de ficción de un Tolkien experto en crear personajes, gestar historias o inventar lenguas muy alejadas de la mente racional de cualquier mortal. La excelencia del también escritor sudafricano y su original narrativa han sido santo y seña de la literatura de ficción del último siglo, un filón para mentes ávidas de explorar mundos y tierras apartadas de la realidad que nos rodea, una excusa para poner en práctica ese "escapismo" que alimentó sus deseos de evasión en las cruentas trincheras de la Batalla del Somme durante la Primera Guerra Mundial, fuente de inspiración de los dantescos escenarios de su obra maestra. Allí, su destino en el regimiento de los Lancashire Fusiliers le serviría de embrión para el alegórico propósito de su fantasía heroica.

Tolkien de teniente en la Primera Guerra Mundial.

Su presencia en aquellos combates se traduciría en el reflejo de mundos extraordinariamente salvajes y hostiles que, décadas más tarde, pasarían a ser legado de la literatura universal. La interpretación de Viggo Mortensen, los emblemáticos personajes de Aragorn y Frodo, los orcos de Mordor o el desagradable Gollum fueron el resultado de una mente privilegiada, cultivada años atrás en sus estudios filológicos en Oxford e incentivada por una desmesurada pasión por la lexicografía y la mitología nórdica. De ahí, el resultado sin parangón de su pura y dura ficción.

Sin embargo, Roy Campbell no sólo se dedicó al incisivo y magistral manejo de la sátira, a la acertada traducción al inglés de autores de otras lenguas o la exhibición de músculo poético en sus versos. También, fue un hombre de acción y, así, lo demostró con su presencia testimonial o como principal protagonista en, tal vez, tres de los acontecimientos más relevantes del siglo XX: las dos guerras mundiales y la Guerra Civil Española. ¿Alguien da más?

De una u otra manera, en todas estuvo o, al menos, lo intentó a pesar de ser un adolescente de sólo 15 años en su fallido intento de alistarse a la South African Infantry en 1916 durante el primer conflicto bélico mundial; un sudafricano voluntario ante Merry del Val, jefe de Propaganda y Prensa del bando nacional en junio de 1937, o el primer británico a la hora de personarse en el consulado de Madrid el 4 de septiembre de 1939 tras la declaración de guerra de Inglaterra a Alemania del día anterior. Eso se llama actitud, eso es acción de la buena y, sobre todo, compromiso y disposición a luchar por una causa, unos ideales o los valores que, en un momento determinado, creyó correcto defender.

Roy Campbell de sargento del ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial en la década de 1940.

De esta forma, el poeta se convirtió en uno de esos hombres curtidos en mil batallas, de las de verdad, en el sargento Campbell desde febrero de 1943 cuando, encuadrado en el regimiento de los King's African Rifles, fue destinado a Kenia un mes más tarde, el 24 de marzo, como censor militar y observador en una unidad del ejército británico. Tras varios meses en el África oriental, contrajo malaria que, en brotes puntuales, le acompañaría el resto de su vida. Esta enfermedad y la progresiva merma física por una lesión de cadera en la década de 1920 iban a convertirse en aliados del dolor que, por desgracia, no le abandonaría hasta aquel trágico y significado día de San Jorge mientras regresaba de disfrutar de la Semana Santa sevillana.

Y, seguramente, fue el dolor o las ganas de ahogar sus penas en alcohol lo que le llevó al casual encuentro con los Inklings, con Tolkien a la cabeza, el 6 de octubre de 1944. Las circunstancias personales del poeta, con su hija Tess recién ingresada en un pabellón psiquiátrico del Guy's Hospital y su definitiva licencia del ejército por enfermedad el 24 de septiembre, invitaban a una cerveza en el The Eagle and Child, territorio franco para las tertulias etílico-literarias del grupo de marras. 

Con la Segunda Guerra Mundial en pleno apogeo, el inicio del nuevo curso universitario se había pospuesto ante la sorpresa de los allí presentes, C.S. Lewis incluido. Pero fue mucho mayor e inesperado el impacto de un hombretón alto, demacrado, de ojos claros y brillantes que, sentado a una mesa con traje caqui y sombrero de ala ancha, no perdía detalle de la conversación sobre el poeta William Wordsworth. Se trataba del tal Roy Campbell, cuyo aspecto físico y pose provocaron que Tolkien se acordase del personaje de Trotter, luego Aragorn, y disparase su mente elucubrando historias tras la atenta escucha de las aventuras narradas por el invitado de acento sudafricano, común a ambos autores debido a su nacimiento en Bloemfontein y Durban, respectivamente.

Roy Campbell en Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial. Finales de la década de 1940.

La botella de oporto sobre la mesa se convirtió en testigo de excepción de los recuerdos coloniales de dos compatriotas que recordaban su atípica niñez en el África meridional; la confluencia de los dos océanos, el Atlántico y el Índico; las increíbles aventuras de un trotamundos acostumbrado a múltiples exilios literarios, económicos o judiciales y, por último, la digresión literaria del nómada y converso Roy Campbell, cuyas vivencias iluminaron el camino lleno de vicisitudes e inconvenientes de Aragorn. 

La cruda realidad se había tornado en ficción gracias al original toque mágico de Tolkien y su inventiva. Las peripecias de un auténtico all-rounder como Roy Campbell, no exentas de riesgo y de jugarse el tipo en multitud de ocasiones, seguramente contribuyeron a forjar el sinuoso recorrido de Aragorn en la mundialmente conocida saga literaria.

Aragorn (Viggo Mortensen) en

Tal vez, si Viggo Mortensen hubiese sido conocedor de aquella fortuita conversación de los Inklings, el espíritu de Roy Campbell podría haberle acompañado en el personaje de William S. Burroughs en ese viaje de destrucción de la generación beat en el clásico On the Road. Tal vez, si el actor neoyorquino hubiese sufrido los avatares de Roy Campbell en su nomadismo por Argentina, Venezuela o los Estados Unidos, podría haber comprendido propósitos profundamente trascendentales en la obra de Tolkien que van mucho más allá de la ficción. Tal vez, si el Aragorn ficticio de la pantalla hubiese tenido la responsabilidad y compromiso de Roy Campbell con el país que salvó su alma a través de la fe católica, habría sido fiel a los valores y costumbres de nuestra nación para, de este modo, haber evitado recientes adhesiones a asociaciones independentistas catalanas que han puesto en jaque los principios constitucionales del país en el que reside, España.

Tumba de Roy Campbell en Cementerio de São Pedro.ge_3

Emilio Domínguez

Doctor Europeus en Humanidades

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