La voz del lector

Las vacunas que no inmunizan, pero aspiran a la inmunización de rebaño

Vacuna.
photo_camera Vacuna.

Si la industria del medicamento no se responsabiliza del producto que vende, y no asume su obligación de reparar y satisfacer posibles perjuicios para la salud, ¿Quién lo hace?. Es solo una contradicción de los múltiples disparates y absurdos que se aprecian alrededor de la vergüenza emocional de esta pandemia.

Ser negacionista es negarse y ser idiota es sentirse gilipollas. Son dimensiones diametralmente opuestas que se tocan en sus extremos. Es lo que ocurre en tanto asunto contradictorio respecto a la vacuna y todo lo que ello conlleva entorno al virus. Leyes, normas, estados de alarmas ilegales, restricciones, toques de queda y cierres perimetrales. El horror y el pánico en calles vacías y negocios cerrados. La primera, quinta y probable sexta ola, que derivan de una sola: La pandemia más accidentada.

La vacuna española se pone en marcha, las demás depuran riesgos

El desconcierto y falta de coordinación es mayúsculo. Se necesita información y, sobre todo, contundencia científica y experiencia de laboratorios, que no llegarán sin el paso del tiempo. Entre estas espectativas, comienzan los ensayos próximamente en humanos de la vacuna española en Cataluña (Gerona), cuando los más rápidos aún necesitan depurar riesgos y efectividad. Pero, ¿Quién se responsabiliza de las víctimas que deja este tránsito? 

Los laboratorios siguen produciendo la vacuna anti-Covid, al ciudadano se le lanzan campañas de concienciación y los sanitarios continúan vacunando a la población. El riesgo, dicen, es mínimo con respecto al beneficio, aunque una persona vacunada puede seguir contagiándose y contagiar la enfermedad. Además, de no conocerse si sirve para las diferentes mutaciones del coronavirus SARS-CoV-2 que produce la Covid-19.

La OMS se lava las manos 

Los fabricantes de las vacunas obligan a sus clientes (los gobiernos) a adquirir estos viales firmando un documento legal donde dejan claro 'no  ser responsables de causas adversas' a la intención del medicamento. Este gesto no ofrece la máxima credibilidad y confianza, imprescindibles para la utilización y seguridad humana. Es evidente que el ciudadano desconfíe de un producto que ni el propio fabricante da crédito.

Siguiendo el rastro de oposición inexplicable, la máxima institución y autoridad en salud, la OMS, igualmente 'se lava las manos', aunque presiona constantemente para la inaculación pública de estos viales. La organización europea del medicamento (EMA) vigila, e incluso, ofrece garantías respecto a la evolución científica. Sin embargo, frente a los efectos secundarios espontáneos que pueda producir las vacunas al paciente, también escapa a su responsabilidad.

La U.E. supervisa, pero tampoco asegura

Esta Agencia Europea del Medicamento supervisa y hace seguimientos de los medicamentos de uso humano y veterinario, pero no tiene 'ventanilla de reclamación' ante errores de canalización, a pesar de contar con 897 personas dedicadas a esta función.

De vuelta a nuestro país, nos encontramos con la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), adscrita al Ministerio de Sanidad. Su labor es la misma que la de la Agencia Europea, convirtiéndose en un filtro más dentro del escalafón de corporaciones dedicadas a la supervisión y evolución científica del medicamento. Sin ir más allá en el capítulo de fiabilidad.

Sin inmunizar, inmuniza

Sin embargo, aún se continúa diciendo que es mucho más efectiva la vacuna que los daños, y causas de muertes que producen estos inyectables. Es decir, se 'sortea' y depende de la fortuna, que no te toque a ti la cara amarga del sistema y unas experiencias que, sin inmunizar con garantías, aspira a la 'inmunidad de rebaño'.

 

La corporación médica-sanitaria, y los Colegios del gremio, no podrían dejar de ser protagonistas en esta pandemia, que si no se tratara de una catástrofe humana lamentable, podría definirse jocosamente como; 'sí es no, no es sí, y no se sabe lo que se sabe'. Resulta que todo graduado en medicina se somete al 'juramento hipocrático'. Un compromiso donde se revela la imprescindible y exclusiva presencia del paciente frente al médico para ser tratado. En la pandemia ya lo prometido se olvida. Una más; Asimismo cualquier medicamento o tratamiento debe ser recetado bajo prescripción médica, pero para inocularse la experimental vacuna, todos en colas y sin tener en cuenta alergias, enfermedades contradictorias y patologías adversas. No hay tiempo y todo vale. Nadie se compromete. 

El criterio definitivo: El político y el Judicial

Al final nos encontramos con los poderes políticos y los jueces. No son pocos los casos donde la Justicia tiene que intervenir para evitar lo inevitable: dañar los derechos fundamentales del ciudadano a cargo de los propios  representantes públicos; los políticos. ¿Habrá contradicción mayor?. Esto significa que quienes deben protegerte pueden atentar contra tus propios intereses.

Los políticos en la gestión de la pandemia, siempre acercando sus actitudes a las particulares siglas, con visión de votos y ambición de protagonismo. Sánchez y sus 22 ministerios, incluido el Sanitario, han contribuido al desastre, siguen imbuidos en la ineptitud y, por supuesto, sin cargos de conciencia ni reproches o autocriticas. Al revés, buscan el pódium y las medallas, con desprecio y ninguneo a la salud pública, a pesar de ser el equipo de Gobierno el máximo responsable, y no el probable 'comité de expertos', ya que la interpretación definitiva es de los políticos. Su contradicción: El poder a cualquier precio. 

España ha realizado más de 61 millones de pruebas diagnósticas de COVID-19

Comentarios
Somos ECD
¿Quieres ser protagonista del Confidencial Digital?