La voz del lector

Viva el centro

Urna electoral.
photo_cameraUrna electoral.

Durante años desde la Constitución de 1978 en España se funcionó con un sistema bipartidista imperfecto que por regla general acababa necesitando de los nacionalistas, vascos o catalanes, para conformar gobierno. Hubo algunas mayorías absolutas, pero otras veces los nacionalistas prestaron gustosos su voto a cambio de vastos beneficios económicos y concesiones de todo tipo.

Hace años esto a casi nadie le asombraba. En España había dinero de sobra para satisfacer a los nacionalistas, asegurar gobiernos y cerrar presupuestos. Hace años parecía que a la ciudadanía le daba prácticamente lo mismo porque el chorro del dinero no tenía fin y el juego podía seguir. Mientras los nacionalistas iban estirando cada vez más la cuerda. Hace años de todo eso.

Sin embargo, a día de hoy tras la crisis económica de 2008 y la que se avecina nuevamente para 2020, todos somos conscientes de que el dinero público (que por cierto sale de nuestros bolsillos) tiene un recorrido que parece cada vez más corto. Entre otras cosas, esto ha llevado a los nacionalistas catalanes a dejar de ser tan “pacíficos” como antes, por lo que resulta casi imposible presentarlos como un socio de gobierno aseado y homologado para los aspirantes a Moncloa; mientras en el País Vasco, por el momento, siguen “colaborando” en Madrid a cambio de ingentes partidas económicas, rompiendo ya el principio constitucional de solidaridad entre  los ciudadanos y las comunidades, a la espera de ver qué derroteros toma el dichoso “procés” de Cataluña.

Vistas así las cosas, así como los resultados de las elecciones que se repiten una y otra vez sin un proyecto que dé garantías, parece difícil que vaya a haber un gobierno estable. Es por eso que ahora más que nunca se precisa de un partido que ocupe la centralidad del mapa político. Ser un partido de centro, a mi parecer, exige tener la suficiente cintura como para bascular ligeramente cuando sea necesario a la derecha o a la izquierda, ya que el hecho de estar en el centro te hace colindar con unos y otros constantemente. Además esto va a exigir una constante labor pedagógica con la ciudadanía, especialmente en nuestro país tan dados siempre a los virajes bruscos y al dicho de “al enemigo ni agua”. Necesitamos un partido de centro que garantice la estabilidad del gobierno de la nación, y que tenga siempre una visión generosa de la política. Siendo conscientes de que ese espacio de centro tiene unos contornos líquidos que varían en función de la época y de la coyuntura económico-política. Aceptando de antemano que su apoyo social será voluble, pero que su labor será esencial.

Siempre será necesario alguien ubicado en el centro, con capacidad de interlocución, de cambiar de socio y suavizar así los tics ideológicos que periódicamente sacuden a izquierda y derecha cuando están en el poder.

Asimismo hará falta un partido de centro que no se deje cegar por la mercadotecnia, ni guiarse a base de encuestas y/o estados de opinión. En definitiva hace falta un partido de centro con personalidad suficiente para seguir siéndolo incluso cuando parezca que la sociedad no lo reclama. Precisamente ahí es cuando habrá que demostrar esa capacidad de aprendizaje y escucha para seguir mostrándose necesarios y útiles en el marco político.

Sin embargo, esto no es un deseo para el futuro, es una necesidad para nuestro presente inmediato. Ahora más que nunca hace falta un partido de centro que sirva de puente entre esos dos bloques cada vez más polarizados por las circunstancias y la falta de escucha y empatía de sus líderes. Es necesario un centro que funcione como elemento estabilizador para un gobierno a corto plazo, y como eje de gravitación para políticas comunes a medio y largo plazo. Plazos estos últimos que hace tiempo a algunos hasta se les ha olvidado conjugar.

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