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Otra ‘memoria histórica’. El desaparecido diario España, de Tánger, presentado como un pionero de la transición periodística

Se ha celebrado en Madrid un homenaje al desaparecido diario España, de Tánger, y a la larga lista de periodistas destacados que trabajaron en el diario que fundó Gregorio Corrochano, en octubre de 1938, por iniciativa del Alto Comisariado en Marruecos, general Juan Beigbeder.

El acto se desarrolló en la Asociación de la Prensa, y fue una forma diferente de recuperar la memoria histórica, sin abrir fosas ni herir la sensibilidad de nadie, puesto que en aquella redacción coincidieron personas de las más diversas ideologías.

Allí trabajaron, con más o menos intensidad, desde uno de los grandes discípulos de Ortega y Gasset, Fernando García Vela, hasta Tomás Borrás, Eduardo Teus o Alfredo Marqueríe, pasando por los que fueron sus cinco directores, Corrochano, Juan Estelrich, Manuel Cerezales, Eduardo Haro y, por último, el más joven, Manuel Cruz.

Junto a ellos, en distintas épocas, Samuel Cohen, José Luis Navarro, Juan Antonio Cabezas, Vega Pico, Alonso Zamora Vicente, José Luis Moreno, Juan Bellveser, Patricio de Pereda, José Grondona, Manuel Cantarero del Castillo, Arturo Tavío, José García Pastor, Luis Grajales, Manolo Salvador Morales, Carlos Sampelayo, Antonio Colón y Renato Piñero.

El homenaje es fruto de la investigación realizada por Juan Manuel Menéndez, refundador de la Agencia Febus, que hace un año se propuso reivindicar la figura de su abuelo, el periodista Jaime Menéndez, último director del diario El Sol durante la República y que recaló en Tánger como exiliado, incorporándose al ‘franquista’ diario España como redactor jefe.

Se ha preparado también un documental que fue proyectado en Tánger el pasado fin de semana con asistencia, entre otros de Fernando Sánchez Dragó que se confesó lector asiduo del España, cerrado hace ya 37 años.

El último director del periódico, Manuel Cruz, manifestó que el diario no habría desaparecido de no ser por el afán del nacionalismo marroquí de acabar con la presencia de la prensa francesa que se editaba en Casablanca, como Le Petit Marocain, que había sido el paladín del colonialismo francés. La campaña alcanzó al diario español porque, en definitiva, era otro periódico extranjero con el cual no se podía hacer excepción.

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