La voz del lector

Con todo respeto, Majestad

Mujer vacunándose
photo_camera Mujer vacunándose

Con mi mayor respeto y admiración a su persona e Institución que representa, tengo que rebatirle parte del sentido de sus palabras, desde mi perspectiva de médico jubilado: “con el tiempo será la vacuna y no el virus la que señale el comienzo de una nueva era (sic, ABC, 26/05/2021).

Cierto es que la innovación tecnológica y la dedicación de tantas mentes brillantes, traerá y ha traído bondades y progreso para nuestro mundo. Sin embargo, no es del todo un axioma. Ya sé que sus palabras admiten matices y que no es una aseveración absoluta. Y, por supuesto, todos sabemos que no es el talante de su regia persona.

Amparado en su benevolencia y comprensión, sus palabras me han animado a resumir y conjuntar otras formas de hacer frente a la pandemia Covid-19, y a otras pandemias que nos pueden llegar. Casualmente, un estupendo documental mostrado en TV2 este misma noche, nos ha mostrado cuánto de lo mismo nos ha pasado y está pasando como con la gripe del 18. La diferencia es, que la mortalidad, morbilidad y calamidades, hasta ahora han sido considerablemente menores. Esto, sí que ha sido debido al progreso e innovaciones tecnológicas desde entonces ahora. El arsenal farmacológico, las instalaciones sanitarias, el personal sanitario y la provisión de la vigilante salud pública, han contenido la pandemia antes de que nos llegara la vacuna.

De aquella pandemia aprendimos muchas de las medidas que se han aplicado en ésta: aislamiento social, mascarillas y medidas higiénicas, que han conseguido máximo beneficio, también, antes de la vacuna. Así que, hay muchas otras medidas que pueden protegernos antes de jugarnos todo a las vacunas; claro, sin dejar de investigar, producirlas, administrarlas; y no olvidarnos que estamos todavía en la fase IV de una vacunación: fase de observación de los efectos positivos y negativos en grandes masas de población. No en muestras limitadas de población como era en fases anteriores.

El mismo programa de TV2 ha continuado con otro explorando las “bases científicas” del fenómeno. Y, como yo mismo me he venido percatando desde el inicio de la pandemia, la investigación no se ha centrado sólo sobre la constitución génica y proteica del coronavirus C-19. Ni si es “arma biológica de Trump”, ni si “escape accidental”, etc... Pero sí sometida a un rigurosísimo rastreo, en el que además de la OMS, participan excelentes virólogos y científicos, ¡incluidos chinos!

Tampoco, son el pangolín y el murciélago, aún pudiendo ser portadores de otros virus afines al que buscamos, la diana más clave de la investigación. Lo que sí ha resultado ser una observación  fundamental es poner en evidencia lo que estaba a la vista de todos: que el mercado de animales salvajes y domésticos vivos era una masa ingente de potencial contagio a humanos.(El virus necesita células animales vivas para reproducirse y ser fuente de contagio)

He aquí la primera medida preventiva frente al contagio del virus, antes de echar mano de la vacuna como solución: evitar la masificación de animales cerca de los humanos, no sólo en el mercado de Wuhan, sino en las explotaciones agropecuarias  ¿Qué más podemos hacer si las vacunas no cumplieran todas sus expectativas? Pues medidas que ponen en entredicho lo que llamamos “progreso” para las comunidades humanas.

La brutal batida que se está dando a la biosfera, es decir a todo lo vivo sobre el planeta Tierra, está rompiendo los equilibrios de supervivencia de las especies. Finalmente, el hombre ha perdido sus barreras naturales de protección. No quiero decir que revirtiendo el equilibrio de los ecosistemas no tendremos enfermedades infecciosas, pero sí menos virulentas. Nuestros sistemas inmunes tienen que exponerse de forma gradual a las “vacunas de la Naturaleza”, entre las que habrá virus y otros muchos agentes. Y no soportar di novo grandes cargas virales que provienen de los humanos que nos rodean. Tampoco, el tipo de alimentos de superproducción aportan oligoelementos y vitaminas bien equilibrados para nuestro sistema inmune.

Observen como las urbes les han comido el terreno a los campos y cultivos. Si fueran selva, los animales salvajes se meterían en nuestras casas, ¡con sus virus! (perdón, sólo es una imagen literaria para llamar la atención). Nuestros mares y océanos están llenos de polución que perjudican la salubridad del pescado que comemos. Y si de piscifactoría, nutridos con “piensos” que no son naturales. Pero no sólo son los pescados que comemos lo que nos debe importar, sino toda la vida marina, puesto que ella también regula la de fuera del agua.

 

Majestad, sí que hemos ganado en velocidad en los medios de transporte gracias a la investigación y progreso industrial. Pero, también, el virus nos llega muy rápidamente de cualquier parte del mundo en portadores humanos.

Solicito su perdón, Majestad, por haber aprovechado sus bienintencionadas palabras difundidas por la prensa, en una muy meritoria Fundación de promoción de la Investigación y Desarrollo, para darle otra perspectiva al tema de la Vacuna o Vacunas, sin olvidar los millones de vidas que han salvado. Con respecto a nuestro planeta como le he expuesto, podríamos aplicar el “primum non nocere” atribuido a Hipócrates, como la mejor defensa de nuestros potenciales enfermos.

Muy respetuosamente, Majestad

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